Junkie, un aquelarre en medio de la cacería de brujas

Publicada en la cresta más alta de la cacería de brujas encabezada por el presidente estadounidense Joseph McCarthy, Junkie destaca por ser una descripción realista, periodística e incluso clínica de un adicto fuerte a la heroína

Publicada en la cresta más alta de la cacería de brujas encabezada por el senador estadounidense Joseph McCarthy, Junkie destaca por ser una descripción realista, periodística e incluso clínica de un adicto fuerte a la heroína

Junkie(www.collectortribune.com)

Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria, señala la Tercera Ley de Newton. En 1953, en la cresta más alta del anticomunismo en Estados Unidos, de la cacería de brujas ordenada por el senador Joseph McCarthy, el congresista de Arkansas Ezekiel C. Gathings, encontró su propio blanco de persecución: la industria editorial local, en especial, las revistas pulp, a las que consideraba “ampliamente degeneradas, por diseminar la inmoralidad, la suciedad y la perversión”. Lideró su movimiento aprovechando el contexto de sospechas en que vivía la sociedad estadounidense. Pero el señor Gathings llegó más lejos: puso atención especial a los consumidores de drogas, a los que consideraba igual o más perniciosos que los propios comunistas. Fue en ese periodo de psicosis patriótico que un escritor llamado “William Lee” publicó precisamente una novela pulp con el título Junkie: Confessions of an Unredeemed Drug Addict, que en México apareció en los anaqueles simplemente como Yonqui. En los seis meses siguientes la obra vendió 100 mil copias. En realidad, el nombre del escritor era William S. Burroughs, graduado de Harvard y heredero universal de la fortuna de la Corporación Burroughs, creada en 1886 en San Luis, Misuri, especializada en la venta de las máquinas sumadoras inventadas por William Seward Burroughs. La cuantiosa herencia, el joven la aprovechó a sus anchas para dedicarse de lleno a las cosas que le interesaban en esta vida: la antropología, la medicina y la heroína. Con excepción de la abogacía, en Junkie el autor combina la antropología y la medicina con una descripción realista, periodística e incluso clínica de un adicto fuerte a la heroína, como lo fue el propio Burroughs.