POR José Luis Durán King

 En lo que fue una versión exprés de Charles Manson y su familia, tres jóvenes liderados por Daniel Remeta se juntaron para convertir el asfalto en un tiradero de cadáveres

My beautiful picture(www.photographingkansas.net)

Después de ser detenido junto con tres cómplices el 13 de febrero de 1985, Daniel Remeta enfrentó cargos de homicidio en Florida, Texas, Arkansas y Kansas. Seis semanas duró la saga de este hombre, en la que murieron cuatro personas y varias más recibieron heridas de gravedad. Con la fanfarronería que caracteriza a muchos asesinos seriales que atacan por ráfagas, Remeta buscaba ser extraditado de Kansas a Florida, para asegurarse que en este último estado “bajen el interruptor”, refiriéndose a que en Florida la silla eléctrica estaba vigente y trabajando horas extras como método de ejecución judicial.

Tanto desafío al diablo que éste le cumplió su deseo un año después. Remeta fue informado que su siguiente parada sería Florida. Sin embargo, después de varios años de estancia en el corredor de la muerte, el criminal cambió de parecer conforme se acercaba su fecha de ejecución, programada para el 31 de marzo de 1998. Tenía motivos de sobra para retractarse de lo que alguna vez dijo: que no quería envejecer en el encierro. En primer lugar, había contraído matrimonio; asimismo, estaba feliz de descubrir que por sus venas corría sangre india; también había logrado cierto éxito con sus poemas contra la crueldad al interior de las prisiones. Aunque quizá lo que lo había convencido de que morir en la silla eléctrica no era una buena decisión fue el hecho de que en marzo de 1997, durante la ejecución del reo Pedro Medina, algo falló y de repente la cabeza del ejecutado estaba coronada por el fuego.

Daniel Remeta transitó la arteria Interestatal 70, conocida como la ruta de los predadores, 2 mil 100 millas de asfalto y concreto que une a Maryland con Utah. Además de su importancia comercial, esta carretera también ha sido un tiradero de cadáveres. Por ejemplo, fue ahí donde El Asesino de la I-70 encontró a sus presas a la salida de tiendas a lo largo del camino. El criminal acabó con la vida de ocho mujeres y nunca fue capturado.

Douglas Belt, un violador y asesino atacó entre 1989 y 2002 en esa misma ruta. Fue capturado después de decapitar a una mujer y condenado a muerte. Está a la espera…

 

Líder nato

Remeta_2Remeta, sonriente durante su juicio (murderpedia.org)

Daniel Remeta siempre dijo que le gustaba matar. Hijo de padres alcohólicos, golpeado brutalmente en varios episodios de su infancia, delincuente juvenil e inquilino de correccionales, este hombre tenía un coeficiente intelectual que dejaba mucho que desear, pero también un gran carisma, una personalidad de líder que se inclinó hacia el lado equivocado.

Fue su atractivo magnético el que deslumbró a Lisa Dunn, de 18 años, al conocerlo en una fiesta en diciembre de 1984. La joven, al contrario de Remeta, provenía de un hogar conservador de clase media, con una prometedora trayectoria estudiantil que de repente se cayó. Cuando conoció a Daniel, la vida de Lisa era un caos y las calificaciones de excelencia en sus estudios dieron paso al consumo abundante de drogas y alcohol.

No se conoce con exactitud, pero aquella noche que decidieron unir sus vidas, Remeta ya traía consigo una pistola Magnum .357, sustraída del armario del padre de Lisa. En su trayecto a Disneylandia, lugar al que planearon ir y al que nunca llegaron, Daniel y Lisa conocieron a un joven llamado Mark Walter, también de 18 años, quien se unió a la travesía. De acuerdo con los testimonios de Lisa y Mark, Remeta los obligó a jugar ruleta rusa. Sin embargo, ninguno de los jóvenes decidió separarse del grupo.

El primer homicidio en el que participó el trío fue el de un dependiente de gasolinera. El botín fue de 52 dólares, aunque, como aclararía más adelante Remeta, el dinero nunca fue el motivo de las agresiones. En su periplo de seis semanas, Daniel y sus cómplices, a los que después se unió James Hunter, asesinaron a cuatro personas.

Sin embargo, el 13 de febrero de 1985, después de que las acciones delictivas de la sociedad estaban reportadas, la policía se enfrentó al cuarteto. Mark murió en el intercambio de balas, Lisa fue herida, al igual que Remeta, y Hunter capturado, apenas seis horas después de que se había unido a la aventura. Pese a este corto lapso, las evidencias señalan que Hunter disparó en uno de los homicidios. Este joven fue condenado a cadena perpetua, que no cumplió, al morir de un infarto en el corazón. Lisa Dunn, castigada a prisión de por vida, recibió la oportunidad de un segundo juicio, en el que fue liberada.

Remeta fue el único del cuarteto que llegó al final de su condena, pese a que había cambiado de opinión con respecto a ser ejecutado. Modificó su versión y dijo que él sólo había robado, pero nunca asesinado a alguien. Nadie le creyó.