Putos policías, pinches cadáveres

En Hombres armados… se consigue la plena ejecución de los elementos narrativos: circunstancias y adversidades frente a desenlaces bien rematados. ¿De qué demonios estoy hablando? Personajes masculinos que en ocasiones nos traen a recuerdo a los mejores personajes de la narrativa norteamericana

POR Óscar Garduño Nájera

 En Hombres armados… se consigue la plena ejecución de los elementos narrativos: circunstancias y adversidades frente a desenlaces bien rematados. ¿De qué demonios estoy hablando? Personajes masculinos que en ocasiones nos traen a recuerdo a los mejores personajes de la narrativa norteamericana

 

No volvería a estar solo,

aunque el mundo estuviera lleno de imbéciles,

de escombro, policías y cadáveres.

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(www.moviezeal.com)

Elvis no es la mejor opción. En definitiva. Si usted gusta leer con música de fondo no lo es. Con las primeras páginas de Hombres armados y otras historias (eso de “otras historias” es una estupidez editorial políticamente correcta) yo intenté con algo de little hurricane: un cover de ZZ Top, “Blue Jean Blues”; luego algo de Percy Sledge. Tampoco. A cloud was on the mind of men, and wailing went the weather, Yea, a sick cloud upon the soul when we were boys together. Así comienza. Con un epígrafe de Chesterton. Cuando abres un libro y te encuentras con epígrafes así de entrada sientes cómo te golpean en la quijada, sabes que en cualquier momento puedes quedar tendido en la lona, es más: te sostienes, temeroso, de las cuerdas.

Hay libros de cuentos que ensordecen lo que está a tu alrededor y lees; y al hacerlo descubres, o lo intentas, das con algunas pistas, las sigues con calma, de ser necesario regresas la página, cierras un momento el libro, reflexionas. Y en Hombres armados… también das con hielo. Bajo estas circunstancias se presentan algunos de los cuentos de Daniel Espartaco. No sólo eso: un elemento que además está presente en varios de sus libros, por lo que tal vez el autor debería en este punto romperse a sí mismo y transgredir sus propias atmósferas narrativas.

Sí, lo sabemos: críticos de corbatita color pistache y amarillentas camisas andan por ahí y dicen en televisión que el género del cuento es el menos socorrido en cuanto a ventas. Aparte de canciones de Pandora, Flans y Belinda, lo de hoy por hoy es la novela, y si es histórica, mejor. Eso dicen. Hagan memoria de lo que han escuchado. Desde mi perspectiva entiendo tales declaraciones. Porque conseguir el equilibrio de los elementos narrativos en un género tan complicado como el cuento no es nada sencillo. Mejor te das por vencido, tiras la toalla, bajas del ring, entras a una estética, te cortas a rapa y te vas a cualquier cafetería a amenazar que estás escribiendo una de las mejores novelas de la literatura no sólo mexicana sino universal con dos bolígrafos de marca en mano: uno para la libreta; otro para las dedicatorias. Y te dedicas a huevonear. Es nuestro primer ejemplo. Mesas del Roxy. Cafeterías de la Condesa y de la Roma. Rulfitos, Murakancitos, Austeritos, y uno que otro despistado  más cocainómano que muchos. O bien mandas al carajo al crítico de corbatita color pistache, te esmeras en preparar cuento por cuento (y cuando tú los lees te percatas de ello), lo metes a los Juegos Trigales del Valle de Yaqui y ganas el Premio Nacional de Narrativa Sonora 2011 Gerardo Cornejo. Corres con suerte: para estas alturas el crítico de corbatita color pistache ya se la quitó, se colgó con ella tras dejar una nota póstuma a la editorial y un libro de sonetos inédito y para fortuna tuya no es jurado del concurso. No ganas porque sí. Seis cuentos que aguantan una y otra lectura te respaldan. Porque ese es el trabajo de un escritor. Antes que exhibirse, escribir, intentar por todos los medios de hacerlo bien, y eso implica disciplina, una cualidad más que se trasparenta tras de los cuentos de Daniel Espartaco (de hecho apuesto por él más como cuentista que como novelista). Historias sencillas de fácil lectura con personajes tan de carne y hueso como comunes y corrientes, pero no por ello menos complejos en cuanto a frustraciones, odios o alegrías. Olvídense del Batman que llega un párrafo antes para resolver en el cuento lo que el autor no pudo. Olvídense de la Mujer Maravilla que saca el lazo de la verdad, lo suelta por los aires, manda besos al lector y captura a los malos para luego bailar arriba de una mesa y celebrar su victoria junto a un deprimido autor.

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En Hombres armados… se consigue la plena ejecución de los elementos narrativos: circunstancias y adversidades frente a desenlaces bien rematados. ¿De qué demonios estoy hablando? Personajes masculinos que en ocasiones nos traen a recuerdo a los mejores personajes de la narrativa norteamericana, una de las principales influencias en la obra de Daniel Espartaco junto con algunos rusos. Relaciones de parejas ya sea en feliz unión (lo cual ocurre en pocas ocasiones) o en  desastrosa separación. Sobre todo, en uno de los cuentos más destacables, “Escombro”, vemos a una atemorizada Renata frente a la noticia de que han encontrado a muchachas muertas (y hay que ver a qué nos remiten las muchachas muertas). Porque aparecen así: dentro de la escenografía narrativa que nos propone el autor. Omnipresencia que atemoriza a cada momento: otro de los temas recurrentes en la obra de Daniel Espartaco, junto con una valentía masculina que en ocasiones se desmorona.

Como punto en contra de Hombres armados… está que el libro es editado por el Instituto Sonorense de Cultura, por lo que corre el riesgo de ser enclavado en cualquier bodega donde el tiempo, el polvo y los ratones consigan hacer de las suyas. Por eso el autor ofrece a la venta ejemplares directamente con él. Bien vale la pena. Se los aseguro. Y si no, se aceptan reclamos: pase usted con el crítico de corbata color pistache y amarillenta camisa.