Le Corbusier: un rumbo nuevo para la arquitectura moderna

El connotado arquitecto, quien desempeñó gran parte de su trayectoria en París, marcó su apreciación sobre el arte de la construcción mediante su concepto de vivienda, en el que planteó que la casa debía ser una máquina de vivir y homologarse al resto de bienes que configuran la sociedad tecnológica

POR Notimex

 El connotado arquitecto, quien desempeñó gran parte de su trayectoria en París, marcó su apreciación sobre el arte de la construcción mediante su concepto de vivienda, en el que planteó que la casa debía ser una máquina de vivir y homologarse al resto de bienes que configuran la sociedad tecnológica

Corbusier(www.revistacodigo.com)

Para el fallecido arquitecto Charles Édouard Jeanneret-Gris, quien nació el 6 de octubre de 1887 en La Chaux-de-Fonds, el arte de construir edificios y monumentos fue sinónimo de generar belleza, y ésta debe repercutir en la vida de sus ocupantes.

Dotado de un destacado ingenio que lo llevó a renovar diversos conceptos en el campo, Édouard Jeanneret-Gris, quien marcó un nuevo rumbo en la disciplina, se posicionó, junto con Walter Gropius, como el principal protagonista del renacimiento arquitectónico internacional del siglo XX.

Le Corbusier, seudónimo del creador del “Modulor” –sistema de medidas basado en las proporciones humanas—, se convirtió en un teórico de la arquitectura y sus polémicos escritos influyeron decisivamente en el rumbo de la disciplina, ya que en ellos manifestó la posibilidad de cambiar el mundo a través de la arquitectura.

De acuerdo con sus biógrafos, construyó su primera casa a los 17 años y, tiempo después, fue discípulo de importantes arquitectos de la época como Joseff Hoffmann (1870-1956), Auguste Perret (1874-1954) y Peter Behrens (1868-1940).

Creó la revista L’Espirit Nouveau, en la cual divulgó sus ideas de arquitectura y pintura, así como su postura contra la Escuela de Bellas Artes y los dictados de una tradición anquilosada y obsoleta.

El connotado arquitecto, quien desempeñó gran parte de su trayectoria en París, Francia, marcó su apreciación sobre el arte de la construcción mediante su concepto de vivienda, en el que planteó que la casa debía ser una máquina de vivir y homologarse al resto de bienes que configuran la sociedad tecnológica; esto para dar una funcionalidad eficaz a las edificaciones.

En un contexto de vida dominado por la modernidad, la arquitectura tradicional se volvió obsoleta, por lo que era necesario adecuarla a la civilización industrial. Al respecto, el arquitecto declaró: “Nosotros gustamos del aire puro y del sol a raudales”.

Producto de este pensamiento, Le Corbusier ofreció un nuevo rumbo a la arquitectura, a través de la fundación de cinco puntos básicos –conocidos también como puntos de una nueva arquitectura—, los cuales aprovechaban las nuevas tecnologías constructivas, derivadas especialmente del uso del hormigón armado.

Las propuestas consistían en utilizar “pilotis”, elementos de sustentación; jardines en el tejado; una libre conformación de las plantas; ventanales continuos, y libre formación de la fachada, todo ello, dentro de un estricto orden geométrico, que alude a un único generador de “volúmenes puros”.

Los puntos pasaron a ser las características fundamentales y paradigmáticas del racionalismo arquitectónico. La utopía de Le Corbusier fue crear una ciudad que fuera una síntesis entre naturaleza y desarrollo tecnológico. En una caótica urbe, llena de aglomeraciones de vehículos y personas, buscó una ciudad de rascacielos conectados por jardines y autopistas. Sin embargo, esas ideas no trascendieron de bocetos.

Entre sus creaciones destaca la Unité d´habitation de Marsella, Francia, que se ganó el título de “La casa del chiflado” y por la que fue fuertemente criticado.

El edificio constaba de 337 viviendas y siete apartamentos dúplex; el séptimo y octavo piso se destinaron a tiendas comerciales, la terraza tenía diversos equipamientos colectivos, y en la fachada, el cromatismo de las hornacinas de las ventanas y balcones, pintadas en azul, amarillo, rojo y verde, rompía la monotonía del hormigón.

Además de este proyecto, el autor de Carta de Atenas y Hacia una arquitectura, desarrolló planes urbanísticos para París, Argel, Barcelona, Estocolmo y Saint Dié, entre otras ciudades.

Consciente de que sus principios generales inspirarían las nuevas tendencias del urbanismo moderno, Le Corbusier murió el 27 de agosto de 1965 en Provenza-Alpes-Costa Azul, Francia.

 

Octubre 5, 2013.