“Haydn es el maestro de los guiños”: Hebert Vázquez

“La obra de Haydn es una de las grandes, sobre todo del diatónico del siglo XVII. Es un momento nodal en el desarrollo de la música occidental. Es una sofisticación que no hemos podido reenviar después, en muchos aspectos”, señala el músico

POR Gabriel Ríos

 “La obra de Haydn es una de las grandes, sobre todo del diatónico del siglo XVII. Es un momento nodal en el desarrollo de la música occidental. Es una sofisticación que no hemos podido reenviar después, en muchos aspectos”, señala el músico

Hebert(www.jornada.unam.mx)

Creo en la música y no en las músicas, explica el compositor Hebert Vázquez: “Esa es la frase más estética. Expresa: “Las transformaciones de un creador, a lo largo de su vida artística. La tendencia a mitificar, creo que es una actitud reduccionista, que puede llegar a ser absurda. La idea de vivir en lapsos. Siempre hay un esfuerzo por encasillar. Aceptemos las diferencias, las incongruencias. Es una constante”.

Pero iniciemos con Haydn, ataja, en el momento de su sinfonía 104. “Es un ejemplo de las posibilidades del discurso clásico, sobre todo del diatónico de finales del siglo XVIII. Cuando la idea diatónica se comienza a cromatizar y nos adentramos más en el siglo XIX, en su jerarquía, su tejido complejo, sofisticado, de potencialidades, donde se oscurece, a mi juicio, transformado en otros recursos. El discurso clásico gana, en el sentido de la anticipación de ciertos fenómenos. Algunos de ellos se cumplen, otros no, y eso es parte de las estrategias estéticas, cognitivas, cuando se enfrenta a una obra, creando sus expectativas”.

A Vázquez es obvio que le interesa el clasicismo diatónico. “Es un sistema muy diverso, pues se desarrolla a un nivel muy melódico, armónico, estructural, complejo e interactivo. A partir del momento, la ideología, factor melódico, sufre una especie de extraterreteriolización. Es decir, que el elemento melódico en la obra, ya venía relacionado con el tema. En este momento pierde fuerza y pasa la estafeta a una fragmentación de motivo del mismo”.

Pone otro ejemplo, tocando el piano. “Por un lado, hay una línea de fuga, de lo melódico, por la fragmentación del motivo. ¿Qué está haciendo Haydn? Se está apoyando en los últimos acordes que venía desarrollando, pero ahora le da más sentido, cadencia, al hacer anteceder al cuarto grado de su propia dominante, antes de tomar el discurso de los dos compases. Entonces tenemos dos intensidades que van en sentido contrario: la melódica y una desterreteriolización del elemento armónico. El ámbito melódico se fragmenta, la armonía se vuelve oscura y la parte tonal queda estable. Aparece una desterretorialización masiva”.

Quizá “derrama” sutilezas en la armonía y tonalidad diatónicas, lo que le crean expectativas. Tal vez por eso la idea de la sorpresa. “La obra de Haydn es una de las grandes, sobre todo del diatónico del siglo XVII. Es un momento nodal en el desarrollo de la música occidental. Es una sofisticación que no hemos podido reenviar después, en muchos aspectos”.

Vázquez se pregunta por la metáfora del que oye. “A veces el oyente no tiene estrategias o las tiene asociadas a otro tipo de código, y cuando se intenta aplicar en un mundo ajeno, simplemente algo falla. La metáfora del oyente es una figura expresiva que entra en el campo de los intereses del autor. En el momento actual, no se involucra al oyente, sí a la obra”.

La obra de Haydn es paradigmática. “Aquí entra en juego el artificio, como un juego social. No puedo ir adelante, si no hay un entorno social que lo ratifique. Es un acuerdo social, en donde ciertas claves son intercambiadas, entre el autor y el entorno”.

En el siglo XX, en los años 50, no existía interés en la metáfora del oyente. “El aspecto fonético era muy poderoso. El compositor tenía una obligación con la estructura, muy sofisticada, como las del clasicismo vienés del siglo XVIII, pero con una diferencia, que casi nunca se transmitía al oyente, no se creaba un puente de comunicación, no interesaba. La idea misma de serie no estaba conectada con la percepción”.

 

Hebert_2Joseph Haydn (acompositionaday.wordpress.com)

Un poco de historia de su obra. Primero, el Cuarteto de Cuerdas que compuso en 1999. Es muy sencilla la obra: movimiento contra estatismo. Básicamente, los primeros 87 compases de la pieza están formalizados. Hay muchas extraterritorializaciones y ese es el juego que le interesa más que el de la formalización. La pieza inicia con un código, que de alguna manera lo representa. Es una clase de conjuntos que pueden expresarse como una sonoridad. Lo singular es que no tienen registros.

Algo de lo que considera importante son las sonoridades. “Busco establecer una continuidad que se pueda involucrar, intentando el siguiente contacto. No puedo ir más allá, como tampoco lo hizo Haydn. Son como brochazos. Ahora quiero creer en la estructura profunda, influir; creo que lo decía el filósofo Gilles Deleuze, respecto a las intensidades. La estructura profunda es como mi ideal de continuidad, que se despliega al margen de lo que estamos escuchando: que permita relacionar puntos en este momento de la obra, con otros intermedios.

“Cuando escribía el Cuarteto estaba muy presionado, de tal forma que fue vertiginoso el desarrollo de la obra. Me involucré varios días seguidos. Quería recordar esa parte, donde todos los instrumentos confluyen. El cello en crescendo con pizzicatos. Toda la música creada a partir de lo que había sucedido antes. Hay una adaptación al propio proceso del Cuarteto que me preocupa mucho: la metáfora del oyente, que está siguiendo ciertos lineamientos.

“Existen obras que desde el principio se saben cómo van a  ser y que a la hora de convertirse en sonido se van por caminos insospechados. Tiene que ver con la complejidad, con el rumbo, lo precompositivo de cada pieza”.

Cada vez es más intenso el proceso creativo. “Si comenzara una obra extraterritorializando, crearía un vacío. La territorialización me permite el manejo de intensidades, la ubicación de las inflexiones. Por ejemplo, hay momentos donde se le hace creer al oyente que vamos a volver a ese ámbito. En ese caso, me gusta concebir el aspecto lúdico, como en Haydn: el crear ciertas expectativas que no van a ser satisfechas. Los guiños son parte de la gestualidad y de la posibilidad de guardar expectativas: Haydn es el maestro de los guiños”.

Recuerda cuando presentó una de sus obras en el taller de Julio Estrada. Se dijo, por qué no dejar que fluya una formalización que tenga lenguaje. Es la preocupación del compositor, según él.

Hebert Vázquez tiene pensado un análisis leyendo a Deleuze, y la idea del rizoma. “Lo digo, porque es parte de las cosas que me apasionan como creador.”