El memorable acto de escribir

Cuando eres una niña de apenas trece años hay tanto y tanto que no comprendes del mundo. Cosas tan absurdas. Como enterarte que tu papá presume de ser comunista. Como intentar comprender un golpe de Estado militar donde por una parte unos te dicen que las cosas van a ir mejor, y por otra, cuando llegas a casa, te dicen que el país se ha convertido en una mierda

POR Óscar Garduño Nájera

Cuando eres una niña de 13 años hay tanto y tanto que no comprendes del mundo. Cosas tan absurdas. Como enterarte que tu papá presume de ser comunista. Como intentar comprender un golpe de Estado militar donde por una parte unos te dicen que las cosas van a ir mejor, y por otra, cuando llegas a casa, te dicen que el país se ha convertido en una mierda

Piñeiro_1Claudia Piñeiro (revistacalibre38.wordpress.com

Escribir, ya se sabe, es un acto donde la memoria te agarra de los pies, te cuelga de la ventana más próxima y te obliga a escupir aquello que te quede dentro, si es que queda algo. Luego también sucede que llegas a la libre asociación: reúnes un puño de recuerdos, le regresas la patada a la memoria, pero como ésta no alcanza a sacar todo el aire que llevas dentro, creas un poco de ficción con tus recuerdos. Eso dicen algunos psicólogos. Por algo lo dirán. Suena bien. Cierren ustedes los ojos, tracen un buen recuerdo y luego pónganse a escribir. ¿Lo han visto? No es tan complicado como ciertos autores nos han hecho creer. Para escribir hay que jugar con la imaginación, y con los recuerdos; si tienen ustedes esta última parte ya van de gane. Tampoco se crean que los escritores son seres de otra galaxia dotados por un poder especial que un dios desconocido les concedió. Bueno, cualquier imbécil puede hacerlo. Ustedes me leen, vean si no. Como una de esas películas de gran taquilla. Y vale más que lo aclares, eso de los recuerdos, aunque en realidad no sirve de mucho. Pongamos que a Proust no se le hubiera ocurrido tras escribir las tantas y tantas páginas de una memoria que de tanto le sirve. Supongo que habría publicado otros diez tomos de las explicaciones de sus recuerdos. Ese es uno de sus grandes secretos. Por eso es un maestro. O un mago. Oculta muy bien sus actos. Y en la escritura hay que saber hacerlo. Aquí las cosas ya empiezan a complicarse. Pero otros se aventuran. Y es lo que sucede con Un comunista en calzoncillos de Claudia Piñeiro publicada en Alfaguara. Golpe de Estado militar en Argentina. Una memoria que de tanto cargar no sólo pesa sino duele. Hasta aquí. Tampoco crean ustedes que leer reseñas es leer la novela completa. Se dan pistas. Ustedes saben si acuden a ella o no.

 

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Hablemos de la estructura. De Argentina es Cortázar y de Argentina es Claudia Piñeiro; por lo tanto, no le queda más que rendir tributo al gran gigante y al iniciar la novela nos propone dos lecturas. Cuando estén ustedes en esta parte dirán eso ya se hizo, Cortázar lo hace en Rayuela, una sucesión discontinua de capítulos que uno puede leer a su antojo o según sugerencias del autor u organigrama puesto en la primera página. Bueno, aquí no es tan complicado (porque con Cortázar en realidad es un desmadre). Hagan ustedes la primera lectura. Si se puede decir, la normal. Luego revisen los números que la autora pone como si se tratasen de pies de página. Vayan a la sugerida. Sorpresa. También se pueden completar los recuerdos con imágenes, es decir con fotografías. No sé a ustedes pero al menos a mí se me hizo un acto de magia hermoso que sacude a la lectura para llevarte justo al momento en el que ocurrieron las cosas. Me parece una propuesta no novedosa (vete a saber cuántos la han hecho), sí honesta. Y toda la novela lo es. Está escrita con el dolor que dejan algunos recuerdos. Ese mecanismo que se activa cuando echas la mirada hacia atrás. Sobre todo familiares. Cuando tú eres una niña de apenas trece años y hay tanto y tanto que no comprendes del mundo. Cosas tan absurdas. Como hacer honores a la bandera. Como enterarte que tu papá presume de ser comunista. Como intentar comprender un golpe de Estado militar donde por una parte unos te dicen que las cosas van a ir mejor, y por otra, cuando llegas a casa, te dicen que el país se ha convertido en una mierda. Como acabar de entender a tu padre, y entonces rendirle honores no al poderoso sino a él, que se oculta avergonzado tras de un árbol que luego te das a la tarea de poner en imagen para rematar la escena. Detalles así. Una prosa bien sopesada, llena de momentos alegres y tristes. Para mí eso debe ser una buena novela. Y Un comunista en calzoncillos de Piñeiro sin duda lo es.