Cada vez más cerca de la inmortalidad

En torno al tema de la inmortalidad llama la atención la serie de estudios que de pocos años a la fecha han surgido, aunque de momento la fuente de la vida eterna dista aún de ser descubierta, pero sobre todo, aplicada para lograr ese viejo anhelo de continuar caminando por nuestros barrios por tiempo indefinido

POR José Luis Durán King

 En torno al tema de la inmortalidad llama la atención la serie de estudios que de pocos años a la fecha han surgido, aunque de momento la fuente de la vida eterna dista aún de ser descubierta, pero sobre todo, aplicada para lograr ese viejo anhelo de continuar caminando por nuestros barrios por tiempo indefinido

(news.discovery.com)

En Drácula de Bram Stoker (1992), película dirigida por Francis Ford Coppola, el vampiro transilvano, ya plenamente instalado en el Londres del siglo XIX, iracundo porque su amada Mina ha decidido casarse con su prometido Jonathan Harker, decide desquitar su frustración en la cada vez más débil humanidad de Lucy Westenra, amiga de Mina. En una escena rebosante de dramatismo y parafraseando el castigo que Dios impone a Caín por haber matado a su hermano Abel, Drácula le dice a Lucy antes de clavar sus colmillos en el cuello de la mujer, extraerle hasta la última gota de sangre y convertirla a ella también en una criatura de la noche: “Te condeno a la muerte en vida”.

La condena, en este caso, tiene que ver más con la conversión de Lucy en un espectro que vagará eternamente y sin reposo en un mundo del que ya sólo conocerá las tinieblas. No morir del todo, ser una Nosferatu (no-viva) es un castigo del que afortunadamente Lucy se libra cuando su grupo de amigos le corta la cabeza en el todo menos pacífico sepulcro en el que días antes habían sido depositados sus despojos terrenales.

Históricamente, la inmortalidad ha sido una de las preocupaciones fundamentales de la humanidad, y aunque le pese al conde Drácula, religiosa y filosóficamente es considerada más un don y un objetivo a alcanzar (al menos en nuestros tiempos) que una condena.

De acuerdo con la Internet Encyclopedia of Philosophy, “La inmortalidad es la continuación indefinida de la existencia de una persona, incluso después de la muerte. En el lenguaje común, la inmortalidad es prácticamente indistinguible de la vida después de la vida, aunque filosóficamente hablando no son idénticas. La vida después de la vida es la continuación de la existencia después de la muerte, independientemente de si la continuación es o no indefinida. La inmortalidad implica una existencia sin fin, no importando si el cuerpo muere o no (de hecho, algunas de las tecnologías médicas hipotéticas ofrecen la posibilidad de una inmortalidad corporal, pero no una vida después de la vida).

 

Inmortality, por Xavier Mellery (www.1st-art-gallery.com)

Y en torno al tema de la inmortalidad llama la atención la serie de estudios que de pocos años a la fecha han surgido, aunque de momento la fuente de la vida eterna dista aún de ser descubierta, pero sobre todo, aplicada para lograr ese viejo anhelo de continuar caminando por nuestros barrios por tiempo indefinido.

En este contexto, John Martin Fischer, filósofo de la Universidad de California en Riverside, presentó un proyecto de investigación multidisciplinaria de la inmortalidad humana, el cual pretende establecer las diferencias que existen en diferentes culturas del planeta en torno a la vida después de la vida. Su plan finalmente obtuvo resonancia y la Fundación John Templeton aportó 5 millones de dólares para ahondar en las pesquisas pertinentes por un periodo de tres años.

Quizá porque Fischer pertenece al grupo de las personas que no cree que haya vida después de la vida, decidió que su investigación se centrara no tanto en los avances científicos tendientes a alargar la esperanza de vida o a detener de forma irreversible la acumulación de los años y las secuelas que la edad deja en las personas. No, Fischer optó por abordar el tema desde su perspectiva profesional, por lo que se aboca a auscultar, entre otras cosas, cómo la creencia en otra vida influye en el comportamiento humano y cómo las experiencias cercanas a la muerte varían de acuerdo a cada cultura. El académico explica, para ejemplificar, que en Estados Unidos individuos que han sobrevivido experiencias cercanas a la muerte aseguran haber visto un túnel en cuyo final se percibe una luz, mientras que para sujetos japoneses ese tipo de hechos va acompañado de la imagen de un hermoso y plácido jardín.

Tras asegurar que su proyecto es un “trabajo científico serio”, exento por lo tanto de patrañas del estilo de las abducciones alienígenas, Fischer ha adelantado que el Proyecto Inmortalidad, como ha bautizado a su investigación, contará con la aportación profesional de filósofos, teólogos y científicos, a los que se prevé otorgar becas que van de los 100 mil dólares a los 250 mil dólares anuales, según se registra en el artículo de Marc Perry “UC-Riverside Philosopher Will Lead $5-Million Study of Immortality”, publicado en The Chronicle of Higher Education el 31 de julio de 2012.

