La muerte tiene su propio ritmo

La manera de vivir en las personas mayores afecta la manera en que mueren. Debido a que los ritmos circadianos regulan cosas como los periodos preferidos de sueño y el momento de máximo rendimiento cognitivo, también regulan las probabilidades de experimentar un evento médico como una trombosis o un ataque al corazón

POR Megan Garber

 La manera de vivir en las personas mayores afecta la manera en que mueren. Debido a que los ritmos circadianos regulan cosas como los periodos preferidos de sueño y el momento de máximo rendimiento cognitivo, también regulan las probabilidades de experimentar un evento médico como una trombosis o un ataque al corazón

Death_1(walterarnold.photoshelter.com)

Conforme ganas más edad, tienes 14 por ciento más de probabilidades de morir en tu cumpleaños más que en cualquier otro día del año. Sobre todo cuando vives en determinadas zonas geográficas hay 13 por ciento más probabilidades de morir después de recibir tu cheque de pago. Además, tienes más propensión a morir al final de la mañana –cerca de las 11 horas, específicamente— que en cualquier otro momento del día.

Sí. Esta información proviene de un nuevo estudio publicado en Annals of Neurology (Anales de neurología), que identifica una variante genética común que afecta los ritmos circadianos. Dicha variante, al parecer, también puede predecir la hora del día en que vas a morir.

Incluso la muerte, al parecer, tiene un ritmo circadiano.

Para más información, lea el gran resumen del estudio y las conclusiones de Lindsay Abrams. Lo más fascinante de este resumen, sin embargo, es el papel que juega la tecnología –o, más específicamente, la ausencia de ella— en la fabricación de la mayor determinación biológica que ahí existe: la hora de nuestra muerte. Los ritmos circadianos son fisiológicos en su origen, pero tienen analogías estructurales –similitudes que guardan relación con la forma altamente mediatizada con la que los animales humanos vivimos nuestras vidas. Cuando somos jóvenes, imponemos horarios en nosotros mismos. Utilizamos máquinas para despertarnos. Utilizamos la iluminación artificial para escapar de una noche obligatoria.

Pero las realidades circunstanciales de la vejez cambian, y en gran medida. “La descompensación horaria social” –el fenómeno mediante el cual nuestros ritmos circadianos naturales se ven trastocados por rígidos horarios sociales colectivos— es un factor poco importante para las personas que (generalmente) no están trabajando y cuyas rutinas diarias no se rigen (generalmente) por itinerarios estrictos. Es decir, es menos importante para las personas que son relativamente incapaces en el campo de la tecnología. Los jubilados pueden dormir cuando lo necesitan, despertar cuando quieran a y generalmente obedecer los caprichos de sus cuerpos mucho más fácilmente que la gente más joven.

Y ese cambio en la manera de vivir en las personas mayores también afecta –potencial, probabilísticamente— la manera en que mueren. Ya que, debido a que los ritmos circadianos regulan cosas como los periodos preferidos de sueño y el momento de máximo rendimiento cognitivo, también regulan el tiempo en el que tenemos más probabilidades de experimentar un evento médico agudo como una trombosis o un ataque al corazón. Como el coautor del estudio, Clifford Saper –profesor de la Escuela Médica de Neurología y Neurociencia James Jackson Putnam en Harvard y también jefe del Departamento de Neurología en el Centro Médico Beth Israel Deaconess—, me explicó vía correo electrónico, existe un “reloj biológico funcionando en cada uno de nosotros”.

 

Death_2(rara1avis1.blogspot.com)

Así, la libertad tecnológica que llega con la jubilación de las personas en realidad puede terminar marcando una especie de cruel regularidad en sus muertes. Lo que Saper y su coautor, Andrew Lim, dan a conocer a través de sus investigaciones es que al parecer una secuencia de ADN determina, en esencia, cómo cada uno de nosotros nos relacionamos con el tiempo. Y los análisis de datos –medidos durante 15 años en patrones de sueño y de muerte en sujetos en un estudio del sueño— contribuyeron a llegar al resultado que ahora presentan.

