La “Síntesis de todas las Artes”, según Richard Wagner. El oro del Rin

El poema fue escrito empezando por el final y de deducción en deducción. El plan total nos presenta en grandioso conjunto toda la poesía de la mitología nórdica, conservando el carácter vago que permite acentuar, sin desvirtuarlo, el elemento humano del mito, y dando a la creación una gran idea filosófica que domina en toda ella

(Primera Parte)

POR Fernando Montoya

 A Pablo Porras, gran amigo wagneriano

 El poema fue escrito empezando por el final y de deducción en deducción. El plan total nos presenta en grandioso conjunto toda la poesía de la mitología nórdica, conservando el carácter vago que permite acentuar, sin desvirtuarlo, el elemento humano del mito, y dando a la creación una gran idea filosófica que domina en toda ella

Nibelungo_1(www.nytimes.com)

Preámbulo

Quienes estamos inmersos en el mundo de la ópera, entendemos que existen momentos donde de un compositor llega a nuestras vidas. Hoy por hoy, el mundo de Richard Wagner (Leipzig, Alemania, Mayo, 22, 1813–Venecia, Italia, Febrero 13, 1883) ha tocado las puertas justo a 200 años de su natalicio y fue su Tetralogía (“El oro del Rin”, “La valkiria”, “Sigfrido” y “El ocaso de los dioses”) la que captó inmediatamente mi atención. Una producción en particular se recomienda: “El anillo del nibelungo” desde el Palau Reina Sofía de Valencia, con la Orquesta de la Comunitat Valenciana dirigida por Zubin Mehta y la dirección de escena a cargo de la magistral imaginación de La Fura dels Baus.

Para llegar a comprender la Tetralogía en su conjunto hay que empezar necesariamente por el principio de este vasto drama. Aunque al lector pueda parecerle obvio, debe resaltarse este aspecto si lo que se persigue es la comprensión del fenómeno wagneriano en toda su magnitud. Cualquier oyente novel estaría tentado a dejarse encandilar por melodías tan bellas e inspiradas como la ‘Cabalgata de las valquirias’ o la ‘Marcha fúnebre de Sigfrido’, pero esta práctica irresponsable tan sólo le proporcionaría una información sesgada y un placer psicológico-musical transitorio, muy alejado de cualquier pretensión de disfrutar plenamente con la obra wagneriana que nos ocupa ahora.

 

¿Por dónde empezar? El ‘Leitmotiv’ y la Tetralogía

El propio Wagner declaró antes del estreno de la obra: “Apenas hay un compás en la partitura que no esté desarrollado sobre temas anteriores”.

Por desgracia, esta tajante afirmación del genio musical de Leipzig ha sido manipulada deliberadamente durante décadas, llevando a cometer crasos errores con sus frustraciones correspondientes. El compositor alemán jamás habló explícitamente del “Leitmotiv” (o motivo conductor), ni tan siquiera elaboró deliberadamente temas que pudiesen ser perfectamente reconocibles y atribuibles a unos personajes o a unos sentimientos concretos y aislados del resto del “Gran Drama” de la Tetralogía.

La técnica melódico-musical empleada por Wagner busca el desarrollo individual y la fusión de unos temas con otros precedentes o posteriores en perfecta simbiosis. Una célula melódica era deliberadamente introducida en diferentes partes de un mismo acto para llamar la atención del oyente sobre un instante particular e irrepetible, que estaba asociado con otros instantes pretéritos o futuros en la trama. Lo que el músico alemán pretendía era que fuese más sencillo por parte del público comprender y seguir el drama escénico mediante una música puesta al servicio de la trama sin ser necesariamente ‘esclava’ de la acción dramática. Por ello, intentar aprender de memoria e identificar los diferentes temas tan sólo conseguirá que el oyente ‘fragmente’ su pensamiento y tienda a intentar ‘dividir’ y ‘segregar’ en vez de ‘integrar’ y ‘aunar’ –propósito último de Wagner—. Al igual que un anillo físico –el objeto en sí—, la Tetralogía del “Anillo del nibelungo” presenta una estructura cíclica, y en el principio de la misma (“El oro del Rin”) ya puede atisbarse el final de todo el drama.

