El lado comercial del crimen

En la ley de la oferta y la demanda, algunos homicidas seriales han sacado jugo a sus acciones y, desde sus celdas en el corredor de la muerte o ya en libertad (si la alcanzan), elaboran productos que, una vez que entran a los circuitos mercantiles, hallan comprador

POR José Luis Durán King

 En la ley de la oferta y la demanda, algunos homicidas seriales han sacado jugo a sus acciones y, desde sus celdas en el corredor de la muerte o ya en libertad (si la alcanzan), elaboran productos que, una vez que entran a los circuitos mercantiles, hallan comprador

ComercialUna de las pinturas realizada por John Wayne Gacy (annettehorsebreath.blogspot.com)

La fascinación pública que despierta el mal no es un fenómeno nuevo, aunque ahora, gracias a nuestra cultura audiovisual tenemos posibilidad de aproximarnos a ella lo mismo a través de la pintura o la pantalla; en forma de taza, plato o cuchillo que engalanen nuestra mesa, o simplemente mediante una prenda de vestir que despierte todo tipo de comentarios al caminar por la calle.

El gusto por lo macabro ha impulsado a algunas personas a atiborrar los fines de semana exposiciones de asesinos en serie o a disfrutar alguna de las casi 900 películas o series televisivas que tienen como tema a los homicidas pluralistas, de acuerdo con la Internet Movie Database.

Existen consumidores aún más extremos que van por algún objeto vinculado directamente con alguno de estos criminales. Sin embargo, las consecuencias de estas compras no siempre son satisfactorias. Fue el caso de Nikki Stone, quien compró en 3 mil dólares el cuadro titulado Pogo el Payaso, cuyo autor, John Wayne Gacy Jr., precisamente, gustaba disfrazarse de payaso para ofrecer funciones benéficas en los orfelinatos de Chicago. El problema es que por las noches algo sucedía y Gacy regresaba a su personalidad verdadera, que dejó una secuela de 33 jóvenes asesinados, 29 de los cuales inhumó clandestinamente debajo de su casa.

Para 2005, el señor Stone informó a un reportero del Boston Herald que estaba harto de la mencionada obra plástica, ya que, según dijo, le significó una racha de mala suerte que parecía interminable. Señaló que a partir de que el cuadro colgaba en una de las paredes de su casa, su perro murió, su madre fue diagnosticada con cáncer y las malas vibraciones alcanzaron incluso a sus socios y amigos.

Algo similar vivió el popular actor Johnny Depp, quien también se hizo propietario de otra de las obras de Gacy Jr. Depp no habló de alguna serie de eventos negativos. Lo de él fue más bien psicológico: desarrolló tal miedo patológico a los payasos que ya no sabía cómo deshacerse de la pintura en cuestión.

En la ley de la oferta y la demanda dentro de este mercado (literalmente) negro, algunos homicidas seriales han sacado jugo a sus acciones y, desde sus celdas en el corredor de la muerte o ya en libertad (si la alcanzan), elaboran productos que, una vez que entran a los circuitos mercantiles, hallan comprador.

Nicolas Claux, El Hombre Lobo de París, en realidad no era un asesino serial sino más bien un necrófilo que adoraba el olor descompuesto que emanan los cuerpos muertos, por lo que tenía la afición de desenterrar cadáveres en algunos de los cementerios de la capital francesa. Sin embargo, en una ocasión se atrevió a algo más “emocionante” y mató a sangre fría a un hombre en cuanto éste abrió la puerta de su casa para recibir al nuevo amigo que había contactado a través de un club de corazones.

Claux purgó su condena, y al quedar libre, decidió ganarse el pan con lo que siempre ha sabido hacer: dibujar. Para este artista, los asesinos seriales son simplemente víctimas de un consumismo desenfrenado que los convierte en celebridades. Así, aprovechando la celebridad de algunos de esos infractores, Claux participa con sus trazos en un portal web que vende todo tipo de productos vinculados al crimen: “Nuestra mercancía macabra”, como reza en el costado izquierdo del sitio electrónico, ofrece revistas, calendarios, estampas coleccionables, películas, carteles gigantes, playeras, filmes originales sin edición de algunos personajes oscuros, e incluso ediciones impresas con series de entrevistas hechas a asesinos todoterreno.