Zombies: el miedo latente de la muerte social

Esa obsesión generalizada con los zombies radica en un temor latente de muerte social; el miedo de convertirse en un muerto viviente, más animal que humano, impulsado por la necesidad de comer y condenado a sobrevivir, pero ya no a pensar y sentir como individuo

POR Edouard/ bigband.es

Esa obsesión generalizada con los zombies radica en un temor latente de muerte social; el miedo de convertirse en un muerto viviente, más animal que humano, impulsado por la necesidad de comer y condenado a sobrevivir, pero ya no a pensar y sentir como individuo

Escena de The Walking Dead (www.lapatilla.com)

Las obras de ficción que consumimos con la mayor fascinación nos arrojan con un sentido de catarsis a ese espacio mágico entre la gran pantalla y el espectador, como un exorcismo que expulsa los temores suprimidos que nos atrapan en esa aterradora burbuja que habitamos mientras estamos a su alcance. Y parece que estamos particularmente fascinados, desde hace algunos años, con un grupo bastante sucio, harapiento, brusco y peligroso de personas con habilidades verbales mínimas: los zombies –sí, señor– también conocidos como muertos vivientes. El éxito de series como The Walking Dead, la invasión de muñecos zombies y figuras en cofres de juguete de nuestros hijos, la gran cantidad de bares y discotecas con noches temáticas zombie y el auge en el arte zombie son sólo algunas de las innumerables expresiones de la fascinación colectiva de la sociedad contemporánea hacia los zombies.

Yo diría que esa obsesión generalizada con los zombies radica en un temor latente de muerte social; es decir, el miedo de convertirse en un muerto viviente, más animal que humano, impulsado por la necesidad de comer y condenado a sobrevivir, pero ya no a pensar y a sentir como individuo.

 

¿Adivina quiénes vinieron a cenar? La noche de los muertos vivientes (kootation.com)

En 1923, Nels Anderson (de la prestigiosa Escuela de Sociología de Chicago) publicó The Hobo, colocando bajo la luz a un grupo de bohemios entrañables y sin hogar, que más tarde inspiró a la Generación Beat y otros movimientos contraculturales. En 2000, David Brooks acuñó la palabra “Bobo” (la reactivación más reciente de Hobo) para describir a las personas en el otro extremo del espectro social: los bohemios burgueses. Había cero riesgos y miedos en aquel momento: la gente bien acomodada en el Paraíso experimentaba con una estética vagabunda que no tuvo ningún impacto real de vagabundear en sus vidas. Todo estaba bajo control y ninguna amenaza de peligro acechaba.

Pero llegamos a 2012 y esa falsa sensación de seguridad se hizo una nube de humo. El Paraíso se ha convertido en el infierno. Todos los días caminamos entre largas colas de personas frente a comedores sociales. De acuerdo con Eurostat, 27 por ciento de la población hispana está en riesgo de exclusión social o pobreza. Mucha gente en nuestra sociedad oscila entre el pesimismo y la depresión. Los psicólogos advierten que nuestra sociedad se vuelve cada vez más pesimista, desconfiada e insegura: la percepción colectiva de un futuro sombrío afecta a personas de diferentes maneras, y el peor escenario posible es el suicidio.

Recuerdo a Louise Bourgeois quien decía que nunca nos sentimos más vivos que cuando enfrentamos la muerte de otro. Quizá por esa razón, en nuestro fuero interior, hemos llegado a amar a los pobres zombies. Más allá de su valor de entretenimiento nos hacen sentir bien acerca de nuestras vidas a pesar de nuestros miedos.

 

Tomado de: bigband.es. Febrero 20, 2013.

Traducción: José Luis Durán King.