Intercambio sexual y mi primer intento fallido

Lo peor que te puede pasar es soñar con alguna de tus glorias pasadas, porque entonces te despertarás lo doble de jodido, mirarás a tu lado y volverás a encontrar aquel rostro avejentado lleno de mocos y saliva que en cuanto abre los ojos te dice, buenos días, mi amor, y tú la maldices mientras te paras para sacar la primera orinada

POR Severino Ortega Menchaca

 Lo peor que te puede pasar es soñar con alguna de tus glorias pasadas, porque entonces te despertarás lo doble de jodido, mirarás a tu lado y volverás a encontrar aquel rostro avejentado lleno de mocos y saliva que en cuanto abre los ojos te dice, buenos días, mi amor, y tú la maldices mientras te paras para sacar la primera orinada

Intercambio_1(bravegirlsclub.com)

Por eso el sexo es sexo y tiene infinidad de posibilidades de conseguirse o de fracasar, por eso mujeres y hombres quedan satisfechos, salen a la calle, sonrisa en el rostro, caminan, se enfrentan al mundo, bien se puede caer a pedazos sobre cualquier mierda, pero a ellos, en cambio, nadie les quitará la satisfacción de haber tenido sexo placentero, de ese que acepta de todo sin discusiones, pues llega una edad en que una mujer y un hombre sólo pueden hacer algo entretenido en la cama y eso precisamente no es ver películas o charlar de la telenovela en turno, qué diablos, si se tiene tan cerca la posibilidad de pasarla bien y extraer placer de un cuerpo antes de que la vida nos mande al carajo, o peor aún, antes de que la imposibilidad física de procurar sexo nos lleve a largas noches solitarias en las que ya sólo voltearemos la cabeza en la almohada para decirle a la pareja en turno, ten linda noche, a sabiendas de que ya bajo el techo de esa recámara sólo duerme la frustración, pues también se va el antojo, las ganas, y en los hombres puede parecer peor cuando ya ni siquiera consigues una modesta erección, si es que antes no te viste hábil para recurrir a otros mecanismos placenteros, entonces sí estás jodido, duermes y duermes, y lo peor que te puede pasar es soñar con alguna de tus glorias pasadas, porque entonces te despertarás lo doble de jodido, mirarás a tu lado y volverás a encontrar aquel rostro avejentado lleno de mocos y saliva que en cuanto abre los ojos te dice, buenos días, mi amor, y tú la maldices mientras te paras para sacar la primera orinada cuando entiendes que nada pueden tener de buenos unos días si ni siquiera se te para.

Aprovechar las oportunidades que se tengan y no dejarlas pasar es la máxima sentencia no de un griego y sí de este hombre mediocre que aún consigue entusiasmarse con un buen par de tetas, con unas redondas y suaves nalgas y con unos labios que en lugar de dar los buenos días por la mañana te pidan otro trago de whisky barato o te ordenan que armes el primer cigarro de marihuana. Pero lo que quiero contarles sucedió años atrás en la historia, como dicen los cursis con malos cursos de redacción, andaba yo por los veinte, puede que por los treinta, y me enamoré de una mujer alcohólica a la que por apodo puse la muchacha ebria pues su carcajada era igual a la que señala Efraín Huerta en su poema; de rostro un poco afilado y quijadona, con una sonrisa de dientes hermosos, pelo largo y negro hasta la cintura, labios no tan cómodos para besar y sí para el sexo oral, y con dos enormes tetas, cuyos pezones tenían por particularidad que uno era de mayor tamaño que otro, vayan ustedes a saber por qué ocurren esas cosas, pero ocurren, no me tachen de mentiroso, así que cuando me iba bien y los alcanzaba a chupar uno de ellos crecía más que el otro, y aunque siempre tuve ganas de preguntar por qué demonios ocurría tal cosa no lo hice por temor a ofenderla; cuando andas con alguien con tales virtudes sólo puedes concretarte a beber y beber hasta caer en cualquier sillón, banqueta o donde se pueda, ron barato con agua de la llave y mucho hielo, música de Óscar Chávez y los Rolling; ella vivía con sus padres, por lo que si se nos hacía tarde llegábamos a su casa, tenía que esperarme unos cuantos minutos afuera y entonces ella me hacía una señal para pasar justo cuando sus papás ya dormían la mona, cruzaba un patio con algunas jaulas llenas de canarios dormilones y entraba en a su recámara, la cual estaba aparte de la casa, y entonces bebíamos ron con refresco de manzana, cogíamos durante buena parte de la noche y la mañana nos encontraba ebrios.