Saper explica:

“Lo que encontramos fue un “polimorfismo nucleótido único” o SNP, en el que casi 60 por ciento de los cromosomas tiene una adenosina (A) y 40 por ciento tiene una guanina (G) en el código de ADN. Las personas tienen dos copias de cada cromosoma (uno de cada padre), 36 por ciento de las personas tienen dos A (AA), 16 por ciento tienen dos G (GG), y 48 por ciento tienen una adenosina y una guanina. Cuando observamos a un grupo de personas mayores pero saludables (arriba de 65 años, la mayoría jubiladas) encontramos que las AA tienden a despertar aproximadamente 1 hora antes de las GG, con el AG en medio.

“Esto significa, creemos, que las AA tienen de alguna manera mayores cantidades de una proteína llamada Period1 en sus células, que pensamos causa que su reloj biológico corra un poco más rápido. Sobre una base diaria, lo que esto significa es que tienden a levantarse un poco más temprano cada día. Si esto persiste (levantarse más temprano y más temprano cada día) pronto podrían levantarse en medio de la noche e ir a la cama antes de la cena. Esto obviamente reduce su capacidad de socializar con otras personas. Por lo tanto, pensamos que las AA ajustan su tiempo un poco cada día, para permanecer en un programa de “principios socialmente aceptables”, lo cual da en promedio una hora antes que las GG”.

Tiene sentido. Y ya que los ritmos circadianos controlan la vigilia –el sentido de alerta, la presión arterial, la eficiencia de corazón— es lógico pensar que lo contrario puede ser cierto: que los ritmos que estimulan la actividad humana también pueden estimular su final.

 

Death_3(mierin91.deviantart.com)

¿Pero, entonces… la frecuencia 11 de la mañana –y, para el grupo GG, una frecuencia menos común de 6 de la tarde— encajan en ese marco? ¿Por qué hay más probabilidades de morir en esas horas que en otros momentos del día?

Por la genética. Bueno, por la genética y las estadísticas. Una vez más, Saper:

“En el tiempo en que una persona está muriendo, los calendarios sociales son mucho menos importantes. Por lo tanto, pensamos que en ese periodo las personas dejan que sus propios relojes biológicos oscilen más allá del mundo exterior, y las GG se aparten mucho más de las AA. Curiosamente, las AG permanecen más cerca de las AA, así que quizá sólo una es suficiente para dar un fenotipo desde muy temprano.

“El resultado es que los diferentes procesos biológicos que conducen a la muerte se producen más temprano en las AA que en las GG. Por ejemplo, hay un aumento en las muertes cardiacas entre las 3 y 4 de la madrugada y el mediodía. Esto se cree que coincide con el aumento de hormonas como el cortisol y la adrenalina, que incrementa a su vez el ritmo cardiaco y la presión arterial, y puede empujar a alguien con problemas cardiacos a la muerte. Cada tipo de muerte tiene un “ritmo circadiano”, que tiende a ocurrir más comúnmente en un momento determinado del día, dependiendo de qué tipo de eventos fisiológicos tienden a disparar, y cuándo ocurren en el individuo. Incluso esos eventos deben obedecer al reloj biológico, marcando su tiempo en cada uno de nosotros”.

Así que hay un mayor porcentaje de la población que tiene la variante genética AA –y, fenotípicamente, es muy similar al grupo con la variante AG. Y ese grupo tiene, debido a los factores que Saper menciona, más probabilidades de morir temprano durante el día que otros grupos. En promedio, alrededor de las 11 de la mañana.

Eso no quiere decir, por supuesto, que las 11 de la mañana sea también el tiempo común en que puedes ser arrollado por un autobús o mordido por una serpiente o consumido por una bola de fuego de la profecía maya. Pero para la población de personas que ha logrado llegar a vieja –la gente que va a morir de causas naturales más que de circunstanciales— hay un elemento probabilístico del tiempo en que morirá. Y es que la muerte por causa “natural” es natural en el sentido más amplio de la palabra. Una vez que abandonamos nuestras tecnologías, nuestra biología toma el control. Los mensajes genéticos que empoderan nuestra vida también, eventualmente, coordinarán nuestra muerte.

 

Tomado de: theatlantic.com. Noviembre 19, 2012.

Traducción: José Luis Durán King.