Lujuria y fantasía

Los viscerófilos sacuden la conciencia social por la carga primitiva de sus acciones. El pasado tribal, sobre todo de las naciones industrializadas, emerge cuando un individuo solitario ataca indiscriminadamente, despojando de piel o extremidades a sus presas

POR José Luis Durán King

 Los viscerófilos sacuden la conciencia social por la carga primitiva de sus acciones. El pasado tribal, sobre todo de las naciones industrializadas, emerge cuando un individuo solitario ataca indiscriminadamente, despojando de piel o extremidades a sus presas

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Ed Gein, quizá el más prominente de los destripadores (www.wisconsinhistory.org)

La antropomancia es el método para adivinar el futuro mediante la inspección de las entrañas humanas. Ed Gein, Jeffrey Dahmer, Richard Trenton Chase y Andrei Chikatilo, entre otros, hurgaron el interior de sus víctimas apostando no por la visión del futuro sino por el placer del presente. Para los especialistas en el estudio del fenómeno criminal, los desentrañadores merecen un capítulo aparte. Espectadores y lectores también sienten una atracción enfermiza hacia esos personajes, al grado de que Estados Unidos cultiva desde hace varios años una rama peculiar del entretenimiento: el turismo negro, recorridos que organizan empresas y agencias a los lugares donde ocurrieron masacres extremas. La ecuación es sencilla e infalible: entre mayor sea la crueldad invertida en los sacrificios, más feligreses peregrinarán a los santuarios del paganismo.

Los desvisceradores sacuden la conciencia social por la carga primitiva que conllevan sus acciones. El pasado tribal, sobre todo de las naciones industrializadas, emerge cuando un individuo solitario ataca indiscriminadamente, despojando de piel o extremidades, o las dos juntas, a sus presas.

Peter Sutcliffe se hincaba religiosamente al lado de las prostitutas de Yorkshire que previamente había desviscerado. No lo hacía para rezar sino para masturbarse compulsivamente a la vista de las tibias entrañas. De otra manera era incapaz de alcanzar el orgasmo.

Jeffrey Dahmer y Dennis Nilsen compartieron similitudes, no obstante que entre la actuación de uno y otro hubo varios años y dos continentes de diferencia. Ambos eran cazadores furtivos, que establecieron su coto en bares de homosexuales y entre una población de hombres callejeros, desprotegidos, marginales, gente a la que nadie echa de menos. Los dos asesinos mutilaron a sus conquistados, conservaron de ellos cajas toráxicas, órganos genitales y, en el caso de Dahmer, cabezas. Nilssen no era caníbal, Dahmer sí. Pero algo que reconcilia al par de individuos es que dormían en compañía de retazos humanos, los violaban, los bañaban y se deshacían de las piezas cuando el hedor era insoportable incluso para estos necrófilos.

Pasivos y activos

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Andrei Chikatilo (www.asesinos-en-serie.com)

Los psiquiatras forenses han definido a este tipo de asesino de crueldad inusitada como lujurioso. El asesino por lujuria, u homicida sexual, se caracteriza por buscar una satisfacción erótica a través de la mutilación y el desentrañamiento.

Correspondió al psiquiatra alemán R. Krafft-Ebing elaborar el primer estudio científico sobre homicidio sexual, publicado en 1898, al que tituló Psychopathia Sexualis, en el cual, por cierto, incorpora por vez primera el término sadismo. La combinación de un individuo activo que extrae placer infligiendo sufrimiento a un individuo pasivo es inherente a los asesinatos por lujuria. Para Krafft-Ebing, el sadismo era una subdivisión de la parestesia, es decir, un estado anormal de los sentidos. Cabe resaltar que en su obra el investigador alemán presenta un amplio compendio de perversiones del instinto sexual, entre ellas una muy curiosa, que ilustra con el caso de un hombre que sentía una obsesión patológica por las ventanas nasales de las mujeres. En el curso de su libro, Krafft-Ebing llega a la conclusión de que existen dos tipos de sadismo: el fatal y el no fatal. En el primero señala que el homicidio resultante del sadismo se conoce como asesinato por lujuria.

En el último tercio del siglo pasado, el perfilador John Douglas propuso el término depersonalización para referirse al asesino que no sólo mata por lujuria sino que expresa a través de improntas su desinterés por la víctima. Una vez cometido su crimen, ese tipo de infractor tratará de borrar a su presa, despersonalizándola, despojándola de su persona. Puede cubrirla con almohadas o cobijas, envolverla en alfombras, machacarle la cabeza con un objeto contundente, decapitarla, incinerarla, mutilarla e incluso devorarla.

 

Grupo selecto

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Hospital Juárez Archivo Fotográfico Díaz, Delgado y García (AGN)

En los años 40 del siglo XX, en la Ciudad de México, el casi no famoso Nahual del Hospital Juárez, que en realidad era un mozo del nosocomio, acostumbraba violar a las mujeres muertas que llegaban al anfiteatro. Más adelante quiso añadir un poco de acción a sus andanzas y asesinó a un par de enfermeras, cuyos cuerpos escondió en el depósito de cadáveres y que utilizaba sexualmente cuando le venía en gana.

Después de conocer a unos brujos de la Candelaria de los Patos, comenzó a mutilar a los inquilinos de la morgue para abastecer de refacciones a sus amigos. La profanación y la desaparición de las enfermeras derivaron en una investigación policiaca, la cual condujo al nahual. Al verse descubierto, el individuo enloqueció y con una navaja atacó los ojos de los cuerpos inertes, culpándolos de que lo habían delatado.

El Nahual del Hospital Juárez pertenece al grupo selecto de los asesinos por lujuria, de los que el ex comandante de la División de Homicidios del Departamento de Policía de Nueva York, Vernon J. Geberth, dice que son conducidos por violentas fantasías. Matar no resulta suficiente para ese tipo de asesino aduce el investigador, tiene la necesidad compulsiva de actuar sus fantasías con sus víctimas, pero sobre todo con los cuerpos de éstas. La fantasía es la firma que acompaña a estos crímenes (Practical Homicide Investigation: Tactics, Procedures, and Forensic Techniques. Tercera edición, 1996. Crc Press, Inc. Boca Raton, Florida).