 

Intercambio_2(d33pdutta.blogspot.com)

Ella tenía que salir, pues los sábados cuidaba del departamento de una de sus hermanas, así como de sus dos hijos, se iba no sin antes decirme que me tenía que esperar a que dieran las nueve de la mañana, porque su mamá se levantaba bien temprano a dar de comer a los malditos canarios y su papá se iba a trabajar, luego, agregaba, mi mamá se va al mercado, aprovecha ese momento para salirte de la casa, se iba y me quedaba ahí, con media botella de ron y un refresco de manzana, sin hacer nada de ruido, sin ni siquiera moverme en la cama, tal era el miedo a que su mamá me fuera a descubrir, desde ahí escuchaba cómo hablaba con los canarios, mierda, cómo hasta les cantaba canciones esperando que ellos le hicieran coro, no sé, entonces salí de la casa cuando la mamá cerró la puerta para largarse al mercado, me eché a caminar por la avenida, botella en la bolsa trasera del pantalón y llegué hasta donde estaba el departamento de su hermana, la cual en esa ocasión no se había ido, al contrario, ella y su esposo ya tenían unos cuantos doce packs de cervezas y una botella de vodka más la que yo llevaba, preparaban un grasiento desayuno y me invitaron a beber en cuanto abrieron la puerta y vi sentada en uno de los sillones de la sala, sosteniendo en las piernas a una de sus sobrinas, a la muchacha ebria.

Bebimos durante todo el día, y el idiota del marido, al caer la noche, ya estaba mucho más borracho que todos, obeso de pelo rubio, lentes de pasta y con una redonda cara poblada con barba y algunas cicatrices de acné, iba de allá para acá sosteniéndose de los sillones, gritándole a su esposa que nos diera algo de botana, mientras aseguraba que yo le caía bien, que era buen bebedor, y mientras yo no hacía otra cosa que ver a su esposa, es decir a mi cuñada, pues llevaba un pantalón tan ajustado que era imposible no voltear a verla cada que pasaba al frente, y la muchacha ebria ya dormida en el sillón de enfrente, a punto de caer, sostenida tan sólo por un cojín que parecía hacer de mediador entre el suelo y su cabeza, entonces el gordo me dijo hay que llevarla a la cama, se puede caer, y así lo hice, la sostuvimos hasta llevarla a la recámara, y al salir me acorraló contra la pared y me dijo, sin más, me gusta mucho ella, señalando la puerta, déjame entrar y tú métete con mi esposa, así que aquel tipo además de obeso y con un ridículo rostro pensaba que yo estaba borracho y estúpido, y que tales cualidades eran suficientes para que se aprovechara de la muchacha ebria dormida, obvio le dije que no, aunque me lo pensé al recordar el trasero de la esposa, imbécil de cuatro pesos, tomé el vaso y se lo reventé en la cabeza, por lo que comenzó a dar de gritos y gritos mientras le escurría la sangre por la frente, la nariz, la boca, fue motivo suficiente para que me corrieran de la casa, su esposa, la muchacha ebria, despierta ya por el escándalo, y el obeso llorón, el cual se consolaba embarrándose un algodón con alcohol en la cabeza, salí e intenté explicar todo, la familia se había puesto de acuerdo tal vez para conjurar en mi contra, eché a andar, en el primer semáforo volví el estómago y jamás volví a ver a la muchacha ebria.