¿Y dónde está el héroe?

Vargas Llosa está pasado de moda para una generación de jóvenes escritores que parece renegar hasta del aire que respiran menos de la cocaína y el alcohol; odian todo lo que apesta a literatura latinoamericana; lo suyo es inclinarse frente a autores de nombres impronunciables

POR Óscar Garduño Nájera

Vargas Llosa está pasado de moda para una generación de jóvenes escritores que parece renegar hasta del aire que respiran menos de la cocaína y el alcohol; odian todo lo que apesta a literatura latinoamericana; lo suyo es inclinarse frente a autores de nombres impronunciables

Héroe_1La ficción es un refugio: Vargas Llosa (culturacolectiva.com)

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Un poco de pan con lo mismo. En los años 80 (una década complicada para la narrativa latinoamericana) muchos mamamos del estilo literario de Mario Vargas Llosa. A final de cuentas le aprendías a manejar los planos narrativos entremezclados. En esa época toda una novedad. Pongo por ejemplo Historia de Mayta, cuya primera edición se publicó en 1984. Tal fenómeno parece avejentado.

Dos historias que se sitúan en Perú y que corren paralelas con algunos puntos intertextuales similares. Dos hombres. Uno de ellos, Felícito Yanaqué, dueño de la Empresa de Transportes Narihualá, debe demostrar que la dignidad del hombre está por encima de todo al recibir misteriosos recados donde lo amenazan si no paga una extorsión; el otro, Ismael Carrera, dueño de una aseguradora, se enfrenta a traiciones familiares, consigue hacer la jugada perfecta, y justo cuando está por ocurrir el feliz desenlace, el destino lo pone de cabeza, con lo cual todo se complica. También un misterioso hombre que se le aparece a Fonchito. ¿Es el diablo? ¿Es un pederasta? ¿Es un dealer?

Civilización y espectáculo. Mario Vargas Llosa está metido en eso últimamente. Recordemos que la revista Letras Libres armó un debate donde él participó junto con el sociólogo francés Gilles Lipovetsky en torno a la sociedad del espectáculo. ¿Dónde comienza la barbarie? ¿Dónde concluye, si es que eso ocurre, la dignidad del ser humano? ¿Qué tipo de sociedad están generando las nuevas tecnologías? En El héroe discreto hay algo de ello. Hay que decirlo: también hay escenas eróticas que parecen fritangas de Travesuras de la niña mala. Quién sabe si “eróticas” sea la palabra adecuada. Uno de los desaciertos de la novela, a mí parecer, es que el autor no consigue desligarse a la hora de crear las escenas eróticas para dotarlas de la belleza y precisión que estas requieren, de tal suerte que si bien la novela no va por ahí dichas escenas aburren, se las puede uno brincar, así sin más, no ocurre nada, se nos filtra la perspectiva del autor y no de los personajes y sus circunstancias.

Destaca la exactitud de los diálogos. Y si usted gusta de los refranes ponga atención a ellos. En la novela hacen de hilo conductor. Hasta aquí la primera parte de El Héroe discreto de Mario Vargas Llosa.

 

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Cinco maneras de leer El héroe discreto de Mario Vargas Llosa

(Recetario)

1. Consiga usted una olla. Meta la última novela de Mario Vargas Llosa: El héroe discreto (Alfaguara 2013). Luego póngala a hervir durante 40 minutos (en realidad el tiempo es lo de menos). Mueva los deditos sobre la olla: ponga un poco de pimienta, sal de grano, tal vez sal de ajo, sírvala en un plato ancho y espere a que se enfríe. Inserté tenedor u orilla de cuchara. No sabe tan mal. Otros dirán que es un platillo con los mismos ingredientes de siempre. Otros incluso dirán que se acabó el encanto: el Premio Nobel se convirtió en calabaza al cinco para las 12. Tal vez. Pero se deja leer. Siempre y cuando usted mande a la mierda los prejuicios, y mire que en el arte abundan.

