Proust: el maestro de la prosa de ensueño

Proust estructuró su obra magna a la manera de una sinfonía. En diversos estudios literarios ha habido innumerables intentos de explicar exactamente cómo interpretar cada capítulo y el volumen de En busca del tiempo perdido a tono con las líneas musicales

POR Morgan Meis

 Proust estructuró su obra magna a la manera de una sinfonía. En diversos estudios literarios ha habido innumerables intentos de explicar exactamente cómo interpretar cada capítulo y el volumen de En busca del tiempo perdido a tono con las líneas musicales

Proust_1(proustproject.blogspot.com)

Han pasado unos 100 años desde que Marcel Proust terminó su novela Por el camino de Swann. La obra se convirtió en el primero de siete volúmenes de En busca del tiempo perdido, el cual es considerado uno de los trabajos literarios más respetados del siglo XX. Pero esa grandeza no era tan fácil percibirla hace un siglo. De hecho, inicialmente los editores rechazaron Por el camino de Swann.

Por las virtudes de la retrospectiva crítica, nos gusta burlarnos de los supuestos errores de apreciación del pasado. Van Gogh nunca pudo vender un cuadro. Moby Dick apenas se leyó mientras Melville vivía. Los escritos de Proust fueron recibidos con indiferencia. Pero todo eso cambia cuando un artista es reconocido como un maestro. Ahora nos acercamos a una pintura de Van Gogh como algo sagrado, algo predestinado a ser grande. Asimismo, es casi imposible hoy en día leer a Proust sin ideas preconcebidas, sin saber que tenemos en las manos una “obra maestra de la literatura”. A sabiendas de que estamos leyendo una obra genial es difícil reconocer que Por el camino de Swann es extraño.

La línea de apertura de Por el camino de Swann trata sobre la conciliación del sueño. Proust escribe: “Durante mucho tiempo me acosté temprano”. Siguen muchas páginas sobre el acto de dormir de Proust, de la facilidad y dificultad de conciliar el sueño, sobre retazos de sueños y breves episodios de vigilia, de cómo su madre solía meterlo en la cama, sobre el sueño en la antigüedad y en el pasado más reciente, sobre la esencia filosófica del sueño como la pérdida temporal del ego, y por último, los recuerdos del señor Swann, “pobre Swann”, el amigo de la familia Proust y el objeto ostensible de la novela.

Los primeros lectores de la novela pueden ser perdonados de que no les gustara inmediatamente Por el camino de Swann. En un artículo reciente de The New York Times, Edward Rothstein cita una evaluación de Por el camino de Swann de los editores que rechazaron inicialmente el libro. El evaluador señala: “No comprendo cómo un hombre puede dedicar 30 páginas para describir cómo se revuelve en la cama antes de conciliar el sueño”.

 

Proust_2Jeanne Weil, madre de Marcel Proust (Yvette Gauthier/ www.flickriver.com)

Muchos lectores de Proust se han percatado de que era un escritor que se tomaba su tiempo. Walter Benjamin señaló en una ocasión que Proust, como hombre y como escritor, amaba meterse en muchas complicaciones. Benjamin compara el amor de Proust por las complicaciones en una carta anónima que dice: “Mi querida señora, acabo de darme cuenta que ayer olvidé mi bastón en su casa, por favor tenga a bien dárselo al portador de esta carta. P.D. Por favor perdóneme por molestarla, acabo de encontrar mi bastón”.

Proust escribió literatura con la misma sensibilidad del hombre que compuso esa carta. Puede ser difícil leer a Proust a menos que se esté en sintonía con esa sensibilidad. “Sintonía” es una buena palabra para el que desee emprender la lectura de Proust –la música jugó un papel importante en la vida y en los escritos de Proust. El crítico Edmund Wilson fue uno de los primeros escritores en darse cuenta de la importancia de la música en la comprensión de Proust. En 1928, Wilson escribió un ensayo acerca de En busca del tiempo perdido para The New Republic. En su texto, Wilson señaló que, “Al igual que muchos otros escritores importantes modernos, Proust fue educado en la escuela del simbolismo y tenía toda la preocupación simbolista por los efectos musicales. Como muchos de su generación, probablemente fue profundamente influenciado por Wagner como por cualquier escritor”. Wilson continúa y explica que el primer capítulo de En busca del tiempo perdido se titula “Obertura”. Proust fue estructurando su obra magna de literatura a la manera de una sinfonía. En las generaciones recientes de estudios literarios ha habido innumerables intentos de explicar exactamente cómo interpretar cada capítulo y el volumen de En busca del tiempo perdido a la par de las líneas musicales. Podemos leer, por ejemplo, que Por el camino de Swann se puede distribuir en el planteamiento, el desarrollo y la capitulación en forma de un allegro de sonata.