Y para evitar malentendidos, Fischer añade que el proyecto no tiene como objetivo probar o refutar si existe otra vida. Estudiará, dice, solamente lo que se puede estudiar. Es decir, analizarán si la estructura cerebral predispone a las personas a creer en el más allá o si las personas que creen en un más allá muestran una propensión a un comportamiento moral determinado.

La propuesta del proyecto, su aprobación y la asignación de un presupuesto son posibles, y así lo reconoce Fischer, gracias a los avances que en la actualidad se han logrado en el estudio de la longevidad y en los planteamientos de preguntas con respecto a la posibilidad de la inmortalidad.

 

The Secret of Immortality (www.superconsciousness.com)

En términos menos reflexivos pero más cercanos al laboratorio, Mark Piesing, articulista de The Independent, aborda en su artículo “Will Scientists Ever Discover the Secret of Immortality?” (Mayo 3, 2012) una investigación acerca de la inmortalidad digital que en el papel tiene visos de alcanzar el éxito.

Para ello, Piesing cita al escritor Stephen Cave, autor de Inmortality: The Quest to Live Forever and How it Drives Civilisation, quien afirma que la inmortalidad digital está más allá del “legado” que los usuarios dejan en sus muros de Facebook. El libro de Cave “explora el deseo de vivir para siempre y cómo dicho anhelo ha sido una fuerza impulsora detrás de las civilizaciones, llegando a un clímax en la ciencia moderna”.

Para Cave, la inmortalidad digital no es más que la conversión del individuo en un silicón cuando el físico muere, una especie de “plan B si la bio-ciencia fracasa en la entrega de la actual inmortalidad biológica”.

En el proceso de la inmortalidad digital –abunda Cave—, el cerebro se escanea y su esencia es cargada a una forma digital de bits y bytes. La emulación de la totalidad del cerebro puede ser preservada en los bancos de memoria de una computadora, con lo que queda lista para ser devuelta a la vida como un avatar en un mundo virtual como Second Life, o incluso en el cuerpo de un robot de artificialmente inteligente, el cual es una réplica de lo que éramos.

Cave acepta que el proceso mencionado “no es una inmortalidad verdadera” cuando la persona muere físicamente. Este nuevo “tú”, que con su comportamiento “puede engañar hasta su propia madre”, no es más que una copia, explica el escritor.

La inmortalidad digital, que recuerda desagradablemente a las historias salidas de la pluma y la mente del padre del cuento materialista del terror, el estadounidense Howard Phillips Lovecraft, quien hablaba de entes artificiales a los que se le implantaba cerebros humanos, por ahora no ha superado su facha de ciencia ficción. Sin embargo, Stephen Cave tiene confianza en que los grandes obstáculos que se interponen entre el ser humano y la inmortalidad digital se superen en un lapso de 40 años, sobre todo cuando ya trabajan en ello Carbon Copies y Russia 2045.

 

(www.forosperu.net)

La empresa no es nada sencilla, aunque si el objetivo es la inmortalidad y se cuenta con el capital necesario para intentar alcanzarla, por qué no hacerlo. Así que lo primero con que se debe contar es con la capacidad de leer toda la información que hace ser a un individuo, señala Cave. En este proceso algo se pierde, al remover el cerebro del cuerpo para después preservarlo, cortarlo en rodajas y escanear los datos que contiene. El desafío posterior consiste en almacenar una cantidad de información tan grande que en estos momentos no existe un sistema informático con una capacidad de contención a la par de esta demanda. Y después, el mayor reto: encontrar la manera de “animar” la información.

Para Stuart Armstrong, los problemas que enfrenta la inmortalidad digital son meramente de ingeniería –complicados y difíciles, eso sí—, mismos que pueden estar resueltos en una década, siempre y cuando, dice, se establezca un esquema de investigación similar al Proyecto Manhattan. El investigador del Instituto del Futuro de la Humanidad, en la Universidad de Oxford, señala que el avance tecnológico actual es muy rápido pero más comprensible que antaño, ya que en esta ocasión los avances han sido impulsados por los mismos científicos que los han construido, por lo que Armstrong afirma que “en esta ocasión tenemos la clave para la inmortalidad en nuestras manos”.

En cuanto a lo que para muchas personas puede parecer un inconveniente –almacenar la memoria en una carcasa artificialmente inteligente—, Armstrong es pragmático y explica: “Si el avatar o robot contiene todos tus intentos y propósitos, entonces eres tú”.

Randal A. Koene, fundador de la organización no lucrativa Carbon Copies Project en California, la cual tiene como objetivo crear una red comunitaria de científicos para avanzar en la investigación de la inmortalidad digital, apoya tesis como la propuesta por el escritor Stephen Cave y está dispuesto a hacerla realidad. Sin embargo, Koene difiere del concepto inmortalidad digital y prefiere hablar de mentes de sustratos independientes, “ya que la inmortalidad digital tiene que ver más con el tiempo que una persona vive y no con lo que puedes hacer con la inmortalidad”. La continuidad de sí mismo es uno de los aspectos centrales para Koene, ya que, como enfatiza, “la persona que eres hoy sigue siendo la misma que eras cuando tenías cinco años”.

