Frankenstein y los monstruos de la Ilustración

Los contemporáneos de Shelley pudieron asociar el terror del monstruo con el Terror de la Revolución francesa. Los conservadores comparaban la Revolución con un monstruo creado por el racionalismo de la Ilustración, mientras que los radicales la percibieron como una respuesta justificada al monstruoso ancien régime

POR Michael Saler

 Los contemporáneos de Shelley pudieron asociar el terror del monstruo con el Terror de la Revolución francesa. Los conservadores comparaban la Revolución con un monstruo creado por el racionalismo de la Ilustración, mientras que los radicales la percibieron como una respuesta justificada al monstruoso ancien régime

Frank_1(www.deviantart.com)

El niño puede ser el padre del hombre, ¿pero cómo una niña puede convertirse en madre del monstruo? Continuamos preguntándonos cómo Mary Shelley escribió Frankenstein o el moderno Prometeo (1818) antes de cumplir los 20 años. Es una obra sorprendente para alguien tan joven, que combina profundas disquisiciones filosóficas con melodramática sangre y truenos. Algunos la consideran la primera novela de ciencia ficción, pero como Roseanne Montillo muestra en The Lady and Her Monsters, la narrativa de Shelley acerca de la búsqueda de un científico por descubrir y aprovechar el “principio de la vida” era menos una extrapolación hacia el futuro que una fiel representación de las prácticas contemporáneas. En efecto, Frankenstein es una de las primeras novelas de horror acerca de la modernidad, que confronta directamente las inestabilidades provocadas por las revoluciones científica, industrial y francesa. Shelley parecía predestinada para esta tarea: fue hija del filósofo de la Ilustración William Godwin y de la crítica radical y pionera del feminismo Mary Wollstonecraft, así como esposa del poeta romántico Percy Bysshe Shelley. El poder de la novela radica en la a menudo lucha ambivalente de la joven autora con las respuestas a la modernidad de la Ilustración y el Romanticismo, así como con sus propios traumas relacionados con temas como la crianza de los hijos y el parto. (Su madre murió 11 días después de dar a luz a ella, y Shelley perdió a su primer hijo poco antes de comenzar el libro.)

 

Frank_2(thewildernesswithinbyjohnclaudesmith.blogspot.com)

La historia narrativa de Montillo de Frankenstein gesticula en sus dimensiones filosóficas, pero está más interesada en el acoplamiento de la biografía de Shelley con el amplio contexto científico y médico de la época. Su libro es apasionante, ya que se señala los muchos aspectos sensacionalistas que rodearon la gestación de Frankenstein y a la tempestuosa y a menudo trágica vida de Shelley. Ella detalla cómo la ambición de Victor Frankenstein para descubrir el secreto de la existencia reflejaba el objetivo de los físicos contemporáneos tan similar a la de los antiguos alquimistas. A finales del siglo XVIII, las manifestaciones de Luigi Galvani de que las ancas de las ranas muertas temblaban cuando eran estimuladas por corriente eléctrica derivaron en los intentos por resucitar cadáveres por medios similares. Shelley estaba familiarizada con el “galvanismo” a través de los intelectuales que visitaban a su padre, como el químico Humphry Davy, así como por Percy Shelley, un entusiasta de la ciencia contemporánea y de la antigua alquimia. (La mayoría de los estudiantes tenía cuartos sucios, pero Percy convirtió el suyo de Oxford en un laboratorio sucio. Un amigo caritativamente explicó que “el joven químico, con el propósito de analizar el misterio de la creación, se ha esforzado primero por recrear el caos primigenio”.)

Para estos experimentos de reanimación, los médicos necesitaban cadáveres, que escaseaban a causa de las estrictas normas legales. El robo de cuerpos, en consecuencia, se convirtió en una profesión lucrativa, sus voraces practicantes aguardaban su pago en pubs como el Fortune of War, ubicado cerca del hogar de Shelley en la calle Skinner. Como Montillo revela, el saqueo de cuerpos frescos podía ser obstaculizado mediante impedimentos populares de profanación de tumbas, que iban desde las jaulas de hierro hasta trampas explosivas alrededor de los ataúdes. Montillo también discute las figuras más proactivas como Burke y Hare, quienes evitaron el escándalo de la profanación de tumbas por el simple expediente de asesinato. Su solución, pronto adoptada por otros “asfixiadores [burkers]”, convenció a que en 1832 se legislara en favor de que la consecución de cadáveres legítimos fuera más sencilla.

El ojo de Montillo para los detalles escabrosos condimenta un potente brebaje. Una pieza del escenario involucra la causa de la infección fatal de Mary Wollstonecraft en las manos del médico que le entregó a su hija. En otras ocasiones, sin embargo, la prosa de Montillo oscila entre el Grand Guignol y la telenovela. Lord Byron, nos informa, “nunca fue divertido por las fanfarronerías de su charla femenina, y mucho menos por su sonrisa sugerente y el aleteo de sus pestañas”. Su libro no es tan sofisticado como su crítica literaria. Es difícil conciliar la afirmación simplista de Montillo de que Frankenstein “crea un autómata sin alma” con su descripción más matizada del monstruo locuaz y sensible. The Lady and Her Monsters es una introducción agradable a Frankenstein, pero en gran medida superficial. Pero abre el apetito para un compromiso más sostenido con la complejidad de la novela.

