Redescubren a Hans Thoma, pintor glorificado por los nazis

Fue famoso por pintar paisajes de la Selva Negra, escenas mitológicas, religiosas y relativas a óperas de Wagner. Nueve años después de su muerte en 1924 el nazismo se apropió de su legado y lo erigió como ejemplo de artista alemán

POR Helena Celdrán

Fue famoso por pintar paisajes de la Selva Negra, escenas mitológicas, religiosas y relativas a óperas de Wagner. Nueve años después de su muerte en 1924 el nazismo se apropió de su legado y lo erigió como ejemplo de artista alemán

ThomaTres sirenas (Hans Thoma – Städel Museum, Frankfurt. ARTOTHEK)

Con numerosos cuadros de temática mitológica y religiosa y escenificaciones de las óperas de Richard Wagner, el pintor y diseñador alemán Hans Thoma (1839–1924) proporcionaba al público los valores y la iconografía para construir una identidad nacional. Alemania era joven, sólo en 1871 fue unificada como un Estado-nación. El romanticismo, la corriente artística dominante en el siglo XVIII, había allanado el camino al misticismo y a la idealización de los paisajes y las herencias pangermánicas que ahora enorgullecían al pueblo recién unido.

El museo Städel de Frankfurt (Alemania) inaugura Hans Thoma. Lieblingsmaler des Deutschen Volkes (Hans Thoma. El pintor favorito del pueblo alemán), una muestra dedicada al autor que se centra en la trayectoria de su carrera y particularmente en las pasiones que levantaban sus obras en torno al año 1900, cuando tanto los críticos de arte como el público lo consideraban “el gran maestro alemán” del momento.

Nacido en la montañosa y boscosa Selva Negra (al suroeste de Alemania), Thoma ha sido etiquetado injustamente como un mero retratista del paisaje pintoresco, pero en sus trabajos de suma precisión y rigor se descubre una inusual combinación de realismo, tendencias simbolistas, Art Nouveau y una incipiente Nueva Objetividad.

 

Indiferencia tras la II Guerra Mundial

La muestra (que se puede visitar hasta el 29 de septiembre) se compone de la rica colección que posee el museo, con un centenar de obras del autor entre pinturas y trabajos sobre papel, en las que abundan las imágenes poéticas del campo, el romanticismo de los héroes y los personajes mitológicos –muchos de ellos simbolizaban la unidad con la naturaleza— y escenas religiosas de composiciones inusuales.

La enorme popularidad de la que gozó Thoma fue un arma de doble filo para su legado: el artista no sospechó que nueve años después de morir sería glorificado por el nazismo, que se apropió de su figura para mostrarlo como referente de los ideales perversos del régimen sobre lo que debía ser el arte alemán. Los organizadores insisten en la importancia de la exposición como una justa “revaluación” del personaje y de su talento tras caer en la indiferencia después de la II Guerra Mundial.

 

Sin reflejar la realidad

El conjunto también prueba las diferentes facetas de un artista a menudo encasillado como pintor y que sin embargo también se introdujo en el campo de la ilustración y de las artes aplicadas con ilustraciones para libros infantiles, postales, calendarios, decoraciones en viviendas…

Su arte sugería un mundo idílico, un pasado perfecto y atemporal que no reflejaba la realidad, oscurecida por un rápido desarrollo industrial que causó desigualdad social y condiciones de vida duras para los habitantes del campo. Se resistía a retratar la vida moderna y en sus cuadros no hay ejemplos de arquitectura ni de avances técnicos de la época. “Como hombre del pueblo, Thoma era la personificación del artista-profeta que prometía una renovación cultural a través del retorno a lo sencillo y elemental”, explica Nerina Santorius, una de las comisarias de la exposición.

 

Tomado de: 10minutos.es. 06.07.2013