2. Reconozca que las estructuras narrativas que emplea Mario Vargas Llosa son casi las mismas en la mayoría de sus novelas (por lo menos en las cuatro más recientes), lo cual no quiere decir que sean anodinas. Dos historias que corren paralelas. Personajes un poco huevones. Eso es cierto. Pero si de entrada usted piensa en alguien que se le aparece a un joven y del cual no se sabe si es el diablo, un pederasta o un dealer, tendrá un paso adelante. O en la dignidad frente a la extorsión. Ocupe su sillón favorito. Déjese llevar. Con los Premios Nobel de Literatura ocurre con mucha frecuencia. No son buenos por el hecho de haber obtenido el premio. Y eso lo debe de saber antes de comprar la novela. Si se deja llevar por la advertencia de PREMIO NOBEL DE LITERATURA en la portada, considérese con unos puntos menos. Haga a un lado el reconocimiento. Face to face con la novela. “Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo”, es el epígrafe de Jorge Luis Borges con el que Vargas Llosa inicia. Conquista. No son de esos epígrafes inútiles. Busque usted la relación. Ahí me cuenta si da con ella; tampoco se desespere si no lo consigue.

 

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3. La integridad de un hombre. Sí, carajo, tema muy tratado en la literatura. Sí, carajo, sobran ejemplos. ¡Pero es Vargas Llosa! “Nunca te dejes pisotear por nadie, hijo. Este consejo es la única herencia que vas a tener”. Otra pista. Las dos historias que está usted por leer giran en torno a un mismo tema. Póngase a prueba y descubra los hilos intertextuales que las conectan. Ahí también me cuenta.

4. No incurra en los mismos errores de juzgar antes de leer, por favor. La literatura se trata de oportunidades y de tiempo. Es decir, usted acude a cualquier librería, revisa lo que quiera revisar, se da la oportunidad de comprar lo que a usted le guste (o para lo que le alcance). Mande a la mierda novedades y recomendaciones de los que ahí trabajan, pues en ocasiones reciben comisiones de ventas por parte de editoriales. Y luego le dedica el tiempo suficiente para concluir la novela, el libro de cuentos, el poemario, etc. Sí, su prima la de faldita corta y buena pierna le dijo que la última de Vargas Llosa está de la chingada. Sí, su cuñado, aquel barrigoncito que maneja un microbús con ruta CU-Indios Verdes le dijo que se identificó con la historia de Felícito porque a él también lo han querido extorsionar los líderes de la ruta 44. Habladurías. Eso es muy fácil. Incluso se topará usted con jóvenes que critican la novela de Mario Vargas Llosa sin argumentos. Total, es Vargas Llosa, está pasado de moda para una generación de jóvenes escritores que parece renegar hasta del aire que respiran menos de la cocaína y el alcohol; odian todo lo que apeste a literatura latinoamericana; lo suyo es inclinarse frente a autores de nombres impronunciables, sobaquear en la Cineteca un libro de algún desconocido polaco, ruso, checheno, pero nunca El héroe discreto de Vargas Llosa porque eso es de señoras ricas, de gente que no sabe leer, de gente que hace más caso a reseñas en Opera Mundi… Yo tampoco tengo tanta experiencia; sin embargo, le puedo decir que la novela aguanta, cumple, tiene sus momentos altos y sus momentos mediocres, cierto, pero se deja.

5. Lea por el placer de leer. Si el índice de lectura en nuestro país es bajo tiene que ver con los apoyos gubernamentales, cierto, con los presupuestos y las malas campañas, cierto, con políticas educativas que han mostrado su fracaso rotundo en cuanto a la lectura se refiere, cierto, pero también por infinidad de mamonsetes que se sienten las divinas garzas y que hacen de jueces para dictaminar lo qué es bueno y lo qué es malo en la literatura, y a partir de estos parámetros hacen publicidad para tal o cual autor… A final de cuentas la lectura no pertenece a unos cuantos, pertenece a todo aquel que se quiera dar la oportunidad, así que dese usted a leer El héroe discreto de Vargas Llosa, disfrute, y luego comente con su cuñado eso de la dignidad de los hombres, eso de la belleza en el arte, eso del hedonismo. Ahí me cuenta a qué conclusión llegaron.