Leonardo Da Vinci: el vértigo filosófico

El genio renacentista se describía como homo sanza lettere, un hombre iletrado, al carecer de una educación formal, universitaria: eso significaba para él “despejado”, con la mente libre de la carga que suponen los preceptos, lo cual está relacionado con su idea crucial de la claridad

POR Gabriel Ríos

 El genio renacentista se describía como homo sanza lettere, un hombre iletrado, al carecer de una educación formal, universitaria: eso significaba para él “despejado”, con la mente libre de la carga que suponen los preceptos, lo cual está relacionado con su idea crucial de la claridad

Leonardo_1(ferociousstrength.com)

Leonardo Da Vinci. Su vida se entrecruzaba con lo normal y cotidiano. En esa intersección podemos incidir con su genio humano. Esos momentos comunes y corrientes, frente al universal, multidisciplinario: uno y el mismo: el hombre y el artista, científico, geómetra, filósofo. El que escribía adivinanzas en forma  profética: “Aparecerán figuras gigantescas de forma humana, pero cuanto más te acerques a ellas, más disminuirá su inmensa estatura”. La respuesta: “La sombra que proyecta un hombre con su farol por la noche”.

Un hombre de ingenio, eso es lo que es Leonardo frente a su enorme talento e inteligencia. Esta palabra hay que usarla con moderación para no oscurecer su humanidad. Lo que hizo él fue maravilloso, pero por qué y cómo; no hay que dar una respuesta mística de su inspiración.

Fue un típico hombre renacentista, ya que en él mismo se dieron los cambios culturales, de su desarrollo en el campo. Desde sus primeros años se dieron las bases para formar su espíritu observador, indagador de las labores del campo, de la molienda de las aceitunas, del trabajo en la elaboración de cestos de mimbre, de la naturaleza.

En Leonardo siempre hubo ese optimismo intelectual: en él se dio plenamente el nuevo amanecer de la razón; era completamente libre de supersticiones, porque todo lo interrogaba, pues vivía una especie de vértigo filosófico.

Era un hombre ambicioso y osado en todos los experimentos en los que se enfrascaba: diseñando máquinas de guerra, puentes, utensilios para la cocina.

“Vuelo de la mente”, fue lo que le permitió ver tanto y tan lejos, que  se relaciona  metafóricamente con la obsesión del movimiento de los cuerpos, su famoso y eterno tema, ya que su primer recuerdo infantil está relacionado con el planeo de un milano sobre su cuna y le introduce su cola en la boca.

Sus primeras fuentes de conocimiento fueron sus manuscritos, cuadernos o códices; más de siete mil páginas registran una incansable búsqueda de respuestas a sus interrogantes: es un “traficante” de dudas y preguntas.

Dos cuadernos o códices enteros fueron descubiertos en Madrid en 1967, y existen noticias, aunque no confirmadas, de la existencia de un tratado perdido sobre la luz y la sombra conocido como Libro W, designado así por Melzi, secretario de Leonardo y su albacea literario.

Los manuscritos han sobrevivido en colecciones encuadernadas, recopiladas después de la muerte de Leonardo. La más famosa es el Códice Atlántico, que se conserva en la Biblioteca  Ambrosiana de Milán, y se refiere a su formato tamaño atlas. Otros son el de la Royal Library del Castillo de Windsor, el Códice  Arundel de la Britsh Library, el Códice Urbinas del Vaticano, y el Códice Madrid.

 

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¿Qué es lo que hay en las famosas libri y libricine de Leonardo? ¿Por qué son tan importantes? ¿Tanto para los especialistas como para los hombres de ciencia, y el arte?

Porque son las fuentes más próximas a él, su vida, ideas, inventos: se puede percibir la verdadera característica de escribir de derecha a izquierda, tipo espejo. Leonardo era como un periodista con su cuaderno, registrando atentamente todo lo que veía. El pintor, dijo, debe estar siempre preparado para realizar sus apuntes “con arreglo a lo que le permitan las circunstancias”.

Lo que caracteriza a los cuadernos de Leonardo es su diversidad, su condición de misceláneas, el formar una acumulación abigarrada de notas y apuntes de todo lo que percibía, como fuente primaria de conocimiento y de aprehensión de su entorno y de lo que le llamaba la atención: en una misma página había diseños de máquinas, temas de anatomía, recetas de cocina, dibujos de animales, algún decorado teatral.

Un mapa de la mente de Leonardo: cómo capturaba todo lo que veía y lo procesaba; sus hábitos mentales eran repetitivos, como un  ave de presa, algo que tanto le obsesionaba, pues volvía sobre sus ideas una y otra vez.

En el Trattato Della Pintura, Leonardo subraya la importancia de que el pintor salga al campo y lo conozca de primera mano, lo que no era una práctica habitual entre los artistas del Renacimiento.

Códice Atlántico, en un breve texto titulado “Vita del Picture Filosofo ne Paesi”, o sea, “La Vida del Pintor Filósofo en el Campo”, se observa el deseo de Leonardo de recrear explícitamente un estado mental semejante al de un niño, a conservar y recrear la memoria poética para la creación artística y científica.

Leonardo se describe como homo sanza lettere, hombre iletrado, porque no tuvo una educación formal, universitaria: eso significaba para él “despejado”, con la mente libre de la carga que suponen los preceptos, lo cual está relacionado con su idea crucial de la claridad: percibir la evidencia visual del mundo que tiene ante él, con una exactitud y una intuición que conduce directamente al corazón de las cosas.

Lo anterior le sirvió a Leonardo para verlo todo y reproducirlo en sus cuadernos, pinturas, diseños de máquinas, disecciones anatómicas, experimentos culinarios e instrumentos musicales.