Violentas

Hay mujeres que luchan día con día para que las condiciones cambien. Cabronas mujeres que salen a trabajar y luchan una y otra vez por sus derechos. A ellas seguro se les debe la despenalización del aborto, entre tantas otras ganancias

POR Severino Ortega Menchaca

Para Oniris, quien con las piernas

abiertas frente a mí lee poesía en voz alta.

Hay mujeres que luchan día con día para que las condiciones cambien. Cabronas mujeres que salen a trabajar y luchan una y otra vez por sus derechos. A ellas seguro se les debe la despenalización del aborto, entre tantas otras ganancias

(elizalives.blogspot.com)

Ya están ustedes grandecitos, cuatro irreconocibles lectores, y sabrán distinguir cuando un autor intenta tomarles el pelo y llamar la atención, y cuando quiere hablarles de algunas de las tantas inquietudes que le surgen de vez en cuando, eso si es que se atreve a ver lo asqueroso del mundo y las prácticas entre hombres y mujeres de frente; por eso es que la tarde de este viernes destapo la cuarta cerveza, enciendo el quinto cigarro y echo a volar los pensamientos tratando de encontrar una explicación a un fenómeno cada vez más recurrente, no exento de peligro, entre mujeres y hombres que van de allá para acá sin sustento alguno defendiendo algo que desconocen, hablando nada más para llenar sus propios silencios y, lo que es peor, echándonos a perder momentos que de entrada tendrían que ser inolvidables y que no lo consiguen gracias a sus imbéciles propagandas feministas. Como todos los males de hoy este también tiene su origen en las absurdas redes sociales, las cuales consiguen alejar más a los individuos, volverlos aún más estúpidos que la televisión y generarles una ridícula zona de confort donde hombres y mujeres se mueven como peces en el agua, y bajo tales circunstancias son capaces de todo, de insultar y esconder la pantalla, de tirar la palabra y guardar silencio. Que quede claro de una buena vez, para que no vengan con argumentos mediocres, que no soy el típico macho bragado que parece que bajo del caballo hace apenas unos segundos, pistola en mano, grito pelón a la mujer, exigiendo comida e hijos y buscando pleito en la primer cantina que vea abierta. Si me quieren creer lo creen; de lo contrario me da igual. Pero de eso a que cualquier hombre y mujer se arrope con la arrogancia que da el anonimato e intente enjaretarnos fotografías mal truqueadas con textos mal escritos en los que dicen defender los derechos de las mujeres, basta, porque en lugar de ayudar empeoran las cosas, porque resultan refutables a todas luces, y el más cabrón de los machitos consigue ponerlas en su lugar con argumentos igual de falaces, ya que a esto y no otra cosa se prestan las redes sociales, mientras que quien lo hace se queda callado, no tiene salida, la pescaron fácilmente, cayó en su propia trampa. Hay mujeres que luchan día con día para que las condiciones cambien. Cabronas mujeres que salen a trabajar y luchan una y otra vez por sus derechos. A ellas seguro se les debe la despenalización del aborto, entre tantas otras ganancias. A ellas también se les debe que apunten los misiles a donde deben apuntar cuando no se tientan el corazón, y no tienen por qué hacerlo, para denunciar a cualquier hijo de puta que intente hacer de cuenta que continúa viviendo en pleno siglo XVIII, pero también hay mujeres que hablan de dientes para afuera, que predican una igualdad y ni siquiera son capaces de increpar al marido cuando llega borracho, que predican libertad y en cuanto el ebrio marido amenaza con largarse de la casa van y lo agarran de los hombros, suplican; me dirán ustedes que esto tiene que ver con procesos culturales y tal vez tengan razón; se aceptan ideas, notas, sugerencias de lecturas, yo carezco de ellas y lo único que hago ahora es intentar pensar en voz alta y proporcionando ejemplos que me ha tocado ver una y otra vez; a ver, díganme ustedes, las feministas de hueso colorado, por qué la mujer empresaria de Polanco que predica en el club con sus amigas una igualdad de condiciones laborales para el hombre y la mujer, así como sus ediciones completas de la Lamas y la Beauvoir, no hace nada cuando mira a través del cristal de su camioneta último modelo cómo el policía golpea a la vendedora de elotes, cómo pasa diario a extorsionarla si no es con dinero obligándola a que sea con cuerpo, díganme qué pasa entonces, cómo es posible que viva frente a la única posibilidad de su realidad, que pase frente a lugares donde se da la trata de blanca y le dé hueva denunciar, hablar, que no consiga siquiera cambiar la perspectiva de género ya no digamos con su marido, al cual soporta, sino en la oficina, donde todos los días batalla con comentarios misóginos, y al llegar a casa se pone el delantal, lava los platos, prepara la cena, eso en el mejor de los casos, porque en el peor tendrá a una mujer menor de edad que trajo de algún remoto pueblo para utilizarla como sirvienta, que permite que su marido se la coja por las noches también obligándola y que ella la trata como una verdadera mierda mientras en las reuniones de café con sus amigas proclama que tiene una niña muy linda, eso sí, sin derechos laborales y es capaz de correrla con poco dinero en cuanto la niña tan linda sale embarazada. ¿Alcanzan a entender a lo que me refiero con estos ejemplos? Claro, la mujer que ha sido violentada desde su infancia crece creyendo que el mundo no sólo es violento sino que además cualquier tipo de violencia va dirigida contra ella, y por eso andan ahí a la defensiva, atacando a los hombres con argumentos que parecen extraídos de cualquier corte marcial, sintiéndose violentadas a la menor provocación cuando en realidad ni siquiera tienen idea de lo que significa la violencia de género, porque les da mucha hueva informarse, porque hicieron sus juicios sin estudios y sin lecturas, sin enterarse del trabajo valioso que se hace hoy en día desde las trincheras de los organismos que trabajan a favor de la mujer; mierda, mírame, ahora hablando de esos temas; a ellas bien les haría documentarse lo suficiente, contar con los argumentos para que ningún cabrón sea capaz de callarlas en las redes sociales, o en las pláticas, donde al tocar el tema de género por lo regular hacen el ridículo. Espero vaya más allá este texto de cualquier apreciación sobre mi persona, de cualquier manera no tengo nada que defender, soy viejo, he visto mundo, bebo a mis anchas todas las noches y cojo con amigas que me hacen el favor ya sea por lástima o porque en realidad gozan de mi compañía, y con ellas hablo y hablo de esto, mejores consejeras no puede tener un hombre tan miserable como yo, y a ellas, a la que hoy viernes llega por la tarde para que cojamos toda la noche dedico este texto, he dicho, qué diablos.