Sida y licantropía

En 1975, Michael Lupo llegó a Londres, donde abrió una boutique. El estilista aparentemente era un homosexual tranquilo. Pero Lupo tenía un pasado que estaba muy lejos de ser inofensivo: había pertenecido a un comando de élite del ejército italiano

POR José Luis Durán King

En 1975, Michael Lupo llegó a Londres, donde abrió una boutique. El estilista aparentemente era un homosexual tranquilo. Pero Lupo tenía un pasado que estaba muy lejos de ser inofensivo: había pertenecido a un comando de élite del ejército italiano

(www.fluidstyle.co.uk)

El 6 de abril de 1986, unos niños que jugaban al lado de unas vías en Brixton, un distrito al sur de Londres, descubrieron el cuerpo de un hombre mutilado. La policía revelaría días después que se trataba de Tony Connolly, de 24 años, un joven prostituto que fue estrangulado con su propia bufanda. Al igual que muchas de las comunidades gay del mundo, la de Londres arrojaba semanalmente un saldo rojo que, sin embargo, rara vez desembocaba en el homicidio. Aunado a esto, el asesinato de Connolly resultaba peculiar, debido a que la autopsia determinó que con el último hombre con el que sostuvo relaciones sexuales (y que posiblemente fuera su verdugo) tenía sida.

Las autoridades judiciales se pusieron en contacto con las de salud en busca de pistas que pudieran vincular a Connolly con su asesino. En el transcurso de la investigación, la policía endureció el acoso contra la comunidad gay, pues además del asesinato de uno de los elementos de este grupo, el caso ya también era un asunto de salud pública. Al parecer, quien fuera el asesino, probablemente sabía que padecía el VIH y no tenía ningún empacho en repartirlo como si fueran golosinas.

Por si no fuera suficiente, los agentes contaban con pruebas consistentes para ligar el asesinato de Connolly con la de otro homosexual, Alex Kasson, de 37 años, quien también había muerto mediante estrangulamiento el 15 de marzo de ese mismo año, amén de que otro hombre había declarado que un “tipo” había intentado matarlo en la misma área donde fueron encontrados los cadáveres de Connolly y Kasson. Aunque los investigadores no evitaban mencionar públicamente un par de palabras, en privado sospechaban que estaban enfrentando a un “asesino serial” de homosexuales.

 

Pasado militar

(www.gaystarnews.com)

En 1975, un hombre llamado Michael Lupo llegó a Londres, donde abrió una boutique, en la que también ofrecía cortes de cabello. El estilista, aparentemente era un homosexual tranquilo. Sin embargo, Lupo tenía un pasado que estaba muy lejos de ser inofensivo, ya que había pertenecido a un comando de élite del ejército italiano.

Seis semanas después del hallazgo del cuerpo de Connelly, la policía había descartado a varios sospechosos de la lista que le proporcionó el sector salud local. Así llegaron hasta la boutique de Lupo, a quien recientemente se le había informado que su examen de VIH resultó positivo. Cuando se le practicaron las pruebas de ADN, la policía comprobó que la huella genética del sospechoso empataba con la hallada en el semen recabado en el cadáver de Connolly.

Inicialmente, Michael Lupo sólo aceptó a regañadientes su culpabilidad en el asesinato de Connolly. Sin embargo, después de que las autoridades judiciales revisaron su casa y encontraron una habitación adaptada como cámara de tortura y mutilación, el individuo no tuvo otra que reconocer su autoría de por lo menos otros dos asesinatos, el de Damien McClusky, de 22 años, un trabajador de hospital, quien también fue estrangulado y mutilado en la cámara de los horrores de Lupo antes de ser arrojado como una bolsa de basura en una calle cualquiera de Londres. Asimismo, las autoridades comprobaron que el estilista también era responsable de la muerte de un hombre de 62 que nunca fue identificado y cuyo cuerpo apareció bajo un puente de la misma ciudad.

Prácticamente acorralado, Michael Lupo accedió a conversar ampliamente con sus interrogadores. Dijo que era un hombre que había viajado por varios países, que su serie de asesinatos la comenzó en el momento en que se enteró que padecía sida y que había tenido más de 4 mil amantes homosexuales. Asimismo, debido a que su apellido Lupo significa lobo, el criminal declaró que era un hombre lobo verdadero, de ahí su necesidad de asesinar y mutilar, y advirtió que volvería a atacar en la cárcel.

Esta última amenaza de Lupo las autoridades la tomaron con las reservas del caso, pues estaba por verse si le darían la oportunidad de agredir a los otros internos y, por supuesto, si éstos se dejarían lastimar así porque sí. Algo más real preocupaba a la policía inglesa: las ciudades que había visitado el criminal. Así, las autoridades de Berlín, Hamburgo, Los Ángeles y Nueva York sacaron del refrigerador los casos fríos de homosexuales asesinados y mutilados en los tiempos en que Lupo deambuló por los parajes de esas ciudades.

En los nueve años que Lupo permaneció preso no atacó a alguno de sus compañeros internos. En febrero de 1995, el lobo italiano murió de una enfermedad oportunista relacionada con el sida.