La chica mexicana de Jack Kerouac

En On the Road, Sal –álter ego de Kerouac— encuentra a Terry (Bea Kozera) en una estación de autobuses. Durante décadas, muchos intentaron dar con Kozera, quien aparece nombrada en más de una veintena de biografías del escritor. La única prueba material de su existencia eran las cartas que la mujer envió al autor

POR Jaime González

 En On the Road, Sal –álter ego de Kerouac— encuentra a Terry (Bea Kozera) en una estación de autobuses. Durante décadas, muchos intentaron dar con Kozera, quien aparece nombrada en más de una veintena de biografías del escritor. La única prueba material de su existencia eran las cartas que la mujer envió al autor

Bea_1Esta foto, tomada cerca de 1947, muestra a Bea Kozera (izq.) con su amiga Angie en Selma, California/ AP)

Durante la mayor parte de su vida Bea Kozera, quien falleció el pasado mes de agosto a los 92 años, ignoró que aparecía en una de las obras clave de la literatura estadounidense del siglo XX.

En otoño de 1947, Kozera –quien en aquella época llevaba el apellido Franco y provenía de una familia de origen mexicano emigrada a Estados Unidos— tuvo un breve romance con el escritor Jack Kerouac, quien acabaría inmortalizando su historia en su famosa novela On the Road (1957).

En ese libro ella era Terry, “la chica mexicana” a la que el personaje de Sal –álter ego de Kerouac— encuentra en una estación de autobuses y con la vive una fugaz aventura de dos semanas que le llevará a conocer de primera mano la realidad de los inmigrantes que trabajaban en los campos del Valle Central de California.

Durante décadas, muchos intentaron dar con Kozera, quien además de ocupar un capítulo de On the Road, aparece nombrada en más de una veintena de biografías de Kerouac. La única prueba material de su existencia eran las cartas que la mujer envió al autor –quien falleció en 1969 a los 47 años— en los meses posteriores a su romance.

Finalmente fue el escritor Tim Z. Hernández quien en 2010, después de varios años de investigación, localizó a la mujer en la ciudad californiana de Fresno y le hizo saber que aparecía retratada en la que muchos consideran la obra definitiva de la Generación Beat.

De ese encuentro surgió la novela Mañana Means Heaven en la que Hernández –quien como Kozera proviene de una familia de inmigrantes del Valle de San Joaquín— reconstruye la vida de la mujer en base a las entrevistas que mantuvo con ella.

 

La búsqueda

Bea_2(thedailybeatblog.blogspot.com)

“Cuando leí el capítulo de On the Road acerca de la chica mexicana, me pregunté qué habría sido de ella. Pensé que sería una buena idea escribir un libro de ficción con su historia. Mi idea inicial nunca fue encontrarla”, explica Tim Z. Hernández.

“El autor de una de las biografías de Kerouac me contó que en la Biblioteca Pública de Nueva York conservaban algunas cartas que la mujer había enviado a Kerouac. Fui allí a investigar y cuando tenía las cartas en la mano me di cuenta de que se trataba de una persona real. Fue entonces cuando decidí que tenía que encontrar a sus familiares y hablar con ellos”, abunda Hernández.

Durante más de dos años Hernández intentó dar con Bea Franco, visitando los archivos de Kerouac en varias ocasiones, rastreando Internet e incluso llamando a algunos cementerios para ver si había algún registro de la mujer, siempre con la premisa de que ya había fallecido.

Fue un investigador privado quien le sugirió que Franco podía seguir con vida, algo que a Hernández “no se le había pasado por la cabeza”.

Ante la falta de resultados, en 2010 Hernández decidió que iba a empezar a escribir su novela con la información que había recopilado.

“Entonces le conté la historia a mi madre, quien vive en el Valle de San Joaquín. Le expliqué que iba a dejar de buscar a la mujer y ella, que ahora está jubilada, me dijo que le pasara los documentos con la información que había recabado para ver si podía encontrar a Franco por su cuenta mientras yo escribía el libro”.

Dicho y hecho. Apenas 24 horas después, su madre le llamó para decirle que tenía dos direcciones. Finalmente resultó que Bea Franco vivía a poco más de dos kilómetros de la casa en la que Hernández había crecido.

“Fui hasta la casa y les conté la historia a los hijos de Franco. No habían oído hablar de Kerouac. Antes de que me dejaran ver a su madre tuve que entrevistarme dos veces con ellos, ya que querían comprobar que tenía buenas intenciones. No fue hasta que les enseñé las copias de las cartas que su madre le había enviado a Kerouac que me dejaron hablar con ella”, señala el escritor.

 

“No soy mexicana

Bea_3Tim Hernandez con Bea Franco en el hogar de ella en 2010 (pri.org)

Lo primero que Hernández preguntó a Franco cuando la tuvo frente a él era si sabía que aparecía en On the Road, a lo que ella contestó que “no tenía ni idea”.

“Luego le pregunté que qué le parecía que el escritor se refiriera a ella como ‘la chica mexicana’ y ella me dijo: ‘Bueno, no soy mexicana. Nací en Los Ángeles’”.

A partir de ese momento Hernández decidió que su libro tenía que ser una biografía de Franco, para lo que pasó horas entrevistándola.

Cuando Bea Franco conoció en 1947 a Jack Kerouak en la estación de Bakersfield, se dirigía en autobús a casa de su hermana en Los Ángeles, huyendo de su marido y padre de sus dos hijos, quien era alcohólico y la maltrataba.

Su encuentro ocupa una veintena de páginas de On the Road. Cuando el escritor la describe por primera vez, habla de ella “como la chica mexicana más bonita” con “un cabello largo de un negro lustroso” y unos “grandes ojos azules” (que en realidad eran verdes).

Estuvieron juntos apenas dos semanas, aunque en los meses posteriores siguieron comunicándose por carta, con la idea de encontrarse de nuevo en Nueva York, algo que no llegó a suceder.

Años después Franco conoció a LeRoy Kozera, “un buen hombre” que “la trataba con respeto” y se hizo cargo de ella y de sus hijos. Estuvieron casados hasta que Kozera falleció en 2004.

 

Un regalo

“Cuando le conté a Bea franco que aparecía en On the Road y en 22 de las biografías de Kerouac, me dijo que no entendía por qué alguien podía querer escribir un libro sobre ella, ya que no era nadie importante”, añade Hernández.

El 1 de agosto pasado Hernández envió a Kozera una copia de Mañana Means Heaven, que acababa de salir de la imprenta y debía llegar a las librerías en pocas semanas. Unos días más tarde la mujer murió a los 92 años.

“Cuando falleció sus hijos me dijeron que con su muerte su madre me estaba haciendo un regalo. Era una manera de hacer que el libro pudiera volar libremente”, indica Hernández.

“Ha sido un privilegio. Nunca soñé con encontrarla. Tan sólo estaba siguiendo mi curiosidad y acabé conversando con ella durante horas y horas”.

“Con Mañana Means Heaven he querido contar la historia de Bea y la de los inmigrantes que desde hace generaciones trabajan en los campos de California”, expresa el escritor.

“Es un ejemplo más de cómo los latinos y latinas han contribuido a este país”.

 

Tomado de: BBC Mundo. Diciembre 3, 2013.