Vivieron para contarlo

Vivir después de viajar en compañía de Ted Bundy fue un milagro para Carol DaRonch. El hombre mató a casi 40 mujeres en una saga que arrancó en el estado de Washington y culminó en Florida. Bundy era un violador serial, homicida y necrófilo

POR José Luis Durán King

 Vivir después de viajar en compañía de Ted Bundy fue un milagro para Carol DaRonch. El hombre mató a casi 40 mujeres en una saga que arrancó en el estado de Washington y culminó en Florida. Bundy era un violador serial, homicida y necrófilo

SobrevivientePeter Sutcliffe, El Destripador de Yorkshire (www.tntmagazine.com)

En ocasiones ha sido una cuestión de suerte, en otras la constitución física individual y unas más la decisión repentina y sorpresiva de los captores, pero lo cierto es que pocas, muy pocas víctimas han logrado sobrevivir el ataque de un homicida serial.

En el caso de Ann Rogulsky, la inexperiencia de su agresor la ayudó a salir lo mejor librada posible de un hombre llamado Peter Sutcliffe. Una noche a mediados de 1975, en el condado Yorkshire, Inglaterra, Ann intentaba abrir la puerta del departamento de su novio. Nunca se percató que un individuo se le acercó por la espalda. Simplemente sintió un golpe en la cabeza que la desmayó. En el suelo, Sutcliffe la volvió a impactar con un martillo, para asegurarse de que la mujer no despertara. Inerme, la joven fue desnudada del torso. El individuo se disponía a abrir el vientre de su presa cuando escuchó pasos. Era uno de los inquilinos del edificio de apartamentos.

Aunque el vecino no se dio cuenta de lo que sucedía cerca de la entrada del inmueble, su presencia fue suficiente para ahuyentar a El Destripador de Yorkshire, quien acabó con la vida de 13 mujeres, la mayoría prostitutas, en un lapso de cinco años.

Una mañana de septiembre de 1992, Jennifer Asbenson comprobó lo peligroso que es aceptar aventón de un desconocido. Pero para la joven, el hombre llamado Andrew Urdiales ya no era desconocido, pues le había dado un aventón un día antes. Sólo que ahora las circunstancias cambiaron drásticamente. Asbenson fue brutalmente golpeada y sodomizada por su captor. Después de ser maniatada y arrojada a la cajuela del auto de Urdiales, la chica logró zafarse de sus ataduras mientras el sujeto conducía por una carretera de Palms Springs, California. Cuando el individuo abrió la cajuela para revisar que todo marchaba conforme a sus planes, Asbenson salió de la cajuela, y desnuda de la cintura para abajo, corrió por la carreta, perseguida por Urdiales machete en mano. Dos militares se detuvieron a ayudar a la mujer, pero Urdiales logró escapar. Asesinó a nueve mujeres en diez años de carrera.

Vivir después de viajar en compañía de Ted Bundy fue un milagro para Carol DaRonch. El hombre mató a casi 40 mujeres en una saga que arrancó en el estado de Washington y culminó en Florida. Bundy era un violador serial, homicida y necrófilo.

En noviembre de 1974, Bundy se acercó a Carol, de 18 años, en el estacionamiento de un centro comercial con el pretexto de que el auto de la joven había sido robado, por lo que ella tenía que reportar el incidente en la estación de policía más cercana. Carol sospechó que algo estaba fuera de lugar cuando abordó el auto del presunto agente. Y su suspicacia aumentó cuando vio que el hombre se enfiló hacia la carretera. La joven preguntó con firmeza hacia dónde se dirigían. Bundy detuvo el vehículo, sacó una pistola, le apuntó e intentó esposar a la chica. Horrorizada, DaRonch dejó que el asesino la esposara, sólo que, por los nervios, Bundy colocó las esposas en una sola mano de su presa. Sacando ventaja del error, en cuanto pudo Carol abrió la puerta del auto en movimiento y saltó al asfalto. El homicida detuvo su unidad y comenzó a perseguir a la mujer. Bundy llevaba en la mano una barra de metal, que utilizaba para dejar inconscientes a sus presas. Afortunadamente para Carol, una pareja que viajaba en una camioneta detuvo la marcha y levantó a la estudiante.

Bundy escapó en aquella ocasión y continuó su actividad febril como homicida serial. Cuando finalmente se enfrentó a la corte, Carol DaRonch estuvo ahí para dar su testimonio y aportar su grano de arena para que el delincuente fuera condenado a morir en la silla eléctrica de Florida.