Los insólitos peces gato

En el mismo momento en que naces comienzas a morir. Pero no sabes cuándo. Esa es otra fortuna. No ocurre lo mismo cuando tienes una enfermedad incurable. Quién sabe cómo te las arreglas pero procuras disfrutar cada momento de lo último que te queda

POR Óscar Garduño Nájera

 En el mismo momento en que naces comienzas a morir. Pero no sabes cuándo. Esa es otra fortuna. No ocurre lo mismo cuando tienes una enfermedad incurable. Quién sabe cómo te las arreglas pero procuras disfrutar cada momento de lo último que te queda

Peces_1(www.cinegarage.com)

De entre tantos, hay dolores que resultan inevitables. De saber conducir un automóvil (imagínenme ustedes arriba de un Volkswagen amarillo) les diría a ustedes que es como cuando vas directo contra un muro, y en lugar de detenerte, aceleras hasta el fondo, lloras, en el espejo retrovisor queda tu rostro. Sabes que tarde o temprano habrán de bostezar tipo de dolores así. Procuras mantenerlos dormidos. Así sea con calmantes. Y no habrá paliativo que pueda con ellos. Desesperanza. Una de las tantas claves de la película. Pero también fortuna: tienes el tiempo contado y eso es más que suficiente para administrarlo como a ti se te plazca, así sea en hermosas escenas donde dos mujeres comen Ruffles con queso hundidas en una noche que parece eterna. De dolores de ese tipo se estructuran los huesos de la muerte. No es lugar común. En el mismo momento en que naces comienzas a morir. Pero no sabes cuándo. Esa es otra fortuna. No ocurre lo mismo cuando tienes una enfermedad incurable. Quién sabe cómo te las arreglas pero procuras disfrutar cada momento de lo último que te queda. Senéca lo supo y se lo advirtió a Lucilio: “No es que el hombre viva poco, lo que ocurre es que desperdicia mucho tiempo”.

Tonterías. En eso en ocasiones se nos va buena parte de la vida. En cambio, cuando tienes una vida por delante pero ésta está más vacía que mi alacena (no se trata de ningún recurso literario) las cosas no vienen igual. Ya puedes patear el trasero a Séneca y mandar muy lejos a Lucilio. Es lo que ocurre con Claudia en Los insólitos peces gato, película escrita y dirigida por Claudia Sainte-Luce y producida por Jaqueca Films, Good Lap Production, Foprocine y Cine CANÍBAL.

Una primera imagen con una narrativa conmovedora. Aparece Claudia, joven, desaliñada, en un pequeño cuarto. Los tantos y tantos papeles que tiene pegados en la pared no están como mera ornamentación escenográfica; todo lo contrario, cada uno de ellos tiene un símbolo, y si uno alcanza a ver bien, se encuentra con dos frases que son devastadoras por lo menos para iniciar una película. También come Fruity Loops. Separa los que son de color morado. A mí se me vuela la cabeza con asociaciones así: pensé en los salvavidas de un barco que está a punto de hundirse en leche.

La primera de ellas tiene que ver con el dolor. Porque la película trata de dolores multiplicados. Fíjense bien. En un pedazo de papel la frase: “Hay dolores que son inevitables”. De entre tantos, el que más conmociona es el de la muerte, agregamos al final de la película. Un primer eje. Una familia de clase media común y corriente. Cuatro mujeres. Un niño no tan niño. Cada uno de ellos con distinta problemática. Está la de la primera cita y posterior ruptura porque en el fondo tal vez ni ella misma se aguanta. También la humorística obesa que tras de su manipuladora sonrisa nos muestra una complejidad que te deja helado, por no decir aterrorizado. La que aspira a la belleza eterna y baila un reggaeton frente a la televisión, bebe tequila y confiesa sus temores más ocultos entre lágrimas. Un niño que quiere dejar de serlo y que se esmera tanto que lo único que consigue es anclarse en un mundo inexplicable (¿será así el mundo de los adultos?), de donde solo saldrá, como en un cuento de hadas, con un beso de Claudia que además le provoca risa… por cierto, cuenten ustedes bien, verán que van tres mujeres. En alguna línea de este párrafo mencionamos a cuatro, ¿verdad? Así es: la cuarta mujer es la madre de la familia y desde el comienzo algo nos oculta. ¿Suficiente? ¿Hay que decirlo con otro signo ortográfico? No lo creo; tampoco la narrativa cinematográfica de la película lo pide. Sumen ustedes una mujer más, Claudia, que no es de la familia pero termina por serlo cuando ingresa al mismo hospital. Cama a cama. Vamos: ni siquiera pertenece al mundo pero termina por sentir que sí, el mundo no la expulsa, pero al menos puede pertenecer a una extraña (definan en cuanto ven la película “extraña”) familia, y entonces ocurre su milagro: sonríe y llora frente a la cámara, sonríe y llora mientras escucha las palabras de la que ya ha muerto.

 

Peces_2(closeupmexico.com)

No sé cuál sea la receta para las buenas películas; ni siquiera sé si en realidad existe alguna. Supongo que en esto del público hay gustos para todos y que uno no puede ir por ahí fiándose de la crítica porque en ocasiones o son pedantes de alta alcurnia, buen diente y despreciable humor, o hacen el feíto a quien no son de su agrado.

Me atrevo a decir que tras de Los insólitos peces gato hay toda una propuesta artística con excelentes actuaciones, buena fotografía, mejor música y una historia que sacude. Tampoco es que yo sepa tanto de cine, que conste, pero una de las tantas ventajas que tienes cuando no se te paga por lo que escribes es que puedes escribir de lo que te venga en gana. Y la película a mí me gustó. Tanto que me dio para este texto. Bien vale la pena. Felicitaciones a todo el elenco.