La memoria del tiempo

Los recuerdos del porvenir es una novela que forma parte del movimiento de ruptura con la novelística contemporánea y la historia política mexicana. Elena Garro logró volver lúdico el acto de narrar, de rescatar el vitalismo de la lengua

POR Gabriel Ríos

 Los recuerdos del porvenir es una novela que forma parte del movimiento de ruptura con la novelística contemporánea y la historia política mexicana. Elena Garro logró volver lúdico el acto de narrar, de rescatar el vitalismo de la lengua

(milenio.com)

Un análisis de Los recuerdos del porvenir de Elena Garro es de quien destaca el discurso social y literario que sucede en el pueblo imaginario de Ixtepec, donde sus pobladores viven en la ignorancia y el retraso, en una especie de minoría de edad que los hechos revolucionarios no han hecho más que profundizar, porque la historiografía que domina en México, es elaborada –como siempre— desde las alturas del poder y de manera selectiva.

El propósito de Elena Garro fue, entonces, además de rendir un homenaje a Iguala, su tierra, su infancia y aquellas personas que tanto quiso, hacer figurar actos intrascendentes de los vencidos y marginados: indios, mujeres, locos y aristócratas.

En la obra mencionada, Garro poetizó lo prosaico, lo insignificante y cacofónico, sublimó ciertos personajes y actitudes, e intentó difundir mitos nuevos, alternativos, o al revés, despoetizó, mostrando lo cómico y grotesco: en suma, problematizó la época posrevolucionaria, desde una postura de belleza lírica.

Los recuerdos del porvenir es una novela que forma parte del movimiento de ruptura con la novelística contemporánea y la historia política mexicana. Elena Garro logró volver lúdico el acto de narrar, de rescatar el vitalismo de la lengua, pues sublimó la vuelta a los orígenes, donde la violencia genera cambios profundos.

La revolución zapatista y la lucha cristera aparecen en la novela como dos momentos de una misma realidad, en secuencia temporal, sólo interrumpida por la traición, convirtiéndose así en la experiencia de los pobladores, en su autoafirmación contra el autoritarismo del poder del gobierno central.

Milenarismo y mesianismo predominan a lo largo de la novela: ansiedad, miedo que se vive en una transición previa a la llegada del Juicio Final y el reino de Dios, en todo caso de Abacuc, la prolongación luminosa de Zapata.

Abacuc puede ser localizado en la Biblia y resulta sin duda impresionante la relación tan profunda que existe entre el profeta, el caudillo de la historia y el héroe local.

¿Los recuerdos del porvenir es la microhistoria de los vencidos, como se aprecia en la crónica de San José de Gracia de Luis González y González? Es un hecho que la novela toca algunos aspectos de la historia de México. Tal vez ahora se lea con más claridad esa situación de esquizofrenia social, aunque guardemos silencio sobre ciertos pasajes vergonzantes de nuestra historia y nos desdoblemos y reafirmemos como los protagonistas de Los recuerdos del porvenir.

Al final se describe a los personajes de esta obra, entre otros a Juan Cariño que se hace llamar el presidente de México: vive en un burdel y también en el umbral de la locura y la cordura, pues se sale de los preceptos, las leyes y de la llamada razón; exiliado de sí mismo e hipersensible, mira la vida como si fuese un niño.

De las mujeres en Los recuerdos del porvenir se resume que viven en el presente, y no obstante sus proyecciones en el pasado y el futuro, son atemporales. Sus actitudes hacen pensar que, o no tienen proyecto de vida o no se plantean alcanzar alguna meta específica, logro material, o que, ante la imposibilidad de hacerlo, deciden ahorrarse una frustración dejándose arrastrar por otros o su destino.

En Los recuerdos del porvenir existe un viaje continuo entre ejercicio literario y novela, con sensaciones diversas provocadas por el paso constante de un estado a otro de la existencia. Es la revelación de la conciencia del saber que Garro poseía respecto a la estética surrealista y la influencia de Deleuze y Bergson.