Guillermo, el de la barba

Su hogar y espacio de trabajo está repleto de libros por todos los cuartos, así como de fotografías y carteles, discos de Los Tres Ases, colección de cajetillas de cigarros y de artesanías antiguas de las que incluso se desprende fácilmente si acuerda venderlas

POR Teófilo Huerta

 Su hogar y espacio de trabajo está repleto de libros por todos los cuartos, así como de fotografías y carteles, discos de Los Tres Ases, colección de cajetillas de cigarros y de artesanías antiguas de las que incluso se desprende fácilmente si acuerda venderlas

SamperioGuillermo Samperio (terrenosimpracticables.wordpress.com)

Fue un encuentro un tanto fortuito.

El pretexto era compartir mi libro de cuentos con un gran cuentista, entregar un ejemplar y saludarlo.

Pero la charla se extendió por una hora entre dos cafés capuccinos.

Como no puedo traicionar ni la confianza de Guillermo Samperio, que me recibió muy gentil en su departamento de la Narvarte, ni tampoco la de mi vocación periodística; tendré que develar y compartir mi encuentro con algunas referencias sustantivas y sin respuestas concretas al no haber sido una entrevista ex profeso.

Es pues esto la aproximación a una semblanza instantánea.

Mi primera sorpresa fue pensar que me recibía el mismísimo José Revueltas, pero caí en la cuenta de que no había solicitado una cita en el más allá. Y es que en mi cabeza llevaba la imagen de una fotografía de Guillermo cincuentón y de pronto me encontré con el hombre de 64 años, melena totalmente blanca y una barba bien crecida. Vacilé en romper el “turrón”, pero Guillermo fue enfático en ello. Su hogar y espacio de trabajo está repleto de libros por todos los cuartos, así como de fotografías (desde el Sub Marcos hasta de Porfirio Díaz) y carteles, discos de Los Tres Ases, colección de cajetillas de cigarros y de artesanías antiguas de las que incluso se desprende fácilmente si acuerda venderlas.

Mi segunda sorpresa fue la de sentirme frente a José Luis Cuevas cuando por mis manos pasó una carpeta con dibujos cuyos trazos me parecieron dignos del “Cuevario”; no obstante se trataba de una muestra de la faceta como dibujante de Samperio, quien también ha realizado exposiciones al respecto.

Desde la sala en que conversamos, aprecio la mesa donde Guillermo imparte dos veces a la semana un taller de narrativa, que también está dispuesto a impartirlo fuera de sus muros; “no tengo ningún problema con mi barba: puedo quitármela sin problemas y vestirme de saco…”, dice sonriente.

En el poco tiempo que lo veo fuma un par de cigarrillos y le escucho la convicción del sacudimiento cerebral que significa escribir y de cómo siente correr la sangre por sus venas al trazar un dibujo. Es pues un hombre comprometido con su oficio y apasionado de lo que hace.

Convencido de que se ha realizado como hombre, padre y hasta deportista, tomó la decisión en sus 50 de dedicarse de tiempo completo a escribir durante una década, y eso es lo que actualmente realiza. Su más reciente obra ha sido ¿Te acuerdas, Julia? Está por publicar “La mujer vestida de negro” y una obra más con una editorial poblana.

Al salir de su depa veo justo una foto suya cuando tenía unos 40 años y lamento no haberle conocido desde antes. Me despide con sincero afecto y todavía me regala unas palabras en que pondera la sencillez… justo la que él transpira.