Pero esas obras de erudición probablemente tomaron la influencia musical al pie de la letra. Wilson tiene razón al señalar que Proust fue fuertemente influenciado por el simbolismo y que amaba la música. Todo eso significa que Proust escuchó la música de su tiempo, particularmente las obras de compositores como Saint-Saens y Gabriel Fauré. A él le gustaba la forma en que esa música le hacía sentir y quiso escribir una literatura que evocara el mismo sentimiento. ¿Cuál es ese sentimiento? Recomiendo escuchar obras como Sonata para primer violín de Fauré y Sonata para piano y violín No. 1 de Saint-Saens. Cualquiera de esas obras pudo ser la inspiración para la famosa “pequeña frase” de la música del compositor ficticio Vinteul en Por el camino de Swann. En la novela, el señor Swann se obsesiona con esa pieza de música y pide a su amada, Odette, que la toque una y otra vez para él.

La pequeña frase de música se vuelve importante para Swann porque le recuerda que su amor por Odette no es una “disgresión sin importancia”, sino algo, “por el contrario, tan superior a la vida cotidiana como para que valga la pena expresarlo”. Proust continúa explicando que “Swann había considerado los motivos musicales como ideas reales, de otro mundo , de otro orden , ideas veladas en las sombras, desconocidas, impenetrables para la mente humana, que sin embargo eran perfectamente claras una de otra, desiguales entre sí en valor y en significado”.

 

Proust_3Marcel Proust au Cours de tennis du boulevard Bineau à Neuilly-sur-Seine (1891)/ (www.flickr.com)

El tema de Swann y la pequeña frase musical de Vinteul inspiró a Proust en una de sus rapsodias del lenguaje. Dichas rapsodias estallan en varios capítulos de En busca del tiempo perdido. Swann, escribió Proust, “sabía que su memoria del piano falseado se mantuvo en la perspectiva que tenía de la música, que el campo abierto para el músico no es un desgraciado bastón de siete notas sino un teclado inconmensurable (se mantiene así, casi toda ella, desconocida), en la que, aquí y allá, separadas por la densa oscuridad de sus extensiones inexploradas, algunas de esas millones de llaves, llaves de ternura, de pasión, de coraje, de serenidad, que la componen, cada una diferente de todo el resto como un universo diferente de otro, han sido descubiertas por algunos grandes artistas que nos brindan, cuando despiertan en nosotros la emoción correspondiente al tema en que se han centrado, una gran riqueza, en la que la variedad permanece oculta, desconocida para nosotros, en esa gran noche de impenetrable oscuridad, desalentando la exploración de nuestra alma, que nos hemos contentado con considerarla como carente de valor, desordenada y vacía”.

El pasaje no se detiene allí. La discusión de la música y de la “pequeña frase” ocupa varias páginas de prosa igualmente sin aliento. Cuando Proust escribe así, cuando irrumpe en sus rapsodias, las oraciones se hacen más largas. Utiliza más (y más largas) oraciones subordinadas. Las oraciones son como grandes pilas de palabras con pliegues y capas de tela que se arrastran por el suelo. Esas frases, esas grandes frases relatadas, son las “pequeñas frases” de la novela de Proust. El autor descubrió la manera de escribir de una manera con la que podía recrear las mismas emociones que sintió al escuchar a los compositores contemporáneos que amaba. Proust estaba experimentando con oraciones al igual que los compositores experimentaban con frases musicales. Fauré, por ejemplo, jugaba un poco con escalas de tonos enteros y diversas técnicas de poliatonalidad para crear una sensación emocional específica en su música. Basta con escuchar ese pasaje de Michelangeli interpretando Danseuses de Delphes de Debussy (Debussy era un estudiante de Fauré ) para escuchar el efecto de ensueño de las escalas de tonos enteros.

