Prehistórico ajuste de cuentas

Un duelo formidable ha tenido lugar esta semana. Un ejemplar mayor, de indudable poder, deja a un lado la tradicional convivencia, embosca y caza a su otrora aliada. El enfrentamiento termina pronto. Hay depredadores que se convierten en presas

Alfredo C. Villeda

 Un duelo formidable ha tenido lugar esta semana. Un ejemplar mayor, de indudable poder, deja a un lado la tradicional convivencia, embosca y caza a su otrora aliada. El enfrentamiento termina pronto. Hay depredadores que se convierten en presas

Esqueleto del reptil (lapaleontologiaencolombia.blogspot.com)

Titanoboa es el nombre de la más gigantesca serpiente de que se tiene registro: 13 metros de largo. Vivió hace 60 millones de años en un hábitat parecido a lo que hoy se conoce como el Amazonas, convertido en una mina de carbón colombiana. Un paleontólogo recolectó en el mismo sitio algunos fósiles en 1994, pero fue 10 años después cuando, con el hallazgo de más restos, se pudo reconstruir parcialmente a otro peso pesado que convivió con el prehistórico ofidio: Acherontisuchus guajiraensis, un cocodrilo de seis metros de sus fauces a la punta de su cola timón.

No es difícil deducir, con esa evidencia científica de correspondencia tiempo-espacio, los formidables duelos que de manera sistemática habrán sostenido estos gladiadores poscretácicos por el dominio territorial y la abundante dieta a base de peces. Alex Hastings, experto de la Universidad de Florida, está seguro de que Titanoboa habrá decidido a menudo ir por el bocado mayor antes que por un pequeño ser escamoso.

En el Museo de Historia Natural de Nueva York hay constancia física, atrapada en el tiempo por más de 65 millones de años, de otro duelo de dimensiones míticas. Un deslave de arena, en lo que hoy es el desierto de Gobi, sepultó en el acto de darse muerte a dos rivales naturales: un velocirraptor entierra su garra-espolón en el suave vientre de un saurópodo, que al tiempo engancha al carnívoro, por el pecho, con su gran plataforma craneal. Ocupados en su cita sangrienta, quizá murieron asfixiados bajo el alud antes que por las heridas.

Unas especies se extinguen. Otras evolucionan. Los hallazgos de tales encuentros letales, de constante lucha por la sobrevivencia, fascinan a los científicos que cultivan la excavación. Pero no solo a ellos. El Homo sapiens es un adicto espectador de la furia salvaje. En una reciente entrega de “Fusilerías”, se ha recordado cómo los romanos organizaron un circo con gladiadores de su propia especie, luego entre hombre y fiera para, finalmente, confrontar a animales de tan distantes regiones que eran desconocidos entre ellos.

El hombre, así, no sólo asume a lo largo de la historia los nombres de los animales como sobrenombre, sino también como representación y hace suyas, en su respectiva cosmogonía, las propiedades de los ejemplares cazados, domesticados y sacrificados. Así pasó en la época de las megabestias, con las que convivieron los antiguos homínidos y los primeros humanos, cuando se veneraba a mastodontes y tigres dientes de sable, hasta el citado periodo europeo y en las civilizaciones mesoamericanas: caballeros águila y jaguar, por ejemplo.

La comparación también se va afinando con el paso del tiempo. En algunos casos, empero, la asignación o elección de la especie como referente parece involucionar a partir de las habilidades o malas artes de los personajes. O de los grupos políticos. El PRI, por ejemplo, ha sido etiquetado con el mote de dinosaurio por la longevidad de muchos de sus dirigentes durante los 71 años de mando, frenados en 2000 con el triunfo de Vicente Fox. Ahora está de regreso y pese a la juventud de sus nuevos jefes, empezando por el propio Presidente, la categoría persiste. En muchos casos debido a que sus procedimientos son idénticos a los de sus mayores.

Un duelo formidable, si bien dispar es interespecie, ha tenido lugar esta semana en ese hábitat “civilizado”. Un ejemplar mayor, de indudable poder, deja a un lado la tradicional convivencia, embosca y caza a su otrora aliada. El enfrentamiento termina pronto. Hay depredadores que se convierten en presas. Literal. Darwin llamó a ese proceso selección natural, sobrevivencia del más apto. Es otro choque titánico que fascina a las mayorías. Antiguo ajuste de cuentas de corte antediluviano.