Un problema inmobiliario

La mayoría de la gente siente una mezcla de atracción y repulsión por los delitos y los delincuentes, sentimientos que los impulsan a estar horas en las escenas de crimen, intercambiar opiniones, comprar periódicos, espiar a las familias de las víctimas

POR José Luis Durán King

 La mayoría de la gente siente una mezcla de atracción y repulsión por los delitos y los delincuentes, sentimientos que los impulsan a estar horas en las escenas de crimen, intercambiar opiniones, comprar periódicos, espiar a las familias de las víctimas

Sentencing Hearing Held For BTK Killer Dennis RaderDennis Rader (delirioexecrable.blogspot.com)

En enero de 2007, las autoridades de Park City, Kansas, difundieron un mensaje peculiar en los medios locales, advirtiendo que se consignaría a toda aquella persona que robara piezas de la casa que alguna vez perteneció al señor Dennis Rader. La decisión de ese anuncio fue tomada después de que varias piezas que habían pertenecido al mencionado inmueble se ofertaban en Internet a través de eBay.

Radder había vivido en esa casa durante 25 años, después de trabajar cuatro años en la fuerza aérea de su país. Sus conocidos lo consideraban un hombre dispuesto a participar en las tareas comunales, además de que era miembro activo de la iglesia luterana local. En el tiempo que vivió en Park City, Radder tuvo dos hijos y varios empleos. De hecho, en ese rubro fue un factótum, ya que prestó sus servicios como levantador de censos, ensamblador de aviones y pintor de camiones, entre otros.

La casa de Radder fue adquirida por el condado para demolerla y hacer una entrada adicional al parque de la ciudad. El problema que enfrentó la administración local con el inmueble tuvo que ver con los coleccionistas de objetos relacionados o pertenecientes a asesinos, un culto que se practica en Estados Unidos desde hace cerca de dos siglos.

La curiosidad que despiertan los actos criminales es parte de una conducta normal en las personas. La mayoría de la gente siente una mezcla de atracción y repulsión por los delitos y los delincuentes, sentimientos que los impulsan a estar horas en las escenas de crimen, intercambiar opiniones, comprar periódicos, espiar a las familias de las víctimas, como si su sola presencia pudiera aportar mayores datos para comprender la naturaleza áspera del crimen.

Por ejemplo, las crónicas de la época narran el fenómeno social que representó el asesino serial mexicano Goyo Cárdenas. En 1942, cuando la cadena de asesinatos de su autoría quedó al descubierto y los agentes investigadores acudieron a desenterrar los cadáveres de las mujeres que Cárdenas había asesinado, una gran multitud de gente sitió la calle Mar del Norte, en Tacuba, pero particularmente el inmueble marcado con el número 20, en cuyo jardín reposaban las novias y amantes del becario de Petróleos Mexicanos.

Con Goyo Cárdenas se activó nuevamente la gran carpa de la muerte, y decenas de personas peregrinaron a la colonia Tacuba a experimentar in situ emociones inolvidables. Los vecinos rentaban las azoteas de sus casas para que los curiosos disfrutaran el espectáculo. Las quesadilleras, “que salen de quién sabe dónde” (Salvador Novo dixit), instalaron sus puestos, los reporteros de nota roja hicieron su agosto en septiembre y los fotógrafos de parque ofrecieron sus servicios a todo aquel que quisiera sacarse una imagen teniendo como fondo la casa de Goyo. Hombres y mujeres querían contar con un testimonio de que “estuvieron ahí”.

 

De vuelta al polvo

Inmueble_2Edificio Oxford, que albergaba el departamento en el que Jeffrey Dahmer descuartizó a varias de sus víctimas (myamericanodyssey.com)

Entre 1974 y 1991, Dennis Rader asesinó a diez mujeres. Durante ese periodo, la prensa denominó al homicida El Estrangulador BTK, por las siglas en inglés correspondientes a bind, torture, kill (atar, torturar, matar), la tríada que define su modo de operar. Después de que Rader fue detenido, la policía enfrentó el acoso de los coleccionistas de murderabilia, por lo que decidieron demoler la casa.

La demolición de inmuebles que habitaron asesinos tiene una añeja tradición en Occidente. La propiedad de Herman Webster Mudgett (alias H.H. Holmes y, más recientemente Herman Munster), un asesino pluralista de finales del siglo XIX, de quien se sospecha acabó con la vida de más de 200 personas en las mazmorras de un castillo que construyó para su propósitos en Chicago, ahora es un edificio postal. El palacio de horror fue demolido en 1938 a petición popular. Nadie caminaba del lado de la acera donde se erigía la construcción, pues se decía que se escuchaban susurros en aquellas paredes.

Un caso extremo es el del edificio de apartamentos donde vivió Jeffrey Dahmer, El Caníbal de Milwaukee, quien confesó el asesinato de 17 hombres, de los cuales algunos de ellos formaron parte de su menú personal. El edificio de 24 departamentos fue abandonado paulatinamente por sus inquilinos, quienes rehusaron formar parte de una de las historias criminales más escalofriantes en Estados Unidos. El dueño del inmueble remató su propiedad a la administración local, la cual no pudo, a su vez, venderla a otro ofertante, por lo que el terreno quedó como un lote baldío.

En el mismo contexto, el consejo ciudadano de Gloucester, Escocia, adquirió la casa de Frederick y Rose West, en 40 mil libras, dinero que fue aportado en fideicomiso a las cuatro hijas sobrevivientes de ese matrimonio de brujos, quienes asesinaron a 12 mujeres, incluidas una de sus hijas y una hijastra de la señora West. La mansión de los horrores fue reducida a polvo por la maquinaria de los contratistas. Después de derribar la construcción, una aplanadora se encargó de triturar los ladrillos, la madera fue quemada y el terreno fue cubierto por una gruesa capa de concreto, todo para evitar que el lugar se convirtiera en un altar de las moscas panteoneras.