POR Gabriel Ríos

 De qué sirve hacer una sinfonía muy letrada si no despierta más que conceptos de admiración a la capacidad del músico, su profesionalismo y su técnica. Mientras una sinfonía no le diga algo al corazón de las personas, no sirve

(www.mexicocinema.mx)

El compositor Mario Kuri-Aldana habló de su música. “La influencia más directa en mi caso es la de Silvestre Revueltas, el mayor músico mexicano, el único genio que ha dado nuestro país a nivel mundial. Aunque he sido considerado de tendencia nacionalista, no lo soy. Creo que la música no tiene fronteras; en sí misma es una patria. El que tiene la fortuna de dedicarse a ella es una puerta de salida y un puerto de llegada, es una tabla de salvación. Cuando las esperanzas tienden a desaparecer, siempre está ahí, es un amigo fiel”.

De ascendencia árabe, no tiene ningún empacho en decir que los tres músicos norteamericanos que más le gustan son judíos: George Gerswin, Leonard Bernstein y Aaron Copland. “En los tres es notable su compenetración con la música popular. Es sabido que antes de componer su ópera Porgy and Bess, Gerswin se fue a convivir casi un año con la comunidad negra de Nueva York, y gracias a eso, creó esta maravillosa ópera. Leonard Berstein, convivió con los músicos de jazz de Estados Unidos, y Aaron Copland no sólo se inspiró en cosas populares sino que vino a escribir a México”.

Un preámbulo para decir que se considera músico popular. “Recuerdo que el trío Los fantasmas grabó la pieza Página blanca, que la compuse para un amigo que llegó a la Escuela Nacional de Música. Me llevó un día la letra de la canción. Él me dijo que tenía una novia y quería llevársela, que si me encargaba de la música. Realmente lo que yo andaba buscando en ese entonces era componer obras sinfónicas”.

Página blanca es la pieza por la que ha recibido más dinero en su vida.

Ha escrito siete sinfonías. “Según mi juicio, la canción no desmerece ante una sinfonía. En el mundo, tiene un lugar muy importante. Dentro de esas miles de canciones existentes, no todas son buenas. Lo mismo diría de las sinfonías. Lo que quiero decir es que la medida de la música, su importancia, está en la manera que comunica. De qué sirve hacer una sinfonía muy letrada si no despierta más que conceptos de admiración a la capacidad del músico, su profesionalismo y su técnica. Mientras una sinfonía no le diga algo al corazón de las personas, no sirve. En cambio, una canción es una cosa muy sencilla, puede llegar a millones”.

Fue muy importante para él Ignacio Fernández Esperón, más conocido como Tata Nacho. “Tuve la suerte de que una de mis canciones, María de Jesús, compuesta en 1968, obtuviera el premio a la mejor, en un concurso nacional que organizó la Asociación de Autores y Compositores de México. María de Jesús es otra de mis composiciones con éxito comercial”.

Lo que más le molestaría es que le dijeran que se copia. “La primera sinfonía que compuse, Cantar en los bolsillos, es para cuerdas y fue estrenada por Eduardo Mata en la Universidad Nacional Autónoma de México. La segunda tiene un carácter completamente indigenista. Tomé ritmos, melodías, historia. La primera tiene un carácter dodecafónico y está dedicada al poeta Luis Cernuda. La tercera sinfonía es Bolero y la cuarta se titula Del norte. La quinta está dedicada a Sor Juana Inés de la Cruz. La sexta es una mezcla de jazz y blues, tocada por un cuarteto de saxofones y una orquesta de cámara, que me encargó el director del ensamble Tambuco. La séptima es una sinfonía coral, cuyo primer movimiento es un tango, segundo, un son, y el tercero, es un joropo venezolano”.

Acerca de la sinfonía Bolero, Raúl Cosío escribió lo siguiente: “En la sinfonía Bolero se nos muestra una encomiable actitud de vidas y una soberbia libertad de procedimientos. A lo largo de la obra introduce y expone melodías, tanto propias como ajenas, siempre con el profundo conocimiento de causa y propósito. Se deja llevar por las distintas emociones que le asaltan, nostalgias rejuvenecedoras. Rumba, guaracha, danzón, son cubano, contradanza, habanera, bambuco y blues se percibe en esta obra dimensional. Música felizmente americana, que maneja su ritmo, para trasladarse impertérrita, del nacionalismo localista al continental”.