“Please, please me”

11 de febrero de 1963: El día entero de música y trabajo que invirtieron John, Paul, George y Ringo en cuajar ese disco es para los expertos “los 585 minutos más productivos en la historia de la música grabada”

POR Jorge F. Hernández

11 de febrero de 1963: El día entero de música y trabajo que invirtieron John, Paul, George y Ringo en cuajar ese disco es para los expertos “los 585 minutos más productivos en la historia de la música grabada”

(guyspeed.com)

Ahora que te lo imaginas no lo puedes creer: hubo un ayer en que habitabas el mismo mundo de hoy sin haberla besado aún, sin saber siquiera de su existencia. Ahora que lo piensas te parece increíble que el aguacero siga siendo aguacero y jacaranda morado en flor, que los versos sin tiempo se leen desde siempre aunque creas que los acabas de inventar y que haya días que te duela tanto silencio. El 11 de febrero de 1963 se encerraron en los ahora legendarios estudios de Apple Records cuatro jóvenes de Liverpool que ya se conocían como The Beatles para grabar un disco de los llamados long play que titularon Please Please Me. Como sucede con los bardos auténticos y trovadores de veras hasta hoy en día, los estudios de grabación se alquilan y resultan más y más caros en la medida en que transcurran las horas en canciones que no cuajan, acordes que desafinan o errores que parecen una tos a la mitad de un coro y, por ende, se comprenderá hoy –a medio siglo de distancia— que el día entero de música y trabajo que invirtieron John, Paul, George y Ringo en cuajar ese disco es para los expertos “los 585 minutos más productivos en la historia de la música grabada”.

Ahora que lo piensas, reconoce que no sabes bien por qué los antiguos acetatos duraban determinado número de minutos por lado, (o si en total tenía que caber la Novena de Beethoven como parámetro generalizado) y ya ves: hay que explicarle a los jóvenes que había canciones sólo dignas del lado B y demás minucias de ese mundo que te parece tan ajeno, tan anterior a que la soñaras caminando directamente hacia ti con esa sonrisa cómplice que justifica el orden del Universo. El disco Please Please Me salió a la venta el 22 de marzo de 1963 y no te enterabas que lo grabaron el pasado 11 de febrero y tienes todas las tardes de lluvia, todas las madrugadas de insomnio y todas las canas en soledad para leer cada renglón de la funda del disco y enterarte a medio siglo de distancia que el título encierra un juego de palabras que te hace reír a carcajadas o formular un antojo: traduces Please, please me como “Por favor, compláceme” y pasas por alto que quizá signifique una plegaria donde le dices de lejos, de muy lejos, de todos los hombres que mereces “por favor, por favor…Yo” o bien te resignas a pensar que la canción narra la íntima crónica de quien pide al Otro, compláceme tal como yo intento complacerte y en eso se te van las tardes de tu infancia y adolescencia hasta llegar cincuenta años después al milagro de recrear la grabación intacta del primer disco de los Beatles y el mundo jamás ha de ser el mismo.

 

(cucharasonica.com)

Para conmemorar la efeméride la BBC tuvo a bien juntar en el mismo estudio de Abbey Road a un selecto grupo de artistas contemporáneos y volver a grabar el disco tal como se hizo –quizá inexplicablemente— en un solo día, hace ya tanto tiempo que parece ayer. Tuvieron además el buen gusto de no invitar a Paul o Ringo, ni convocar a los fantasmas de George y Paul y mejor aún invitar a tocar a un grupo de envejecidos músicos que de no tener buen corazón serían un amasijo de envidias: se trata de unos veteranos de los grupos de Liverpool que fueron precisamente opacados, borrados del mapa, por los Beatles hace medio siglo. Una sola canción del total de catorce, interpretaron los veteranos, los que pudieron haber llegado y se quedaron en banderilleros… y completaron el día las voces y talentos de Mark Hucknall y los Stereophonics y otros grupos y famosos solistas, pero sobre todo el fino detalle de volver a llevar al estudio a los jubilados técnicos y sonidistas que estuvieron presentes en el milagro original hace medio siglo: el par de operadores de la consola que se largaron a comer un sándwich y unas cervezas a la mitad de una de las muchas tomas de una canción que ni quedó en el disco o el cargador de los cables que por primera vez en el mundo escuchó a Lennon ensayando en la armónica “Love Me Do” o el momento en que se funden a la perfección tres voces entrelazadas ya para siempre con el fin de cantarle a Anna que hoy ha de ser la misma que se mira en el espejo y se sabe la mujer más bella del instante.

Ahora que lo piensas, entra el bajo como taquicardia y las guitarras como trenecitos de tu propia adrenalina y te dices ayer como hoy “I Saw Her Standing There” y no pasa el tiempo por los párpados de quien sepa dormir el mejor de los sueños o ponte cursi (que además tiene todo el gobierno del corazón) y cántate a ti mismo “Do You Want To Know A Secret” como si no hubiese pasado nada en el mundo desde el instante en que la bailabas en sombras de una fiesta demasiado fresa, pero déjate llevar como quien puede volar con tan sólo tomar de la mano a la mujer que sueñas y entonces sí, suéltate el pelo y brinca que eso también es bailar y grita desaforado porque lo dijo John en vivo: que aplaudan los de gayola y los parados de hasta atrás del teatro o del mundo, para que muevan sus joyas los nobles, los millonarios inmóviles y la Reina que se sienta en primera fila. Dicen los técnicos ya ancianos que volvieron a los estudios de Abbey Road que al final de la legendaria jornada los cuatro greñudos se encerraron un una oficina para decidir cuál sería la última canción del día, la que cerraría el disco y dicen que entonces un periodista les mencionó haberlos escuchado en la radio cantando “La bamba” a lo que Paul respondió que con ellos se llamaba “Twist and Shout”, Georgie afinó el requinto y Ringo emplazó el debido compás de eso que llaman felicidad… poco importó la gripe que traía encima Lennon y que con sólo unas pastillas Hall’s y unas gárgaras de leche caliente se lanzó a desgarrarse la garganta, gritar como todos gritando como locos, que te muevas, que te ves muy bien, que me tienes prendido, que todo se puede acomodar así que muévete y déjame saber que eres mía, así que muévete, más cerca… que el tiempo es una sombra que gira quiénsabecuántas revoluciones por minutos y décadas, como si no pasara ni un solo instante desde el milagro en que se cantó la música que todos llevamos tatuada en la piel como un callado suspiro de la más bella memoria.