Noviembre 9, 1938. La noche de los cristales rotos

La fecha marca el aniversario de los pogromos antisemitas. El holocausto nazi empezó con una noche de cristales rotos. Una muchedumbre de simpatizantes nazis arrasó millares de casas y hogares judíos, arrestando a 30 mil personas de esa religión

POR José Vicente Muñoz/ Efe

 La fecha marca el aniversario de los pogromos antisemitas. El holocausto nazi empezó con una noche de cristales rotos. Una muchedumbre de simpatizantes nazis arrasó millares de casas y hogares judíos, arrestando a 30 mil personas de esa religión

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Berlín. Setenta y cinco años después de “La noche de los cristales rotos”, inicio de la persecución nazi a los judíos, 5 mil adoquines dorados en Berlín y 40 mil más repartidos en centenares de ciudades europeas recuerdan, en el lugar donde vivieron, a las víctimas del terror desencadenado por Adolf Hitler.

Este día, aniversario de los pogromos antisemitas de la noche del 9 de noviembre de 1938, decenas de berlineses saldrán a limpiar simbólicamente esas losetas de 10×10 centímetros y base cuadrada.

Cada una lleva en su superficie de latón el nombre de un perseguido por los nazis, así como la fecha de nacimiento y de deportación.

La iniciativa, titulada “Aquí vivió…1933-1945”, la inició en 1997 el artista Gunther Demnig, según explicó su colaboradora, Anne Thomas.

Tras realizar una instalación en Colonia sobre los gitanos deportados a los campos de concentración, una mujer de la ciudad reprochó a Demnig que allí no habían habitado personas de esa etnia.

“Él pensó que cómo no podía saber esta mujer que sus vecinos eran gitanos” y fue en ese momento cuando, inspirado en la cita del Talmud “nadie es olvidado, mientras tenga un nombre”, tuvo la idea de “traer a la gente de vuelta a donde habían vivido”, señaló Thomas.

Hasta la fecha se han colocado alrededor de 45 mil de estas stolpersteine o “piedras del tropiezo” en países como Alemania, Polonia, Hungría, Ucrania, Noruega e Italia.

De acuerdo con Thomas, se trata de un proyecto “en marcha” y basado en la iniciativa privada: cada persona que quiera colocar una stolperstein debe pagar 120 euros y el propio Demnig se desplaza para realizar su instalación.

Aunque en Alemania es un hecho bien conocido, Thomas consideró que “en el resto de países de Europa no es tan notoria la actuación que tuvieron las autoridades locales” durante el régimen nazi.

“En Francia no es tan conocido que las autoridades del país colaboraron (con los nazis), en Francia se ven a sí mismos como víctimas de Alemania”, añadió, para destacar la importancia de no olvidar.

En una entrevista con Efe, el director del Centro Judaico de Berlín, Hermann Simon, coincidió también en la necesidad de actualizar la memoria de los hechos para que el Holocausto no se repita.

“Creo que se debe hacer todo para que eso no vuelva a producirse, porque eso siempre es posible”, añadió Simon.

El Centro Judaico de Berlín se encuentra junto a la Nueva Sinagoga de la capital alemana, uno de los pocos centros de oración que se salvaron en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938.

 

30 mil arrestos

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La sinagoga no fue destruida gracias a la intervención de un comisario alemán que frenó a las milicias nazis, pero muchos otros locales no corrieron la misma suerte ante una muchedumbre de simpatizantes nazis que arrasaron millares de casas y hogares judíos, arrestando a 30 mil personas de esa religión.

Fue, en palabras de un diplomático colombiano presente en Berlín en ese momento, “un infierno dantesco”, indica Simon.

Durante esa noche, “hubo una muchedumbre organizada que saqueó, destrozó, robó” mientras “la mayoría” no hizo “nada, se limitaron a mirar”, abunda el historiador.

Sin embargo, admitió que hubo también “muchos” que se sintieron “avergonzados”, como lo demuestran los intentos de resistencia que quedaron registrados en los archivos de las comisarías alemanas.

Setenta y cinco años después, Simon se mostró “relativamente optimista”, ya que “las comunidades judías tienen buenas condiciones para desarrollarse” en Alemania, un país que “también es para los judíos un buen lugar para vivir”.

“Tengo confianza en las nuevas generaciones, en los jóvenes”, expresa Simon.

 

Tomado de: La Opinión Coruña. Noviembre 9, 2013.