El punto es que los compositores de la época de Proust experimentaban con la “sintaxis” de la música con el fin de capturar un sentimiento específico. Ese sentimiento es de ensueño y confuso por naturaleza. Por lo tanto, es difícil hablar de él. Basta con escuchar a Debussy de nuevo. Proust tiene sus propias palabras para describir la sensación que esa música evoca. Se establece en el pasaje citado anteriormente. Él dice que esta música despierta en nosotros “la emoción… de… la riqueza… [que] se encuentra oculta, desconocida para nosotros , en esa gran noche impenetrable… de nuestra alma”.

 

Proust_4(Bibliotheque nationale de France (BnF), Paris, France, Dist. RMN-Grand Palais/Art Resource, NY)

No es que Proust quisiera estructurar su novela exactamente igual a una sinfonía o que buscaba una relación entre la música y la escritura. Proust buscaba simplemente una manera de conseguir la misma sensación que experimentaba al escuchar cierto tipo de música. Proust explica que la “pequeña frase” de la música existía latente en la mente de Swann”, de la misma manera que otras concepciones sin material equivalente, como nuestras nociones de la luz, del sonido, de la perspectiva, del deseo corporal, las ricas posesiones con las que nuestro templo interior se diversifica y adorna. Tal vez vamos a perderlas, tal vez serán borradas si volvemos a la nada en el polvo. Pero mientras estamos vivos simplemente nos llevará a un estado en el que no tendremos que conocerlas en lo que se refiere a cualquier objeto material, lo que puede, por ejemplo, poner en duda la luminosidad de una lámpara que simplemente está iluminada, en vista del aspecto cambiado de toda la habitación, de la que se ha desvanecido hasta el recuerdo de la oscuridad”.

Toda la estructura de En busca del tiempo perdido, considerando que la tuviera, pretende crear un andamiaje suelto para frases increíbles, para estos momentos en que Proust despliega su prosa profunda en el núcleo oscuro de su propia existencia y brilla una luz en aspectos de su ser, y por lo tanto de nuestra propia experiencia, que por cierto rara vez se llega a ver. Por esa razón, la lectura de Por el camino de Swann puede sentirse como caer en un sueño. Las páginas vagan por la luz como el éter. A veces uno olvida que está leyendo. Nos perdemos en las historias, en los recuerdos. ¿Es Proust el que sigue desarrollando ese recuerdo de su abuela en Combray o hemos vuelto al tiempo presente? Hay que volver a leer a Proust más que a otros autores. Hay que avanzar y retroceder en el texto, buscar el lugar de nuevo. El mundo de los sueños te obliga a soñar. Eso está bien. Deja que suceda. Déjate caer en la prosa de la ensoñación y entonces tendrás la experiencia de despertarte de repente, cuando Proust entra en una de sus rapsodias. La prosa misma te sacudirá para que despiertes. “Ahora”, Proust dirá, “ahora, realmente tengo algo que decirte”.

 

Proust_5(www.berfrois.com)

No se puede tener todo un libro de oraciones luminosas, al igual que no se puede tener una composición musical completa elaborada de conmovedoras “pequeñas frases”. El interminable balbuceo trivial de las diferentes tías abuelas de Proust ofrece lugares de descanso necesarios, del aburrimiento se pasa a momentos extraordinarios del Ser que finalmente pueden ser arrancados. Pero así es como la experiencia funciona. Proust encontró una manera de hacer anestésica su prosa como la más vacía de las conversaciones. Y entonces, cuando uno ha comenzado a perder el hilo de la narración, la urgencia de su escritura comenzará a saltar y estremecerse en la página de nuevo y te sentirás convulsionando “en un sollozo cuando una fina línea de poesía o una noticia alarmante se escurra de nosotros”.

Esto lo convierte en una lectura extraña, una lectura de ensueño, la lectura que va y viene sin someterse a nada concreto. Su lectura exige entrega. Su lectura destruye prejuicios. Por el camino de Swann se mantiene tan desconcertante como debió ser hace 100 años. Y todavía es bella, es única, tan valiosa como cuando Proust la entregó por vez primera a sus desconcertado editores, un día de 1913 en una calle de París, en una época que ahora está tan alejada de nosotros como las pirámides de Egipto, pero que puede llegar corriendo de nuevo a nosotros en corrientes de recuerdos vívidos y alucinatorios de la mente de uno de los hombres más extraños y delicados hombres, pero de implacables reflexiones de su tiempo o de cualquier otro.

 

Tomado de: The Smart Set. Junio 5, 2013.

Traducción: José Luis Durán King.