 

El oro del Rin

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Por la exageración y desfiguración indicadas, algunos han pretendido hallar en el “Anillo del nibelungo” doctrinas filosóficas o sociológicas. Algunos han visto en él un drama socialista que condena el capital, otros han descubierto la exaltación del paganismo, del anarquismo, etcétera. La tetralogía es muy compleja y, naturalmente, en uno u otro punto pueden sugerir algunas de estas cosas, pero no existe en esencia nada de ello que pueda ser considerado como doctrina de una obra que esencialmente es: música y poesía.

La mitología escandinava, algunas “sagas” o leyendas populares del mismo origen y, en menor parte, la epopeya germánica Nibelungelied, son las fuentes en las que Wagner halló los elementos primarios para componer el poema de su obra.

Las leyendas nórdicas más antiguas se remontan a unos mil años antes de Cristo. Se formaron al establecerse en las regiones escandinavas aquella rama germánica de los pueblos arios procedentes de Asia. Muy posteriormente hacia el siglo X de nuestra era, los audaces normandos que llegaron a América cinco siglos antes que Colón llevaron a Islandia tales mitos y sagas. En aquella isla volcánica se conservó esa mitología, misteriosa y dramática, como el paisaje que evoca. Allí, a fines del siglo XI, el monje Seamund Sigfusson, llamado El Sabio, compuso con el antiquísimo folklore un poema al que denominó Edda.

La leyenda en la que se basa la epopeya de los nibelungos y que deriva del segundo “Edda”, es así: Sigurd, en posesión del tesoro de los nibelungos y en busca de aventuras, llega al país del rey Gjuki. Gudrun, princesa del reino, ofrece a Sigurd un filtro que borrará toda la memoria del héroe, haciéndole olvidar a su amada Brynhild. Así, Grudrun se casará con Sigurd. A su vez, Gunar (hermano de Grudrun) desea a Brynhild, que mora en un castillo rodeada de fuego. Sigurd con su caballo atraviesa el fuego y, tomando el aspecto de Gunar gracias a un yelmo mágico forjado por el enano Alberich, gana a la mujer para Gunar. Cuando Brynhild descubre que es su propio amante el que la ha entregado a Gunar planea su venganza, que consiste en el asesinato del héroe Sigurd. Una vez que Sigurd ha sido asesinado, Brynhild, para no sobrevivirle, se suicida hundiéndose una espada en el pecho.

En 1845, como es sabido, y mientras Wagner terminaba su “Lohengrin”, se fijó por vez primera en el asunto del Nibelungenlied como base de un poema dramático, entonces circunscrito tan sólo á la historia de Sigurd, el héroe germano-escandinavo cuyo trágico final nos cuenta la epopeya alemana “Los nibelungos”.

Tres años después, concluido “Lohengrin” y cuando definitivamente abandona el maestro los asuntos históricos, la figura de Sigurd vuelve á herir su imaginación con tal insistencia que decide por fin comenzar su poema.

El primer plan de Wagner se refería exclusivamente a la catástrofe del Nibelungenlied (al final desastroso que cuenta la epopeya) y se titulaba “La muerte de Siegfried”. Pero la composición definitiva del poema no se hizo hasta el periodo del refugio en Zürich, después de los acontecimientos revolucionarios de Dresde.

Pero “La muerte de Siegfried” no era suficiente. Wagner se dio cuenta de que la historia y sus elementos no quedaban bien explicados. Así pues, emprendió un nuevo poema que iría antes del anterior: así nació “El joven Siegfried” y el proyecto ya se convirtió en una dilogía donde los principales elementos de la leyenda aparecían ya claramente determinados: tales son, el tesoro de los nibelungos, los males que su posesión ocasiona y la deslumbrante figura del héroe que simboliza el hombre sincero desligado de la mentira del mundo.

