Cuerpos en bolsas de basura

A El Asesino de las Bolsas de Basura hay que colocarlo junto con Ted Bundy, Jeffrey Dahmer y John Wayne Gacy, y no compararlo con Randy Kraft, pues siempre le molestó que lo empataran con ese sádico que metía objetos en el ano de sus víctimas

POR José Luis Durán King

A El Asesino de las Bolsas de Basura hay que colocarlo junto con Ted Bundy, Jeffrey Dahmer y John Wayne Gacy, y no compararlo con Randy Kraft, pues siempre le molestó que lo empataran con ese sádico que metía objetos en el ano de sus víctimas

(darkpass3ng3r.tumblr.com)

En los años 70, una escalofriante ola de asesinatos obligó a las autoridades de California, Estados Unidos, a trabajar horas extra. Cuerpos desnudos de varias chicas, estranguladas, aparecían en las colinas de Los Ángeles, al tiempo que El Zodiaco imponía su régimen de terror en San Francisco y Los Asesinos Zebra, justificando una venganza racial, acabaron con la vida de una decena de personas.

Tampoco la minoría gay se salvó de los ataques de predadores como William Bonin y su cómplice Vernon Butts, que, juntos, asesinaron a más de 20 homosexuales. También estuvo en ese oleaje un sádico que capturaba a todo gay que se dejara, sin importar que fuera marine, autoestopista, cliente de bar. Una vez que los tenía a su lado, el hombre drogaba a sus víctimas, los sodomizaba y torturaba por horas; cuando se aburría castraba a su presa, le rasuraba el ano y le introducía objetos cortantes o puntiagudos en el recto. Todo, mientras la persona estaba viva.

En ese contexto entró en escena un homicida al que la policía siempre confundió con el sádico que castraba a sus presas. Pero no, El Asesino de las Bolsas de Basura era único.

Patrick Kearney, nacido en Texas en 1940, soñaba desde los ocho años con matar a los compañeros de escuela que lo humillaban. Buscando la tierra prometida del hippismo, en los años 60 se mudó a California. Pese al aroma de paz y amor que se respiraba en el ambiente de esos años, Kearney asesinó a su primera víctima en 1968, cerca de la ciudad San Diego. De hecho, San Diego y Tijuana fueron los primeros cotos de caza de este hombre.

En 1962, Kearney conoció a David Douglas Hill, un veterano del ejército estadounidense, que no tuvo empacho en divorciarse de su mujer para irse a vivir en 1967 con Kearney, formando un hogar aparentemente más sólido que el de cualquier otra pareja heterosexual. Sin embargo, la unión Kearney-Hill tenía sus fisuras, peleaban de vez en cuando, pretexto que Hill aprovechaba para desaparecerse unos días.

¿Y qué hacía Kearney cuando Hill abandonaba temporalmente el nido de amor? Para desquitarse, subía a su Volkswagen e iba en busca del algún autoestopista varón. En cuanto éste subía al auto, Kearney aprovechaba cualquier distracción del copiloto para meterle una bala en la cabeza con su revólver .22. Ya muerto, Kearney lo llevaba a su casa, lo desnudaba y practicaba la necrofilia. Posteriormente metía el cadáver a la tina del baño, desmembraba el cuerpo, lavaba las piezas, las drenaba de sangre y las colocaba en bolsas de basura. El baño siempre quedaba pulcro, pues si algo odiaba Kearney era el aroma ferroso de la sangre. Siempre fue el mismo método, que el criminal aprendió de otro asesino serial, Dean Corll, y que puso en práctica en más de 30 ocasiones.

Patrick Kearney fue detenido el 1 de julio de 1977, gracias a que su víctima más reciente, John LaMay, de 17 años, había avisado a unos amigos que se reuniría con un hombre al que había conocido en un baño público. Después de que la policía encontró el cuerpo desmembrado del adolescente, investigó a los clientes recurrentes de los baños públicos de Redondo Beach, con lo que surgió Kearney como el sospechoso principal.

Durante la indagación, las autoridades descartaron a David Hill como cómplice de Kearney. Éste recibió 23 sentencias de prisión de por vida. A El Asesino de las Bolsas de Basura hay que colocarlo en el mismo compartimento de Ted Bundy, Jeffrey Dahmer y John Wayne Gacy, y no compararlo con Randy Kraft, pues siempre le molestó que lo empataran con ese sádico que gustaba meter objetos en el ano de sus víctimas.