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Tres veces al amanecer

POR Óscar Garduño Nájera

 Algo oculta cada amanecer. Y llegas a casa fastidiado. Hay amaneceres que en definitiva no son para ti. También hay amaneceres en los que mueres de a poquito. Revives al medio día. O no lo haces

Amanecer_1Alessandro Baricco (www.babelio.com)

Lo mejor ocurre al amanecer. Las mejores borracheras hacen pausas mortales al amanecer y son pocos los valientes que se atreven a continuar bajo la luz que se modifica  y transforma hasta el color de los envases de cervezas. También las mejores confesiones se dan al amanecer. Frente a frente. Con mil cigarros por delante. Hombre con hombre. Mujer con mujer. Hagan ustedes las combinaciones. Los viejos se paran a orinar y regresan a la cama. Eso también ocurre al amanecer.  Hasta breves historias de amor. Como la de un hombre y una mujer que, tras insistencia de él, borracho ya, se sientan en las escaleras de un viejo y gris edificio. El hombre tiene una intención: ver con ella el amanecer. La mujer muere de frío. Se abrazan. Hace el esfuerzo. Tarda en ocurrir el amanecer y se aburren. Deciden entrar al departamento y hacer el amor. Una de las mejores cosas que se puede hacer antes del amanecer. Los toma así el amanecer, por sorpresa, deslizándose como lluvia por la ventana. Hermoso momento. Hasta que ella se despide. Ahora el hombre se sienta en las escaleras y aún espera el amanecer. Vaya tontería.

No es de día. Pero tampoco es de noche. El amanecer pertenece a otra categoría. Los que hemos tenido la oportunidad de enfrentarlo en las peores condiciones lo sabemos. Algo oculta cada amanecer. Y llegas a casa fastidiado. Hay amaneceres que en definitiva no son para ti. También hay amaneceres en los que mueres de a poquito. Revives al medio día. O no lo haces. Y Alessandro Baricco lo sabe. Por eso nos presenta Tres veces al amanecer (Anagrama 2013). Usted compre el libro y tome la decisión: al comenzar el autor nos advierte del plan intertextual que decidió llevar a cabo tras escribir su anterior novela, Mr Gwyn (Anagrama 2012), donde nos presenta a un escritor ficticio, Akash Narayan, que a su vez escribe un libro que se titula Tres veces al amanecer. Si el autor y el título ya están por qué no aventurarse y dar con las claves narrativas que permitan conectar a una novela con la otra sin que esto implique que se tenga que leer la primera, pues la lectura de Tres veces al amanecer se puede realizar de manera independiente o bien complementando los rasgos de Akash Narayan, del cual se habla más a fondo en Mr Gwyn.

Un título sencillo. A mí me suena como de western. Un avejentado Clint Eastwood apea del caballo con el cigarro en los labios y el ala del sombrero caída. Dije: seguro que hay pistolas, duelos y uno que otro caballo. Al menos una pistola sí aparece. Algunos ecos violentos que Baricco retoma de Sin Sangre (Anagrama 2003).

 

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La estructura de la novela se conforma por tres historias independientes bien equilibradas. Cien páginas y punto final. No sé si el autor se propuso terminar en ese número tan exacto. Al final de cada historia hay un punto en común que las une. En la primera de ellas, Baricco nos deja ver lo bien que le caería escribir teatro (sé que por ahí tiene uno que otro experimento dentro de este género), pues la mayor parte de esta historia se estructura con base a diálogos que bien podrían ser llevados a escena. Al menos yo la imaginé así. De toallas blancas va la segunda de las historias. Y es una de las más hermosas. Ah, también de una mujer embarazada, y de un viejo al cual le tiemblan las manos en el momento menos oportuno; también de un tipo que insulta en calzoncillos. “Fuego” se podría titular la tercera de las historias. Pero no es ahí donde se dan las claves sino en el tiempo, la vejez y el amor. De la mano de un niño de esos reservados e inteligentes como muchos de los que nos ha presentado Baricco. Cien páginas. Lo mejor de historias así es que uno puede regresar a ellas una y otra vez. Admirar detalles que se nos fueron durante la primera lectura.

Un libro bien equilibrado tanto en su brevedad como en su prosa. Y es que una de las cualidades que tiene Baricco es que parece renovarse con cada una de sus obras. Multiplicarse y quebrar sus propios patrones de escritura. Va más allá. Se atreve, juega con el lenguaje, con las estructuras, ¡vamos!, hasta con la tipografía, y en algunas ocasiones le funciona, en otras no tanto (hay que aceptarlo), pero lo importante es que se trata de uno de los autores italianos más destacados hoy por hoy.