 

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Estas dos óperas, además de estar conectadas por el argumento, lo estarían también musicalmente mediante la utilización de motivos armónicos conductores. Estos motivos musicales que ya habían servido a Wagner para dar unidad dramática a una sola obra, quería que ahora le sirvieran para configurar la unidad dramática de dos óperas.

De forma muy resumida se puede decir que la historia inicial que quería explicar Wagner era la siguiente: el héroe Siegfried debe recuperar un anillo de oro que han fabricado los nibelungos tras robar el mineral de las aguas del Rin. Siegfried tiene que devolver ese anillo a las hijas del Rin, pero no lo consigue y muere. Pero esta historia planteaba una serie de interrogantes: ¿Por qué es un héroe Siegfried? ¿Por qué recupera el anillo? ¿De dónde sale ese anillo? ¿Por qué es tan importante el anillo? ¿Quiénes son los nibelungos? ¿Quiénes son esas hijas del Rin?

Wagner se dio cuenta de que si no explicaba los hechos mitológicos que dan origen a la historia de Siegfried, la gente no iba a entender nada de nada. En ese momento decide cambiar su idea inicial de una dilogía por una trilogía anteponiendo la obra “Die Walküre” a sus dos óperas ya planteadas anteriormente. Esta obra serviría para explicar quién es Siegfried y por qué él es precisamente el encargado de recuperar el anillo. Pero esta decisión no fue aún suficiente, pues Wagner se dio cuenta de que necesitaba todavía más. Era necesario añadir un prólogo (“Das Rheingold”) que, dejando de lado a Siegfried, explique el origen mitológico de este anillo. Es decir, por qué lo forjaron los nibelungos, quiénes son los nibelungos y por qué el oro del que se forjará el anillo está depositado en las profundidades del Rin.

El sueño wagneriano que llevaba gestándose casi cuatro décadas se vio por fin materializado el 22 de septiembre de 1869 en el Hof-und-National Theater de Munich (Estado de Baviera). El estreno del ‘drama-prólogo’ “Das Rheingold” servía como punto de partida a la gigantesca producción de nuestro protagonista.

Después de esta larga gestación intelectual comenzó la redacción definitiva del drama musical. El poema fue escrito empezando por el final y de deducción en deducción. El plan total nos presenta en grandioso conjunto toda la poesía de la mitología nórdica, conservando el carácter vago que permite acentuar, sin desvirtuarlo, el elemento humano del mito, y dando a la creación una gran idea filosófica que domina en toda ella. Más de un año invirtió Wagner en la redacción definitiva de su poema, realizada entre desalientos y crisis de nervios que hacían sufrir no poco al desterrado.

 

Personajes principales

Wotan

 

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“En la altura de las nubes moran los dioses: Valhalla

llámase su morada. Son alfes luminosos. Wotan […] rige

la hueste: Con una sagrada rama del fresno del mundo,

hízose una lanza. Marchitose el tronco, pero la lanza

jamás se seca. Con su punta impera Wotan. Runas de

sagrados pactos grabó en el arma. Su poseedor gobierna

el universo: el puño de Wotan la aferra y ante él se

inclinaron los nibelungos y los gigantes. ¡Todos obedecen

por siempre al poderoso señor de la lanza!”

“Siegfried”, acto I, Escena II (Der Wanderer)

 

El dios principal de la mitología y religión nórdica. Odín fue equiparado por los romanos y por los pueblos germánicos que estaban en contacto con el dios Mercurio, lo cual hizo posible que los pueblos germánicos, al adoptar la semana romana y con ella los nombres de los días, acuñaran la palabra Wōðanes daγaz para decir Dies Mercurii, es decir miércoles.

