El diablo y el señor Holmes

La madrugada del 1 de julio de 1981 un comando ingresó a la casona de Wonderland. Los intrusos llevaban consigo tubos de acero. John Holmes siempre negó su participación en el multihomicidio, aunque su primera esposa declaró que la mañana del 1 de julio, John llegó a casa con la ropa manchada de sangre

POR José Luis Durán King

 La madrugada del 1 de julio de 1981 un comando ingresó a la casona de Wonderland. Los intrusos llevaban consigo tubos de acero. John Holmes siempre negó su participación en el multihomicidio, aunque su primera esposa declaró que la mañana del 1 de julio, John llegó a casa con la ropa manchada de sangre

HolmesBis(www.corbisimages.com)

Fue el amo indiscutible del cine porno. Un argumento contundente lo avalaba: un pene que, erecto, según dicen quienes lo vieron y midieron, alcanzaba 35 centímetros. John Holmes tenía un monstruo entre las piernas, capaz de generar enormes ganancias en la industria de las películas para adultos.

Hombre de ambigüedades, de verdades a medias, de mentiras completas, Holmes era como un Dionisio, bisexual, bacanalesco, proveniente de dos puertas, de dos historias. Por un lado decía que nació en Nueva York, que fue educado y alimentado por una tía adinerada. En esa versión incluso afirmaba tener maestrías de medicina y ciencias políticas en la Universidad de California Los Ángeles. Lo cierto es que John Holmes, nombre “artístico” de John Curtis Estes, era un campirano de Ashville, Ohio, educado por una madre sumamente religiosa y un padrastro alcohólico que sentía una violenta aversión por John.

En cuanto pudo –después de abandonar la escuela a los 16 años, de enlistarse en el ejército y de votarlo al diablo también— llegó a Los Ángeles y de ahí juró que sólo saldría con los pies por delante, lo que ocurrió más pronto de lo que él mismo hubiera imaginado. Pero los biógrafos nuevamente enfrentan obstáculos cuando intentan explicar cómo arrancó la carrera de actor porno del señor Holmes. Algunos dicen que un fotógrafo lo descubrió durante el descanso de un anuncio para bronceadores. Otras personas señalan que fue una vecina la que le pidió actuar en una película porno de aficionados en 8 milímetros. La mujer literalmente se fue de bruces cuando vio aparecer aquel prodigio palpitante en la bragueta de John Holmes.

A quien no le impresionaban mucho los alcances de Holmes era a Sharon Gebenini, su primera esposa, una enfermera, que conoció al que sería su cónyuge cuando éste era conductor de ambulancia. Ambos vivieron aproximadamente seis años de una vida convencional, hasta que Holmes adquirió el hábito de medirse el pene con una cinta métrica. Fue el preludio a las primeras cintas porno de bajo presupuesto, dirigidas por Bob Chinn, donde el joven actor sostenía relaciones lo mismo con mujeres que con hombres. Hasta ahí llegó el matrimonio de Sharon y John, aunque la mujer cuidó del que fue su pareja sentimental hasta el final.

 

El otro lado del espejo

Holmes_2(duke-de-alba.blogspot.com)

Al comenzar los años 70, considerada la época de oro del cine porno, Holmes inició un arduo camino hacia la fama, no exento de sobresaltos, ya que en esos años la producción de cine XXX era considerada un delito. En ese mundo, dominado por los mandos medios de la mafia, reducto de adictos a la heroína, enfermos mentales, prostitutas, Holmes sobresalió e impactó al público más exigente con su colosal instrumento. Aunque el tamaño en este caso sí importó, el actor tenía otras virtudes, como “mantener una erección casi indefinida”, lo que era un logro bastante estimado en una industria que para una escena de cuatro minutos requiere de una erección de al menos una hora.

En 1983, durante una entrevista, un macilento John Holmes, lejos de los fulgores de la fama, aún tenía motivos para enorgullecerse de sí mismo. En un acto de sinceridad, o quizá en una más de sus exageraciones, dijo que en su carrera tuvo relaciones sexuales con alrededor de 14 mil mujeres, incluyendo las viejas y jóvenes que pagaron por sus servicios y cuyos registros no aparecen en los créditos de las películas. Quién sabe. Una realidad es que Holmes cobraba 3 mil dólares por un día frente a las cámaras.

 

Cabezas pulverizadas

En 1976 Holmes conoció a una joven de 16 años llamada Dawn Schiller. Fue quizá el amor en la vida del actor, un amor a su manera, pues cuando las cosas se pusieron difíciles no tuvo objeción de que su amada filmara varias películas para adultos. Y los tiempos difíciles estaban plenamente instalados al comenzar los años 80. Para 1981, Holmes fue arrestado por robar una computadora. ¿Y la fama? ¿Los sueldos de 3 mil dólares? Ahora, John Holmes era un adicto a la cocaína, incapaz de lograr una erección, que había perdido casi 20 kilos por dar prioridad a la droga en detrimento de la comida. Su constante búsqueda de droga lo hizo convertirse en una especie de mascota para los residentes del número 8763 de la avenida Wonderland. Ahí todos eran adictos y no había límites para la velocidad en el consumo de drogas. La “megafarmacia”, como se conocía al lugar, abría las 24 horas y se traficaba sin recato cocaína, heroína e incluso golosinas como la mariguana. Ahí también llegaba, cada vez más frecuentemente, un poderoso dealer de las drogas llamado Eddie Nash, quien se hizo amigo de Holmes.

La madrugada del 1 de julio de 1981 un comando ingresó a la casona de Wonderland. Los intrusos llevaban consigo tubos de acero. Las cabezas de los dueños de la casa de Wonderland –Joy Audrey Miller, William R. DeVerell, Ronald Lanius (quien sobrevivió), además de dos mujeres que habían llegado de visita— fueron, “pulverizadas”. El robo de joyas, efectivo y drogas fue el motivo del crimen. Antes de la carnicería, Holmes había robado el producto de dos entregas. Fue castigado y su deuda la asumió Eddie Nash. Holmes y Nash fueron los principales sospechosos. John Holmes siempre negó su participación en el multihomicidio, aunque su primera esposa, Sharon Gebenini, declaró que durante la mañana del 1 de julio, John llegó a casa con la ropa manchada de sangre, aduciendo que había sufrido un accidente. Cash pagaría la cuenta total de los platos rotos.

Los asesinatos de Wonderland dieron un nuevo aliento a la carrera de Holmes, pero fue insuficiente, el daño estaba hecho y su portento ahora era un apéndice inútil, una carga moral difícil de arrastrar. Holmes murió de sida una noche de sábado, el 13 de marzo de 1988. Apenas tenía 43 años… muy bien vividos.