 

Frank_3El cementerio, lugar de abastecimiento de cadáveres para la experimentación médica (aaastern.wordpress.com)

The Annotated Frankenstein es un vehículo ideal para este propósito; va dirigida lo mismo a los estudiosos que están familiarizados con la novela, pero también a aquellos que la exploran por vez primera. Los editores, Susan J. Wolfson y Ronald Levao, sitúan la novela en sus contextos filosóficos, literarios, biográficos e históricos, y proporcionan ilustraciones apropiadas y apéndices útiles (incluyendo exámenes de la edición revisada de 1831 y un calendario que yuxtapone episodios de la novela con acontecimientos históricos simultáneos). Sus amplias páginas, color crema y márgenes generosos, convierten el volumen en un mundo por sí mismo, al tiempo que enfatiza las cuestiones mundanas que Shelley abordó en su asombrosa historia.

En contraste con el enfoque de Montillo en el sensacionalismo y en lo macabro, Wolfson y Levao muestran que la primera edición de Frankenstein de 1818 fue etiquetada como una novela filosófica. Publicada anónimamente, y dedicada a William Godwin, incluye más referencias a la leyenda de Prometeo y Paraíso perdido que a tópicos góticos como la sexualidad perversa y las apariciones espectrales. El monstruo puede conjuntar partes del cuerpo humano y de los animales, aunque es más fácil de recordar por ser un autodidacta que aboga por el afecto: “Su humanidad es el aspecto más sorprendente, inquietante, y en última instancia, más conmovedora del personaje”. Cuando es rechazado violentamente, el monstruo se involucra en una campaña criminal –pero Shelley culpa de esto al egoísmo de su creador y a una sociedad indiferente que se niega a identificar con una “criatura” compañera de sufrimiento.

Como lo señalan los editores, los contemporáneos de Shelley pudieron asociar el terror del monstruo con el Terror de la Revolución francesa. Los conservadores comparaban la Revolución con un monstruo creado por el racionalismo de la Ilustración, mientras que los radicales la percibieron como una respuesta justificada al monstruoso ancien régime. La novela plantea cuestiones acerca de la justicia social y las obligaciones recíprocas en la era moderna, secular, en un proceso que también condena la esclavitud. Además, Shelley criticó las relaciones de género, al igual que su madre lo había hecho en Una vindicación de los derechos de la mujer (1792). La creación de la vida en Frankenstein no era simplemente un acto de arrogancia científica, sino una exposición del patriarcado. Por arrogarse la creación de la vida sólo a sí mismo, el acto de dar vida de Frankenstein deriva en la muerte de todos los que amaba, culminando en su lucha mortal con su creación en la frialdad estéril del Ártico.

 

Frank_4Una de las muchas de portadas del libro de Mary Shelley (www.crisismagazine.com)

La primera edición de esta rica y ambigua obra no voló de los estantes. Pero fue resucitada en 1823 –esta vez publicada con el nombre de su autora— como resultado de una adaptación teatral popular que promovió al monstruo más que a la filosofía. La misma Shelley alentó esta estrategia lucrativa en su “Introducción” a una edición revisada de la novela en 1831, la cual se convirtió inmediatamente en un éxito de ventas. Ahí ella situaba la génesis de la obra en la tradición de las historias de fantasmas, recordando el verano de 1816 cuando se unió a una visita a Lord Byron en Suiza. Después de varias noches oscuras y tormentosas en las que leyeron historias de fantasmas, Byron sugirió que cada uno escribiera una propia. Shelley afirmó retrospectivamente que ella intentó escribir una que sería “intrigante y temible”.

La edición 1831 ya no estaba dedicada a su padre el filósofo de la Ilustración. En su lugar, contiene la primera ilustración del libro del “monstruo” sin nombre. Shelley advirtió que su “horrible progenie seguiría adelante y prosperaría”, cosa que sucedió, sobre todo después del estreno de la versión fílmica de James Whale en 1931. Boris Karloff tuvo una actuación conmovedora como el monstruo, ahora condenado con un “cerebro criminal” y movimientos inarticulados. La confrontación de Shelley con la modernidad fue borrada brevemente: pero nunca quedaría enterrada por mucho tiempo.

 

*Roseanne Montillo. The Lady and Her Monsters. A Tale of Dissections, Real-life Dr. Frankensteins, and the Creation of Mary Shelley’s Masterpiece. William Morrow. 336pp.

*Mary Wollstonecraft Shelley. The Annotated Frankenstein. Editado por Susan J. Wolfson y Ronald Levao. Belknap Press. 400pp.

 

Tomado de: The Times Literary Supplement. Mayo 13, 2013.

Traducción: José Luis Durán King.