Odin (Wotan) es el dios del conocimiento; sacrificó uno de sus ojos en el pozo de Mimir para acceder a la sabiduría. Paradójicamente y a la luz de los acontecimientos posteriores, al sacrificar uno de sus ojos, Odin (Wotan), en lugar de incrementar su sabiduría, sólo consiguió reducir la luz de su conciencia.

Dicha sabiduría le concedió conocer el secreto de las runas. Éstas son la lengua de los poetas y los caracteres tallados en madera, piedra, las hojas de las espadas, los vasos de los caballos y son el origen de todo conocimiento y de cada fuerza.

Odin (Wotan) está asociado también a los engaños y a las trampas, y se relata que viajó por la tierra como un hombre viejo, tuerto y con barba gris. Ambas situaciones se plasman también en la tetralogía wagneriana, pues Wotan y su raza serán víctimas de sus propias artimañas, engaños y falta de honradez, y en la segunda jornada (“Siegfried”) viajará por la faz de la tierra, no ya como dios interviniente sino simplemente como viajero observador.

 

Fricka

 

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“Ruda tormenta debes resistir: Fricka, tu esposa, se

acerca en su coche tirado por carneros”

Die Walküre, Acto II, escena I (Brünnhilde)

 

Frigg (Fricka) es una de las más importantes diosas de la mitología nórdico-germánica, esposa de Odin (Wotan), reina de los Æsir y diosa del cielo. Es la diosa de la fertilidad, el amor, el manejo del hogar, el matrimonio, la maternidad y las artes domésticas.

En Wagner, el personaje juega un papel decisivo cuando en la escena I del acto II de la primera jornada (“Die Walküre”) obliga a su marido Wotan a velar por el matrimonio de Siegliende y Hundig y a robarle la victoria en la batalla a Siegmund. Hechos que serán cruciales para el desarrollo posterior del drama.

 

Freia

 

“Manzanas doradas crecen en su jardín, y sólo ella sabe

cómo cuidarlas.”

Das Rheingold, Escena II (Fafner)

 

En los Eddas, Freyja (Freia) es descrita como la diosa del amor, la belleza y la fertilidad. El nombre Freyja deriva de una palabra germánica cuyo significado es “señora”. De igual modo que los latinos consagraron el viernes a Venus, los germanos lo denominaron Freitag, en honor a la diosa Freyja (Freia). Para Wagner, Freia se convierte en la diosa de la juventud. En su jardín cultiva manzanas que dan la juventud eterna a los dioses que comen de ellas. Wotan la ofrecerá como pago para pagar la construcción del Valhalla a los gigantes. Justo en el momento en que los gigantes se llevan a Freia empieza la decadencia de la raza de los dioses.

 

Loge

Un mito complicado y doble es el de Loke, Loki o Logi (Loge). Primero es un gigante colosal enemigo de los dioses y después se convierte en una divinidad inferior, hipócrita y mentirosa que se vale de sus astucias para resolver los problemas de los dioses. Es un espíritu huidizo y sutil que domina el fuego y la mentira. En este sentido su nombre Logi o Loge, según Wagner, puede relacionarse con Lohe (llama en alemán) o con Lüge (mentira en alemán). Wagner, en el prólogo de la Tetralogía (“Das Rheingold”), hace jugar al personaje muy astutamente con dichas palabras.

Se trata de un dios rencoroso y vengativo que odia a los dioses superiores por su situación de inferioridad hacia ellos. Es curioso observar cómo ya en tiempos de la conversión cristiana de los pueblos escandinavos las características de este dios se conservaron para asimilarlas a los rasgos del diablo.

 

Los nibelungos

 

Title: NIBELUNGEN, DIE (1923/4) ¥ Pers: SCHON, MARGARETE  /  LOOS, THEODOR ¥ Year: 1923 ¥ Dir: LANG, FRITZ ¥ Ref: NIB001AP ¥ Credit: [ DECLA-BIOSCOP / THE KOBAL COLLECTION ](oldhollywood.tumblr.com)

 

“En lo profundo de la tierra viven los nibelungos.

