Cleopatra

Cleopatra era descendiente directa de Ptolomeo I, macedonio, como Alejandro Magno. Cicerón, que la conoció “y al instante le desagradó”, confirma que tenía inclinaciones académicas: “Sus promesas estaban todas relacionadas con el saber y no despectivas para mi dignidad”

POR Alfredo C. Villeda

 Cleopatra era descendiente directa de Ptolomeo I, macedonio, como Alejandro Magno. Cicerón, que la conoció “y al instante le desagradó”, confirma que tenía inclinaciones académicas: “Sus promesas estaban todas relacionadas con el saber y no despectivas para mi dignidad”

Cleopatra(sobreegipto.com)

Cleopatra es uno de los personajes históricos más fascinantes, pero su figura acaso sea la que arrastra más lagunas documentales. Su propio nacimiento, datado en el invierno de 70-69 sin corroboración alguna, exhibe el primer problema al que se han enfrentado los estudiosos, quienes llegaron a ese consenso a partir del relato de su muerte, por Plutarco (50-120), el 12 de agosto del año 30. Conflicto este que no fue obstáculo para la 20th Century Fox y el director Joseph L. Mankiewicz, que lanzaron hace 50 años la superproducción estelarizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton.

La abundancia de mitos alrededor de la reina egipcia, por supuesto, daban para más de un filme. Pero la conmemoración ofrece oportunidad de revisar algunos enigmas con base en la biografía Cleopatra, de Joyce Tyeldesley, editada por Ariel en 2008. Por ejemplo, ¿era blanca o negra? La autora opina que en Estados Unidos el reconocimiento de que la historia tradicional ha sido escrita por una élite masculina eurocéntrica ha llevado al desarrollo de la teoría de que la mujer era una reina egipcia negra cuyos logros se han reasignado a una protoeuropea blanca.

Cleopatra era descendiente directa de Ptolomeo I, macedonio, como Alejandro Magno. Cicerón (106-43), que la conoció “y al instante le desagradó”, confirma que tenía inclinaciones académicas: “Sus promesas estaban todas relacionadas con el saber y no despectivas para mi dignidad”. Plutarco, a su vez, quedó impresionado con su poco usual dominio de las lenguas bárbaras, aunque omite el latín de su lista, posiblemente porque da por hecho que toda persona culta lo habla. Pero sí cita que conversaba con etíopes, trogloditas, hebreos, árabes, sirios, medos y partos, además de dominar la lengua egipcia y el dialecto macedonio.

En el año 51, a la muerte de Auletes, el trono pasó a Cleopatra, entonces de 18 años, y a su hermano Ptolomeo XIII, de 10 años, cogobierno no exento de múltiples dificultades. “Esposo o hermano —apunta la biógrafa—, Ptolomeo, en calidad de rey, debería haber sido la parte dominante de la pareja. Pero era menor y gobernaba a través de un consejo regente, de modo que durante el primer año y medio de reinado, la mujer se convirtió en el monarca efectivo, mientras que su hermano quedó arrinconado en la trastienda”.

El episodio del encuentro de la reina con César es objeto también de debate. Su viaje a Alejandría, “secreto y poco digno”, desemboca en una historia romántica que no aguanta un escrutinio detallado, pero procede en su totalidad de la pluma de Plutarco, quien cuenta cómo el mercader siciliano Apolodoro introdujo a la mujer en palacio escondiéndola en un petate o una exótica alfombra persa de la que, al ser desenrollada, cae la chica seductoramente desaliñada y sin aliento a los pies de César.

La apariencia física de Cleopatra, más allá de si fue negra o blanca, es otro enigma debatido por más de 2 mil años. Los no expertos, dice Tyeldesley, identifican a la reina en todas y cada una de las estatuas de estilo clásico de una mujer sosteniendo una serpiente, o de pie junto a una serpiente, o llevando una pulsera de serpiente. “Hoy en día sólo una cabeza helenística ha sido más o menos universalmente aceptada como una auténtica Cleopatra, además de otras tres, propuestas y defendidas por distintos expertos. La indiscutida fue descubierta en Roma a finales del siglo XVIII y en la actualidad está expuesta en el Museo del Vaticano”.

Plutarco, que nunca la conoció, escribió: “Su belleza no era del todo incomparable, ni para sorprender a quien la miraba, pero su conversación tenía un encanto irresistible, y su presencia, combinada con la persuasión de su discurso y el carácter que imprimía, tenían algo de estimulante, además de que podía cambiar al idioma que le apeteciese”.

La autora sostiene que la Cleopatra helenística es una mujer de dudoso atractivo físico, mientras que la egipcia posee toda la belleza y serenidad de una diosa: “Al igual que sus contemporáneos griegos y romanos, los artistas oficiales nunca se proponían crear retratos realistas”. Boccaccio (1313-1375), a su vez, escribió: “Cleopatra fue una mujer egipcia que consiguió gobernar mediante el crimen. Alcanzó la gloria tan sólo por su belleza y no por otra cosa, mientras que se hizo famosa en todo el mundo por su avaricia, su crueldad y su lujuria”.

En Hollywood ganó la versión de la reina blanca, bella en extremo, con la gran Elizabeth Taylor.