La seducción del mal

El destripador Peter Sutcliffe habita las instalaciones de Broadmoor donde recibe decenas de cartas de igual cantidad de mujeres. “¿Qué es lo que la mujeres ven en él?”, se preguntaba la periodista Megan Lane en un artículo publicado en 2001. La interrogante es vigente, pertinente e inquietante por tratarse de quien se trata

POR José Luis Durán King

 El destripador Peter Sutcliffe habita las instalaciones de Broadmoor donde recibe decenas de cartas de igual cantidad de mujeres. “¿Qué es lo que la mujeres ven en él?”, se preguntaba la periodista Megan Lane en un artículo publicado en 2001. La interrogante es vigente, pertinente e inquietante por tratarse de quien se trata

Broadmoor_1(www.murderpedia.org)

Si alguien duda de la existencia de una especie de flor hermosa con raíces malignas, quizá sea pertinente que visite las instalaciones de Broadmoor, un hospital penitenciario de máxima seguridad en Bershire, Reino Unido. En el suelo áspero de ese recinto, las pisadas de Satán están grabadas como lo están las manos de las luminarias en los paseos de la fama. Broadmoor alberga desde hace más de 20 años a Peter Sutcliffe, el célebre destripador que fue el monarca absoluto de una época de terror que comenzó en julio de 1975, culminó en enero de 1981 y dejó un saldo de 13 mujeres asesinadas.

En enero de 1983, Sutcliffe fue atacado por un recluso de la prisión de Parkhurst, en la Isla de Wight. Un enorme tajo que partió de la sien izquierda y alcanzó aproximadamente tres centímetros del párpado inferior, desfiguró para siempre el rostro del asesino, quien recibió 84 puntadas en la herida. Esa agresión convenció a las autoridades de que la vida de Sutcliffe corría peligro entre los muros de Parkhurst, por lo que se decidió trasladarlo a Broadmoor, donde habita desde 1984.

La mudanza de uno de los viscerófilos prominentes de Gran Bretaña, quizá sólo superado en fama mas no por número de víctimas por el celebérrimo Jack el Destripador, fue a todas luces positiva sobre todo para Sutcliffe, ya que ahora no sólo no debe preocuparse por las deudas que contrajo en su pasado de predador sino que desde hace tres lustros aproximadamente recibe una gran cantidad de cartas de una extraña grey de mujeres que, literalmente, moriría por él.

La correspondencia con las féminas ha permitido que la vena poética del mutilador explaye las metáforas más ordinarias en la superficie blanca del papel. “¿Qué es lo que la mujeres ven en Peter Sutcliffe?”, se preguntaba la periodista Megan Lane en un artículo publicado en 2001 en “Case File. Peter Sutcliffe. The Yorkshire Ripper”. (www.fortunecity.com/roswell/streiber/273/sutcliffe_cf.htm). La interrogante es vigente, pertinente e inquietante por tratarse de quien se trata.

 

Desde las sombras

Broadmoor_2Peter Sutcliffe (www.tntmagazine.com)

Peter Sutcliffe fue un niño débil, condición que le causó problemas con los compañeros de su escuela, quienes lo agredían constantemente. Al llegar a la juventud se convirtió en un joven fuerte y atractivo, aunque bastante tímido con las mujeres. En 1974 contrajo matrimonio con Sonia Szurma, una joven de origen checo, que fue su única novia. Ya casado hizo buenas migas con uno de sus cuñados, Robin Holand, quien lo invitaba cada fin de semana a visitar los distritos rojos de Yorkshire. A Robin le intrigaba la relación de atracción y odio que Sutcliffe mostraba por las prostitutas.

Llama la atención que el primer ataque de Sutcliffe sucediera casi un mes después de que su esposa le confirmara que no podía tener hijos. El 4 de julio de 1975, Anna Patricia Rogulskyj, de 32 años fue atacada brutalmente cuando caminaba hacia su casa después de asistir a una reunión. Desde ese primer episodio, el modo de operar de Sutcliffe prácticamente no varió: esperaba la oportunidad oculto en las sombras de la noche; el elemento sorpresa era fundamental en su guión; siempre golpeaba con un martillo la cabeza de la víctima; con su presa indefensa, subía la blusa y sostén de las mujeres, les bajaba faldas y pantimedias; se hincaba frente a los cuerpos y los agredía con un desarmador mientras se masturbaba. Aunque atacaba también en espalda y rostro de las damas, el vientre era su objetivo predilecto, quizá un símbolo de la maternidad que su esposa nunca lograría.

Rogulskyj vivió para contar la amarga experiencia, fue una de las siete mujeres que sobrevivieron los ataques del destripador. Otras 13 no corrieron con tanta suerte: fueron sacrificadas con una saña inusual, al grado que la mayoría de los cuerpos dejaron expuestas las entrañas, un contenido que era bañado con el semen del criminal.

 

La sobreviviente

Broadmoor_3Olivia Reivers (skcentral.com)

En cuanto el número de víctimas ascendió, el terror se apoderó de las calles de Yorkshire. Debido a que las mujeres fueron atacadas durante la noche y la madrugada, existe la idea de que Sutcliffe era un verdugo de prostitutas. Nada más erróneo. Algunas de ellas fueron sexoservidoras, pero hubo amas de casa, menores de edad, profesionistas. El requisito era ser mujer.

El asesino dejó decenas de huellas en los lugares del crimen, era desorganizado. Sutcliffe siempre estuvo frente a los ojos de las autoridades y éstas no lo podían ver, no obstante que el agresor figuró como sospechoso desde el principio de la saga homicida.

El 2 de enero de 1981, una patrulla detuvo a Sutcliffe cuando iba acompañado de la prostituta Olivia Reivers, quien bajó del auto a reclamar a las autoridades porque no la dejaban trabajar. El hombre aprovechó la confusión para esconder en unos matorrales las herramientas con las que asesinaba. Los policías dejaron ir a la pareja. Pero uno de los patrulleros, intrigado por la forma en que Sutcliffe se había acercado a la maleza, decidió regresar a investigar, encontrando los artefactos que condujeron a la aprehensión del sospechoso.

Olivia Reivers se enteró por el periódico que había estado a pocos minutos de ser la víctima 14 del destripador de Yorkshire, un asesino poeta que aún tiene un no sé qué irresistible para un cierto tipo de mujeres que gusta mirar a los oscuros abismos del alma humana.

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