Hasta la madre de eso que llaman “amor”

Santiago Rojas nos explica de manera amena y detallada en qué consisten los distintos duelos a los que uno se enfrenta a lo largo de la vida. Mira por dónde vienen: y tú que creías que el amoroso y el de la muerte eran los únicos

POR Óscar Garduño Nájera

Santiago Rojas nos explica de manera amena y detallada en qué consisten los distintos duelos a los que uno se enfrenta a lo largo de la vida. Mira por dónde vienen: y tú que creías que el amoroso y el de la muerte eran los únicos

Rojas_1Santiago Rojas (www.lapatria.com)

En esto del amor nadie está a salvo. Arranquemos con una escena un tanto dramática: un buen día (¿qué demonios puede tener de bueno?, te preguntas luego) de septiembre se te quiebran las expectativas amorosas que has mantenido al lado de esa chica (o chico) que te trae de cabeza. Sucede mientras lavas los trastes del desayuno: un poco de pan tostado con mermelada de zarzamora y té verde. Pongamos que entre los dos todo parecía ir bien: una que otra escena romántica extraída de cualquier novela mexicana del siglo XIX y una que otra escena erótica extraída de sus ganas y su entusiasmo. Como en todo, también uno que otro problema (aquí es cuando te haces la pregunta). Piensas que la felicidad no está exenta de ellos; no obstante son pareja (novios, dicen los tradicionalistas), y como tal han aprendido que para sacar adelante los problemas hace falta un compromiso de ambas partes.

Vete a saber: antes de levantarte de la cama, estiras los brazos, revisas tu celular (a la espera de un amoroso mensaje de texto que te dé “los buenos días”) y sin más te das cuenta que las relaciones amorosas en ocasiones se vuelven una chinga: un clavito oxidado que traes metido en una nalga. No vas por ahí sentándote para provocarte más dolor; al contrario: buscas sacarlo a como dé lugar… aunque duela.

Ahora ya secas los trastes. Antes te sirves la última taza de un frío café. Sonata para piano y violín de Bach. Pongamos un poco de música a las siguientes escenas. Quién sabe si esa mañana fuerzas extrañas parecen conjurar contra ti. Entonces te vuelves a preguntar acerca del amor. Qué preguntas tan idiotas e inútiles. Has leído a Platón, a Quevedo, a Igor Caruso, a Neruda, a Fromm, El Libro Vaquero, todo Sabines, al Lágrimas y Risas, al Sensacional Romántico, a Fernanda Familiar, y frente al quebranto que trae en el sobaco la separación amorosa te ves no sólo como un imbécil sino como un imbécil que permite que fuerzas extrañas conjuran en su contra mientras con tu sudor empapas lágrimas y cantas a todo pulmón una que otra de José José.

A la semana siguiente, tras una discusión telefónica que dura más de tres horas, lo decides: regresas a tu camino, si es que aún queda uno para ti. Que la mujer enamorada te suelte. Y que tú también la sueltes. Es lo que acuerdan tras mentarse la madre. Lo que sigue ahora te ha ocurrido en tantas otras ocasiones que crees que mantener el control será cosa sencilla: un poco de tristeza, tardes melancólicas, José Alfredo Jiménez, excesos y una memoria que terminas por patear en el suelo hasta dejarla mal herida, etc. Y preguntas. Pues resulta que te han engañado. No: te has engañado. Entonces llegas a un libro: Alíviate el corazón roto y descubre cómo encontrar una nueva forma de equilibrio. Autor: Santiago Rojas. Oncólogo colombiano. Lo sabes: has leído tanto de superación personal (el libro se encuentra dentro de esa clasificación) que consigues ver aquí todo un género literario que se rige por sus propias reglas narrativas, por sus propias construcciones y propuestas.

 

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Ningún tema es desechable. Recuerdas a Walter Benjamin. Tampoco hay que ser propensos a los prejuicios, pues en literatura nada causa más daño. Es un abuso de ignorancia el descalificar libros de este tipo sólo por factores meramente secundarios, como la portada, el título, el autor o la editorial, o incluso por las secciones o librerías donde pueden adquirirse. Lo aceptas: frente a una situación tan compleja como lo es una ruptura amorosa en ocasiones no es tan sencillo encontrar tranquilidad. Por una parte, Santiago Rojas nos explica de manera amena y detallada en qué consisten los distintos duelos a los que uno se enfrenta a lo largo de la vida. Mira por dónde vienen: y tú que creías que el amoroso y el de la muerte eran los únicos; por otra parte, analiza, tomando en cuenta estudios de psicólogos destacados, qué extraños mecanismos emocionales se activan en el hombre y en la mujer (traza una distinción fisiológica de ambos sexos) cuando deciden separarse, cuando se dan cuenta que no eran el uno para el otro, termina la telenovela y la novela rosa tan bien escrita a cuatro manos, y las expectativas y el futuro se desmoronan como cuando uno prueba las galletitas de la latosa tía y te regaña por dejar las migajas en un sillón recién lavado, y te ponen a limpiar, y cuando las recoges no entiendes, en verdad que no, qué demonios sucedió con todos los sueños que se tenían.

Para personas así está enfocado el libro. En lo que a mi lectura se refiere, procuré encontrar en Alíviate el corazón roto y descubre cómo encontrar una nueva forma de equilibrio un punto donde consiguieran conciliarse las partes malas y las partes buenas, por lo que el lector tiene la oportunidad de tomar lo que le sirva del libro. Lo demás, tal vez desecharlo. Claves sí nos aporta. Tampoco es que vaya por las librerías haciéndome de libros de superación personal con la única finalidad de domar mis emociones con recetas que si bien en ocasiones resultan útiles, también en otras resultan como fórmulas preconcebidas que salen de maquinitas que parecen saberlo todo respecto al ser humano. Pero tampoco hay que descartarlos con la soberbia propia de imbéciles que al creer que lo han leído todo ya nada tienen que enseñarles libros así, porque sin duda una que otra lección se van a llevar.