Un factor a destacar en la búsqueda de la inmortalidad de acuerdo con Koene es que la marea de la ciencia se mueve en el mismo sentido, y resalta que India tiene previsto para 2017 concluir una supercomputadora con una memoria lo suficientemente grande para contener la descarga de un cerebro humano. Mientras que instituciones como el Instituto Allen para la Ciencia del Cerebro ha invertido 300 millones de dólares para resolver problemas relacionados con la codificación, almacenamiento y procesamiento cerebral.

Randal A. Koene, contrariamente al optimismo general que permea la investigación sobre la inmortalidad digital, advierte acerca de los contras que incluyen los proyectos, contras que pueden convertirse en una maldición, señala.

“Si mi hija muere”, explica, “y la remplazo con un avatar digital que me ayude a superar el duelo, ¿voy a dejar que crezca y que incluso tenga hijos? ¿Le diré que es una copia?” Asimismo, el investigador plantea la pregunta de qué sucederá si los humanos no pueden resistir la tentación de “ajustar sus avatares digitales”. Esto conduciría a un mundo de “copias súper acondicionadas” o a que un mismo individuo tenga múltiples copias o clones. Y algo más, que resulta inquietante: “Puedes copiar un millón de veces a los mejores cinco programadores del mundo y con esas copias simplemente remplazar a los humanos, quienes ya no tendrían más un valor económico”, abunda el científico.

 

Negocio redituable

Henri Fantin Latour (www.oilpaintings-sales.com)

Los grandes avances en la investigación en torno a la inmortalidad, la cual cada vez está más alejada de su base utópica, van a la par de los proyectos comerciales.

En 2012, Itskov, un empresario ruso que encabeza una investigación de alta tecnología llamada “Avatar” publicó una carta en la revista Forbes con el propósito de contactar a billonarios interesados en la inmortalidad. El texto decía: “Usted tiene la capacidad para financiar la extensión de su propia vida hasta la inmortalidad. Nuestra civilización está muy cerca de crear esa tecnología: no es una fantasía de ciencia ficción. Está a su alcance asegurarse que este objetivo se logre mientras usted está vivo”.

Itskov no hizo del conocimiento público cuál sería el monto de sus honorarios por proporcionar a sus clientes la inmortalidad a través de trasplantar el cerebro humano al cuerpo de un robot en un plazo de 10 años. Pero el empresario sí se aseguró en aclarar que para cumplir este propósito ha contratado un equipo compuesto por 30 científicos.

El equipo Russia 2045, como el hombre de negocios ha bautizado a su staff, “trabaja en la creación de un centro de investigación internacional en el que líderes científicos desarrollan herramientas en los campos de la robótica antropomórfica, el modelaje de sistemas vivos y el modelaje de cerebros y conciencias, con el objetivo de transferir la conciencia individual a un contenedor artificial y así alcanzar la inmortalidad cibernética”, señala.

Itskov tiene muy claro el escepticismo que rodea a una oferta como la suya, por lo que dice estar en la mejor disposición de probar la viabilidad del concepto “inmortalidad cibernética”. La gente no quiere morir, explica, por lo que una persona con un avatar perfecto puede tranquilamente seguir siendo parte de la sociedad. Y más aún, el empresario ruso acepta que aunque de momento sus científicos enfrenan serios obstáculos –que estarán resueltos en 10 años, dice—, desde ahora puede afirmarse que su propuesta es el verdadero sueño americano.

No se requiere ser muy perceptivo para darse cuenta de que el nombre de “Avatar” que Itskov eligió para denominar su proyecto, el empresario lo tomó prestado de la película homónima de James Cameron, en la que soldados humanos utilizan el control mental para habitar cuerpos híbridos –alien y humanos— y así enfrentar a los habitantes de un mundo distante.

Pero tampoco hay que echar en saco roto las investigaciones de Russia 2045 liderado por el empresario Itskov, pues como él señala, la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa (Darpa, por sus siglas en inglés) del ejército estadounidense trabaja actualmente en un plan también llamado Avatar, que busca las formas para las tropas utilicen su mente para mediante el control remoto manejar androides que remplazarán a los soldados humanos en el campo de batalla.

Lo anterior tampoco es ciencia ficción. El artículo firmado por Rob Waugh “Russian Research Project Offers ‘Immortality’ to Billionaires” (Daily Mail. Julio 18, 2012), señala que el área de alta tecnología del Pentágono ha asignado una cantidad de 7 millones de dólares para que el proyecto llegue a buen puerto. De acuerdo con el presupuesto de 2013 de Darpa, “El programa Avatar desarrollará interfaces y algoritmos que permitan a los soldados asociarse de forma efectiva a una máquina semiautónoma y bípeda que actúe como sustituto del combatiente”.

La investigación en ambos campos continúa…