El truco del megalodón en Discovery Channel

La presunta existencia del megalodón no debe omitir un dato medular, que puede dar cierto sostén al discurso probabilístico de un gigante prehistórico vivo en los mares actuales: el hallazgo de un diente en costas mexicanas que, datado con carbono 14, dio una antigüedad insólita: 10 mil años

POR Alfredo C. Villeda

 La presunta existencia del megalodón no debe omitir un dato medular, que puede dar cierto sostén al discurso probabilístico de un gigante prehistórico vivo en los mares actuales: el hallazgo de un diente en costas mexicanas que, datado con carbono 14, dio una antigüedad insólita: 10 mil años

Tiburón(www.picstopin.com)

Discovery Channel hizo una apuesta sólo arriesgada en apariencia… y ganó. Inauguró su tradicional Semana del Tiburón con el programa Megalodon: the Monster Shark Lives, con el que batió la marca de rating para esa emisión en los 26 años de transmisión: 4.8 millones de espectadores. La apuesta era segura, porque lanza desde el título una afirmación que, de ser cierta, representaría el mayor hallazgo de la ciencia y de la paleontología de toda la historia, una vez que el escualo en cuestión vivió entre hace 28 a 1.5 millones de años, cuando se extinguió.

Si bien la mayoría de la audiencia cautiva de esos programas fue al televisor con la certeza de que el título era sólo un ardid para atraer público, pero igual lo disfrutó, el nuevo jugador que representan las redes sociales reaccionó con disgusto. No fueron pocos los que motivaron una polémica, amplificada en Internet, por la deliberada estrategia de despertar la duda sobre la existencia del formidable depredador del cenozoico.

Reclamo razonable, si se quiere, pero exagerado. Porque al final de cuentas, el programa presenta testimonios, conjeturas, suposiciones y creencias, pero ninguna evidencia. Se basa, como expuso Michael Sorensen, ejecutivo del canal, en la presunción de que “todo es posible, con historias sobre el particular rondando por años, además de que 95 por ciento del océano está sin explorar”. En otras emisiones de la propia cadena, hay que recordar, se ha hecho hincapié en voz de expertos en que no habría alimento suficiente para un monstruo de 18 metros y unas 100 toneladas, cuya versión moderna es el gran tiburón blanco.

Quizás un vistazo a otros programas de la competencia puedan dar luz sobre esta modalidad de Discovery. History Channel, por ejemplo, ha dado paso en años recientes a capítulos sobre el fenómeno ovni que cada vez son más hilarantes y los expertos consultados, con una serie de obras de su autoría que los califica para opinar del tema, no tienen título universitario y hablan como auténticos cruzados: fanatismo puro. Sin embargo, el canal ha dado así la pelea frente a sus adversarios en pos de audiencia. También han recibido reclamos, pero la línea continúa. Y el espectador decide.

Si el televidente revisa con calma los programas de la BBC sobre la sabana africana, encontrará maravillosos programas, algunos hasta seriados, en los que se identifica, por ejemplo, a una familia de leones, y durante semanas o meses los conductores los siguen, bautizan a cada miembro de la manada y crean situaciones de convivencia como si de una caricatura se tratara. Hay un gran trabajo de edición, cuidan al máximo la continuidad, y el resultado es una telenovela en los pastizales de Kenia.

Es pura competencia. La propia BBC lanzó hace algunos años una serie titulada Caminando con dinosaurios que tuvo un éxito mayúsculo, replicado con una gran venta de videos en serie. En algún momento de la emisión, National Geographic sacó su as de la manga y respondió con un especial sobre el hallazgo de los fósiles de un gigantesco cocodrilo prehistórico desenterrado por el paleontólogo Paul Sereno, el Sarcosuchus imperator, cuyo lema era: “Él no caminaba con dinosaurios; se los comía”. De hecho en el Canal SyFy, especializado ese sí en ciencia ficción, transmiten de vez en vez un filme basura en el que se enfrentan, precisamente, el megalodón y el megacocodrilo.

La verdadera sorpresa del polémico programa sobre la presunta existencia del megalodón, empero, no debió ser el ardid del título ni los insostenibles testimonios al respecto, sino la omisión de un dato medular, ese sí científico, que pudo darle cierto sostén al discurso probabilístico de un gigante prehistórico vivo en los mares actuales: el hallazgo de un diente en costas mexicanas que, datado con carbono 14, dio una antigüedad insólita: 10 mil años.