El diario de Satanás… Un diario muy humano

Leonid Andréiev supo combinar sus ideas más frecuentes –la rebeldía, el ánimo oscuro, la misantropía, el pesimismo y la angustia— con un carácter fantasioso, tragicómico y de burla hacia todo lo humano

POR Fernando Montoya

Leonid Andréiev supo combinar sus ideas más frecuentes –la rebeldía, el ánimo oscuro, la misantropía, el pesimismo y la angustia— con un carácter fantasioso, tragicómico y de burla hacia todo lo humano

Satanás_1Leonid Andreiev. Judas Iscariotes/ Posfácio (www.posfacio.com.br)

Satanás vino a este mundo para echar mentiras y divertirse representando una comedia. Para el 18 de enero de 1914, a bordo de El Atlántico, este personaje lleva varios días en la carne humana, específicamente a través de un estadounidense millonario a quien logró matar, tomando prestado su cuerpo para aventurarse en el mundo.

Así se muestra en la obra El diario de Satanás, escrita por Leonid Andréiev (1871-1917), figura no tan conocida en Occidente; sin embargo, su obra resultó muy influyente para la literatura rusa del siglo XX. Andréiev, oriundo de Oryol, estudió Derecho en las universidades de Moscú y San Petersburgo, pero al verse poco recompensado por la profesión, decidió trabajar como reportero. Fue, sin embargo, Maximo Gorki –al descubrirlo a través de algunos textos publicados en el Moskóvski Véstnik— quien, en definitiva, le dio el aliento para dedicarse a la literatura.

Muy pronto, después de este voto de confianza, pudo convertirse en un autor prolífico, cuya actividad literaria atravesó el teatro, la novela y el cuento, y, asimismo, liderar el movimiento del expresionismo ruso de principios de siglo. Andréiev supo combinar sus ideas más frecuentes –la rebeldía, el ánimo oscuro, la misantropía, el pesimismo y la angustia— con un carácter fantasioso, tragicómico y de burla hacia todo lo humano.

Entre sus obras literarias más destacadas se encuentran La risa roja (1905), Los siete ahorcados (1905), Las tinieblas y otros cuentos (1916), y El diario de Satanás (1921), publicado como trabajo póstumo.

Imaginemos que Satanás está dispuesto a representar la comedia humana, sentirse como realmente se siente un hombre. Luego de un capricho dio la casualidad de que se tropezó con un buen norteamericano de Illinois. Un tal Henry Wandergood, multimillonario de 38, cuya fortuna se ha hecho en una industria de carnes y especias. Tal fortuna asciende más allá de los 3 mil millones. Satanás le da muerte para encarnar en él.

En aquél enero de 1914 sale de Nueva York para representar su teatro en la ciudad de Roma, a donde se dirige en compañía de Erwin Toppy, su asistente, quien le produce una gracia humana bastante influyente. Allí, en Roma, quiere donar sus millones a la Humanidad.

 

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En el Diario se lee:

“Aquí todo el mundo emplaza al prójimo ante un tribunal; los vivos a los muertos, los muertos a los vivos, la historia a los vivos y los muertos, y Dios juzga la historia. Y este inacabable proceso, este nauseabundo desfile de testigos falsos, de falsos juramentos, falsos jueces y falsos petardistas, habíalo tomado yo por una divina comedia.”

A Satanás, encarnado en Henry Wandergood, se le ve constantemente reflexionando su vida en el mundo y habla a los lectores con un lenguaje muy humano (“Sólo tienes dos ideas de la existencia: la de la vida y la de la muerte”). Satanás se siente como un humano más, pero quiere trascender ese significado tan pueril de la existencia. Al llegar a Italia sufre un aparatoso accidente en el tren que había tomado rumbo a Roma. Algunos de sus asistentes mueren. Míster Wandergood pide ayuda a un ciudadano del lugar. Es allí cuando conoce a Magnus y a su hija María, que sublimemente guarda un fiel parecido con la Madonna. Admirado por tal belleza, Satanás ahora hombre, sucumbe a tales encantos terrenales.

“Cuando tú, terrícola amigo, te enamoras de una mujer y te consumes en ese fuego, te tienes por muy interesante ¿verdad? Pues yo no. Cuando paso revista a toda esa muchedumbre de parejitas enamoradas, empezando por Adán y Eva, contemplo sus besos y caricias, siempre los mismos, y oigo sus palabras, siempre también las mismas, me da rabia de mi propia boca, que se pone a balbucear esas cosas tan manidas y repetidas durante miles de años… Veo tantas bestias ayuntadas en el delirio carnal, siempre idéntico, que acabo por sentir asco de mis propios huesos y de mis nervios y mi carne, al verlos propensos a rendirme al mismo delirio.”

El padre de la bella Madonna es Magnus, un misántropo que se opone a que el señor Wandergood done su fortuna en la empresa filantrópica de ayudar a la Humanidad. Las circunstancias se van dando para que el buen norteamericano se deje persuadir por el señor Magnus y vaya poco a poco aborreciendo su condición humana.

“Y usted que jamás leyó libros ¿sabe de qué tratan? Pues única y exclusivamente del mal; de los yerros y sufrimientos de la Humanidad, son todo sangre y lágrimas… el Demonio no es quien ha vertido toda esa sangre, ha sido el hombre. Sí, yo leo un libro, pero con el único objeto de aprender a odiar y despreciar al hombre.”

Si el lector busca una novela en la que la vida humana se represente como una tragicomedia, llena de los sentimientos más oscuros; exquisita en aforismos misantrópicos; llena de ingenuidad, en la que Satanás es un inocente que ha llegado tarde a una Humanidad bastante perversa y avara, esta es su novela. Andréiev ha logrado crear una obra maestra para la novelística rusa del siglo XX.