Nibelheim es su patria; son alfes negros. Alberich fue en

un tiempo su señor. La irresistible fuerza de un anillo

mágico subyugó al laborioso pueblo, que amontonó para

su dueño un rico tesoro capaz de conquistarle el mundo

Siegfried, acto I, escena II (Der Wanderer)

 

Los nibelungos del poema wagneriano guardan poca relación con los legendarios. Se habla únicamente de ciertos gnomos que acumularon un inmenso tesoro para sus reyes. Uno de ellos fue Nibelung. En seguida se aplica el mismo nombre a los poseedores de aquellas riquezas. Más tarde, cuando Siegfried conquista dichas riquezas, se convierte en el Nibelungo. Wagner se distancia aquí de las fuentes mitológicas y considera nibelungos sólo a los enanos que viven bajo la capa de la tierra, hijos de las tinieblas y enemigos de los dioses bajo el mandato de Alberich.

Los dos enanos o gnomos que aparecen en “El anillo” wagneriano son los hermanos Alberich y Mime. Alberich se correspondería en la mitología nórdica con Andvari: un enano que vivía bajo una cascada y tenía el poder de convertirse en un pez a voluntad. Tenía un anillo mágico llamado Andvarinaut (El anillo del Nibelungo). Del mismo modo que pasa en “El anillo”, Loki (Loge) lo capturó y lo forzó a entregarle su oro y su anillo. Andvari (Alberich) maldijo su anillo con la amenaza que éste destruiría a quien lo poseyera.

Mime se correspondería en la mitología nórdica con Regin: un enano que se convertiría en el padre adoptivo de Sigurd (Siegfried). Forjó una maravillosa espada para su hijo adoptivo pero rápidamente se rompió. Sigurd (Siegmung) encontró entonces la espada rota de su padre (Siegmund), Gram (Nothung), y la hizo reparar por Regin y la usó para matar al dragón que custodiaba el oro y el anillo.

 

Los gigantes

 

Nibelungo_7(www.reproarte.com)

 

“Sobre el dorso de la tierra pesa la raza de los gigantes.

Riesenheim es su país. Fasolt y Fafner, príncipes de la

tosca raza, envidiaron el poderío del Nibelungo. Ganaron

el gran tesoro, logrando también el anillo. Por ello hubo

guerra entre los dos hermanos. Cayó Fasolt. Ahora

convertido en salvaje dragón, guarda Fafner el tesoro”

Siegfried, acto I, escena II (Der Wanderer)

 

Los Jötunn (gigantes) eran una raza mitológica de fuerza sobrehumana, eran opositores de los dioses y muchas veces luchaban contra ellos. No obstante, a pesar de ello frecuentemente se mezclaban o incluso se casaban con ellos. Vivían en Jötunheim, uno de los nueve mundos en la cosmología nórdica, el mundo de los hombres, por altas montañas y densos bosques.

Los gigantes representan las fuerzas del caos primitivo y de la indomable, destructiva naturaleza. Generalmente tenían una apariencia física espantosa (garras, colmillos y características deformes) y un tamaño desproporcionado. Wagner hace de esta raza una muy libre adaptación. Primero cambiando el nombre de su país por el de Riesenheim41 y seguidamente dándoles dos nombres (Fasolt y Fafner) que no se corresponden con ninguno de los nombres de los gigantes mitológicos sino con otros personajes que pertenecerían a la reza de los enanos (nibelungos). Con los gigantes, Wagner no sólo adapta libremente y a su conveniencia los mitos, sino que los mezcla tomando de cada fuente aquello que más le interesa y se adapta al modo en que él quiere contar la historia. Por ello, y con la finalidad de no alargarnos demasiado intentando encontrar conexiones muy complejas y que requerirían de mayor espacio, explicaremos sólo que los dos hermanos gigantes wagnerianos son a menudo descritos como encarnaciones de Caín y Abel, como veremos más adelante.