“Jennifer”

Ahora la PGR ha anunciado una investigación sobre los “testigos protegidos” de los que echó mano esa representación social durante la gestión de Marisela Morales, porque hasta el lector mejor intencionado no puede dejar de considerar la posibilidad de que esos criminales se hayan convertido en vehículos de venganzas políticas

POR Alfredo C. Villeda

Ahora la PGR ha anunciado una investigación sobre los “testigos protegidos” de los que echó mano esa representación social durante la gestión de Marisela Morales, porque hasta el lector mejor intencionado no puede dejar de considerar la posibilidad de que esos criminales se hayan convertido en vehículos de venganzas políticas

(www.habemuspapam.unotv.com)

El lector poco enterado de los asuntos de procuración de justicia o lo que así se conoce en términos legales, si bien eufemísticos, se preguntará quién diablos es Jennifer, a propósito de la irrupción de un personaje con ese nombre clave. El apelativo llevará la imaginación, en primera instancia, a una mujer, que puede ir, para el aficionado al cine, de Jennifer Garner a Jennifer López; de Jennifer Aniston a Jennifer Lawrence; de Jennifer Love Hewitt a Jennifer Connelly.

Tratándose de asuntos policiacos y criminales, quizá la primera opción sea Garner, protagonista de una serie televisiva titulada Alias, en la que interpreta a una bella y joven agente especial, entrenada desde niña para ser una superespía, con talentos que pasan por el dominio de varias lenguas, artes marciales, uso de armas y, por supuesto, experta en matar enemigos.

Jennifer es un nombre femenino de origen celta que alude a la luz y a la pureza del espíritu. Nada que ver, pues, con las andanzas del abogado Roberto López Nájera, quien, capturado por las fuerzas federales durante la lucha contra el crimen en el sexenio pasado, pasó a las filas de los testigos protegidos no para suministrar información fidedigna de sus antiguos patrones, sino para fabricar pruebas contra personajes, debe suponerse, incómodos para algunos en el gabinete de Felipe Calderón.

El uso de estos nombres clave es antiguo, pero ha de resaltarse el caso de Garganta Profunda, que usó un misterioso informante del periodista Bob Woodward para destapar en el Washington Post la participación del presidente Richard Nixon en el escándalo del Watergate, culminando con la caída del gobernante y el encarcelamiento de dos de sus colaboradores.

Garganta Profunda es el seudónimo que usó William Mark Felt, número dos del FBI, durante aquellos días de 1974, tomado de una histórica película pornográfica (Gerard Damiano, 1972) estelarizada por Linda Lovelace. La revelación de la identidad de la fuente de los periodistas fue, sin embargo, hasta 2005, cuando el propio ex funcionario lo dio a conocer junto con la confesión de por qué filtró la trama: resentimiento puro por no ser la cabeza del Buró Federal de Investigación.

Si hoy un joven que desconozca este episodio escucha el nombre Garganta Profunda quizá no piense en Lovelace, quien murió en 2002, pero sí en alguna figura del porno actual: Aletta Ocean, Sophie Moone, Anita Blond, Zafira, Sandra Shine, Eva Henger o Eve Angel, por citar a estrellas solo de nacionalidad húngara. Pero es un hecho que jamás le pasaría por la cabeza la imagen de un jefe del FBI.

De vuelta con Jennifer, la sorpresa es mayor, porque además de que no es una mujer, resultó un fallido “testigo” que se benefició de sus invenciones, eventualmente encargos textuales que deberán dar origen a una investigación tan profunda como la garganta de Lovelace. Mandó a prisión a Noé Ramírez Mandujano, ex fiscal antidrogas, y al general Tomás Ángeles Dauahare, ex número dos de la Defensa, ambos ya libres esta semana al quedar expuestas las mentiras del soplón, otrora empleado del cártel de los Beltrán Leyva.

Ahora la PGR ha anunciado una investigación sobre los “testigos protegidos” de los que echó mano esa representación social durante la gestión de Marisela Morales, porque hasta el lector mejor intencionado no puede dejar de considerar la posibilidad de que esos criminales se hayan convertido en vehículos de venganzas políticas.

Vaya con la tal Jennifer.