Puto desencanto puto

Música para perros de Alejandro Páez Varela dispara de manera certera sobre cuatro personajes equilibrados en su construcción, los avienta en una zona desértica, los somete con unos cuantos grados de miseria y dolor, los reencuentra y, sin más, las distintas voces narrativas quebrantan los sucesos

POR Óscar Garduño Nájera

 Música para perros de Alejandro Páez Varela dispara de manera certera sobre cuatro personajes equilibrados en su construcción, los avienta en una zona desértica, los somete con unos cuantos grados de miseria y dolor, los reencuentra y, sin más, las distintas voces narrativas quebrantan los sucesos

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Porque sí. Por eso es puto el desencanto. Jodido. Basta con dar cuenta de algunas de las notas más horrorosas que suceden en el país. Ustedes piensen, lean, enciendan la televisión, salgan a la calle, esquiven un balazo, voten por tal partido. Luego tomen la caja donde políticos y altas autoridades acostumbran a guardar su mierda: una conoce mucha mierda. Los más mierda no somos usted o yo. Los más mierda no son los narcos ni los malandros; esos qué: son como usted y como yo, pero más listos. Los mierda, los verdaderos mierda, son los políticos, los policías. Los griegos en algún momento nos hablaron del destino. Naces. Mueres. Y entre estas dos etapas te pasan un chingo de cosas. Malas y buenas.  Miras atrás: sabes dónde naces. Aunque en la novela se diga que llegó del barranco. Otros especularon que creció atado a una cama. Eso: meras especulaciones en torno al primer chiquillo con menos de diez años, quien pasa de un estado salvaje (una de las primeras claves) a un estado donde supuestamente la civilización florece: muchacho salvaje, anda, lávate las manos… tállate del lado del cacahuate a tal grado y en tal esplendor que pronto aprende a disparar, a asesinar bajo las órdenes de don Liborio Labrada, no sin antes aprender a pronunciar mamá (otra clave más), lo que nos lleva a preguntarnos cuáles son los auténticos mecanismos de la civilización.

Música para perros de Alejandro Páez Varela dispara de manera certera sobre cuatro personajes equilibrados en su construcción, los avienta en una zona desértica (no voy a hablar del norte del país), los somete con unos cuantos grados de miseria y dolor, los reencuentra y, sin más, las distintas voces narrativas quebrantan los sucesos, pues el autor exige una precisión cinematográfica para atar los cabos sueltos, para armar el rompecabezas, cuyas piezas en un principio nos parecen con bordes chuecos, tal y como sugieren los recetarios (y en la novela encontramos más de una receta culinaria criolla) debe contarse una buena historia, y Música para perros lo es.

A mí me gustan las novelas con música. De cualquier tipo. Claro, Música para perros no es la excepción. Una flauta que no encanta a nadie y sí desencanta. Yo la pongo incluso como un personaje más. También piezas musicales sin nombre: imaginarias, escapan de quien encuentra consuelo en un objeto así. Hermoso suceso en manos de un infante que busca incorporarse a un mundo en el cual se siente ajeno. Un instrumento y una guía narrativa. En la novela algo cambia cuando no se rompe la flauta, por más empeño que ponga Liborio Labrada, hasta que, fastidiado, la avienta lejos, justo como el autor avienta por momentos el destino de cada uno de los personajes para luego convocarlos nuevamente con la incertidumbre de los recuerdos, allá donde se sabe que todo ocurrió, o que tal vez no ocurrió, o está ocurriendo en estos momentos.

 

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Al final de la novela, en una nota el autor señala que Música para perros es parte de una trilogía de novelas junto con Corazón de Kaláshnikov (2009) y El reino de las moscas (2012) que pueden ser leídas juntas y por separado (en este caso, para mí fue la primera), razón de más para iniciar una nueva sólida y bien planteada aventura narrativa, pues eso y no otra cosa es lo que nos propone Alejandro Páez Varela.

Música para perros se presentará el miércoles 14 de agosto a las 18:00 horas en Radio Educación. Ángel Urraza No. 622, col. Del Valle. Acompañarán al autor Ramón Córdoba, Julio Patán y el director de Radio Educación, Antonio Tenorio.

 

Alejandro Páez Varela. Música para perros. Alfaguara 2013.