POR Alfredo C. Villeda

Sea por redescubrimiento en la era digital o simple supremacía de lo que siempre debió imperar en ese ritmo, las bandas del momento, han sido desplazadas por la aristocracia

Deep Purple (www.2120.cl)

El observador arbitrario, para decirlo con Einstein, experimenta no poca sorpresa cuando se asoma a las novedades musicales en iTunes y ve nombres de sobra conocidos, que le traen a la memoria (cerebral, no de USB) trayectorias, mitos, leyendas y estirpes inmortales.

En las novedades, recomendaciones y pedidos anticipados figuran nombres de padres fundadores que desplazan a las jóvenes promesas: Deep Purple, Eric Clapton, David Bowie y Bon Jovi estrenan álbum, CD, producción o como se llame en términos modernos a lo que los antiguos, como el fusilero, conocieron en términos llanos como disco.

Iron Maiden se cuela también entre “lo último” para el melómano, con la remasterización de su clásico Maiden England, aunque aquí vale hacer una sugerencia para la tribu que le rinde pleitesía a la Doncella de Hierro, que, por cierto, visitará México en septiembre próximo: la versión LP, doble, tiene grabada la ilustración de portada en el vinil. Para exquisitos y nostálgicos de la tornamesa y por unos 500 pesos máximo.

¿Un error de la Matrix? Improbable, a juzgar por las portadas de varias revistas especializadas que congenian con la selección musical de la tienda de Apple. Un vistazo a la portada de Rock & Pop confirma la tendencia: como nota principal con foto, Deep Purple; primera llamada, David Bowie, y en seguida Depeche Mode. Incluye un texto sobre Skid Row.

La revista Classic Rock lanza en portada a Deep Purple, con foto de sus sonrientes y sexagenarios integrantes, y recomienda artículos sobre los 40 años de Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, y un par más acerca de Bowie y Joe Satriani. El semanario In Rock, ruso, lleva como nota principal una entrevista con Ian Gillan, la voz del Púrpura Profundo.

Túnel del tiempo, Neojurásico en ciernes, crisis de ídolos o desastre del rock actual, la nota y la industria apuntan a los clásicos. Sea por redescubrimiento en la era digital o simple supremacía de lo que siempre debió imperar en ese ritmo, las nuevas caras, las bandas del momento, han sido desplazadas por la aristocracia. Clapton, que juraba se iba a retirar desde hace 10 años, vuelve a su nicho cincelado a mano lenta con Old Sock, deliciosa selección de 13 piezas al estilo de sus monumentales From the Cradle, Pilgrim y Reptile.

Novato en las lides digitales, el fusilero aprovecha la oferta del mercado y se aventura a buscar aquellas grandes rolas que algún día escuchó, en los días de desvelos dionisiacos, pero que por obvias razones de efectos secundarios no sabe exactamente ni dónde ni cuándo. El periplo lo lleva a un reencuentro con acordes y voces agazapados en algún lugar del USB neuronal y al consecuente desfalco en tarjetas iTunes.

Una a una van apareciendo esas piezas perdidas en el recuerdo, pero a la mano en el orden perfecto de la era digital. De los 90 a los 80, a los 70, a los grandiosos 60. La librería se va nutriendo con esos hallazgos que vienen acompañados de anécdotas y nostalgia hasta llegar a una exquisitez titulada “Blue Velvet”, “Terciopelo azul”, pieza de los años 50 que este escribidor, ignorante confeso de esa música y de mil cosas más, no había sabido ligar con su intérprete: Bobby Vinton.

Si Internet es la biblioteca que soñaba Borges, los sitios para bajar música son la cuarta dimensión del melómano y del aficionado que, migrante en las lides cibernéticas por su edad, cree haber llegado, como Dante, al Paraíso.