¿Quién te compra una vagina?

Tal vez al principio Furores íntimos parezca rutinaria. Un día de tantos en una vida de tantas de una mujer inglesa más común que corriente. Es una primera lectura. Está claro que no te tomas la molestia de escribir una novela si no tienes una propuesta artística

POR Óscar Garduño Nájera

 Tal vez al principio Furores íntimos parezca rutinaria. Un día de tantos en una vida de tantas de una mujer inglesa más común que corriente. Es una primera lectura. Está claro que no te tomas la molestia de escribir una novela si no tienes una propuesta artística

Vagina_1(www.thetimes.co.uk)

Furores íntimos se construye a través de una cámara cinematográfica y de una vagina. Suena disparatado. ¡Qué diablos! No lo es tanto si atiendes algunas de las características narrativas de esta novela publicada en Anagrama. Tienes una voz en primera persona. La de Elizabeth Kiehl. Entonces tú como lector tomas una cámara, te la montas al hombro y decides sin más seguir uno a uno sus pasos. He aquí algunos detalles: la mujer un día despierta y se hace preguntas. Suele ocurrir. De esas preguntas cuyas respuestas en un principio crees que no existen, te han dejado de importar, tan acostumbrada estás ya a lo que de entrada parece una rutina donde hasta el sexo oral lo prácticas metódicamente, satisfaces a ese hombre que en algún momento crees te compró, y al cual ahora rindes tributo junto a las primeras lecciones de tu madre; incluso parece que te vas a dar por vencida y dejas el asunto en santa paz; luego tomas las preguntas, las metes en una bolsita de esas que se suelen usar para guardar la mierda de los perros y la escondes debajo del tapete que está a la entrada de tu “linda casa” con la palabra WELCOME; mejor aún: la escondes debajo de un automóvil que está a punto de incendiarse. Un accidente automovilístico. Cuatro muertos. Te lo repites. La mujer repite la escena durante toda la novela. Se impregna de ella. La domina. Ejecuta una especie de sentencia: será ahorcada por los recuerdos, porque para encontrar las respuestas ella tiene que hurgar en su pasado, acudir con una terapeuta más de dos veces a la semana, enfrentar no sólo a sus miedos sino a sus envalentonados demonios; y entonces da con una que otra respuesta tras atender sexualmente a su marido. ¿Eso dije? ¿Alguien habló de un hombre? Pues en la novela aparece: Georg, su marido, una omnipresencia alrededor de la vida de Elizabeth. Como esas sombras que pasan a lo lejos en las películas de terror.

¿Por qué es tan importante el sexo para Elizabeth? Porque a través de éste manda a la mierda (las junta en las bolsitas) las lecciones morales de su madre. También manda a la mierda la idea de que el sexo es malo. Se abre. Construye con su sexualidad una identidad femenina donde rompe con mitos. Estamos frente a una nueva mujer. A la mierda las feministas reprimidas. A la mierda también la boda con su ex novio que sólo ocurre como una estúpida probabilidad de una imaginación desbordada. Eso parece gritar Elizabeth cuando hace un hermoso y bien descrito 69 con George (un cuadro que estremece al lector al iniciar la novela). Cuando la libertad de pensamiento y de acción es el precio que le pone a su bien mojada vagina.

 

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Si ustedes se dan a la tarea de buscar información acerca de la autora, Charlotte Roche, comprobarán de qué manera la vida consigue ligarse con la literatura para bien o para mal, además de que se enterarán que abandonó su hogar en 1993 para participar en un grupo de garage rock llamado The Dubinskis y en una que otra película (www.youtube.com/watch?v=7JKFQufaDho).

Tal vez al principio Furores íntimos parezca rutinaria. Un día de tantos en una vida de tantas de una mujer inglesa más común que corriente. Es una primera lectura. Está claro que no te tomas la molestia de escribir una novela si no tienes una propuesta artística. “Es como escuchar la plática de una de mis tantas amigas a la hora del café en una de tantas reuniones”. Escuché de alguien respecto a Furores íntimos. Hay que asomarnos un poquito más tras de las bambalinas. No es tan sencilla la historia. Darán ustedes con una que otra grata sorpresa narrativa; también con una propuesta sólida cuya anterior novela Zonas húmedas vendió más de 1 millón 500 mil en Alemania. Y si bien las ventas en ocasiones no te aseguran la calidad literaria, no está nada mal para una mujer de 34 años que se dedica a contar “historias de amigas”, ¿no lo creen?