Geoffrey Chaucer: El Parlamento de las Aves y otras visiones del sueño

En el camino hacia un humanismo renacentista, con un brillante y extenso bagaje de cultura clásica, Chaucer tropezó con la Alegoría, que le acompañó durante toda su obra, y junto con la Mitología, la Simbología, la Metáfora, la Ironía, la Sátira y la Comparación, crearon múltiples personificaciones, antropomorfismos y endiosamientos de conceptos

POR Fernando Montoya

 En el camino hacia un humanismo renacentista, con un brillante y extenso bagaje de cultura clásica, Chaucer tropezó con la Alegoría, que le acompañó durante toda su obra, y junto con la Mitología, la Simbología, la Metáfora, la Ironía, la Sátira y la Comparación, crearon múltiples personificaciones, antropomorfismos y endiosamientos de conceptos

Padre de la literatura inglesa

Chaucer_1El sueño de la razón produce monstruos, por Francisco de Goya (www.tusojosenmicogote.com)

Muchos amantes de la literatura saben de la existencia de Geoffrey Chaucer por la trascendencia que alcanzaron a través del tiempo Los cuentos de Canterbury, pero no muchos conocen detalles de la vida y obra de este gran referente de la literatura inglesa que nació en Londres en 1340.

A juzgar por numerosos profesores de Lengua, este diplomático, escritor y filósofo que, según se cree, fue alumno de la escuela de gramática latina de la Catedral de San Pablo y estudió Leyes en el Inns of Court no sólo realizó importantes aportes a las letras de su país sino que también se convirtió en el padre del inglés al demostrar mediante sus textos la legitimidad artística del mencionado idioma.

En 1366 este joven que se desempeñó como funcionario de la corte de los reyes Eduardo III y Ricardo II de Inglaterra, y frecuentó Francia, España e Italia por cuestiones diplomáticas, contrajo matrimonio con Philippa de Rouet, una cortesana de Constanza de Castilla.

Tiempo más tarde, Chaucer repartió su tiempo entre su trabajo como inspector de aduanas en el puerto de Londres, sus obligaciones como responsable a cargo de los parques reales y su labor como creador de propuestas literarias. Ya con varios títulos en su haber, este descendiente de un próspero comerciante de vinos fijó su residencia en Kent y sumó experiencia como juez de paz e integrante del Parlamento.

Geoffrey Chaucer falleció el 25 de octubre de 1400 y, a modo de reconocimiento por sus aportes hacia las letras inglesas, sus restos fueron enterrados en la Abadía de Westminster.

 

Sus escritos oníricos

En el camino hacia un humanismo renacentista, con un brillante y extenso bagaje de cultura clásica, tropezó con la Alegoría, que le acompañó durante toda su obra y junto con la Mitología, la Simbología, la Metáfora, la Ironía, la Sátira y la Comparación, crearon múltiples personificaciones, antropomorfismos y endiosamientos de conceptos cuya abstracción y poca concreción permite excesos literarios, ofreciendo una materialización de la idea a la manera convencional de la época, actuando como agente sintetizador entre el mundo antiguo y la sociedad medieval.

Es común a todas estas obras que el autor se presente como un personaje más, soñando y narrando lo que soñaba, creando su propio álter ego en un mundo onírico con acentuados temperamentos mitológicos. Adelantándose a Freud y a Jung, y continuando la línea de algunos clásicos como Ovidio y Virgilio, contribuyó literariamente a la presentación artística de los sueños y sus significados; sueños en los que se presentan dimensiones paralelas a la realidad en una relación privilegiada entre el inconsciente humano y el divino mitológico, en un estado ambivalente de reposo y acción onírica.

Entre el blanco de la pureza y el negro de la caótica oscuridad, se presenta el amor arrebatado por la ambivalente Fortuna en El libro de la duquesa. A través de una desesperación rayando la demencia y una desmesurada pena por la muerte de su amada, el caballero llora la pérdida y detalla sus extremas virtudes a partir de un educado lenguaje, cargado de una moral propia del medioevo.

 

Chaucer_2Encuentros con el arte: Dante Gabriel Rossetti. El prerrafaelista (tallerdeencuentros.blogspot.com)

La unilateral visión masculina con ausencia de la voz femenina, presenta una excéntrica obediencia y un exuberante sentimiento que sólo tienen sentido en el decoro y grandilocuencia del lenguaje del amor cortés, forma de hablar, sentir y actuar que dignifica al señor convirtiéndole en vasallo en el amor.

Frente a esta presentación del sentimiento, en El parlamento de las aves la jueza Naturaleza dirime sobre la legitimación del consentimiento y, diferentes voces adornadas de irónicas alegorías y sarcásticas metáforas, muestran su amor en un paradisíaco vergel aromático y musical.

En un onírico, fantástico y alegórico juicio, se presenta Chaucer ante el Amor, en La leyenda de las buenas mujeres. Defendido por la superioridad racional de la dama y a modo de penitencia, comienza Chaucer a escribir un inacabado libro, en honor a esas mujeres que han confiado y honrado el amor con sus pensamientos, actos y omisiones, alabando su fidelidad y condenando la falta de legitimidad e ingenuas creencias en determinados juramentos.

No es el Amor el único personaje alegórico que juega un papel importante en la obra de Chaucer. En La casa de la Fama bajo lujosos y austeros decorados oníricos, diserta sobre las apariencias y razona sobre el conocimiento, la sabiduría y la ciencia. En un punto estratégico donde todos los sonidos y sus armónicos se expanden en progresión geométrica y son audibles independientemente de su veracidad, la diosa Fama concede su cualidad con aleatoriedad.

Estos cuatro libros dejan una magnífica constancia escrita de la sociedad medieval del siglo XIV y de algunos de los temas que más le preocupaban como es el caso del amor. Desde el amor sensual al espiritual, pasando por el amor cortés y el alegórico, que se muestra en ocasiones con los ojos vendados no por su falta de visión sino por la irracionalidad y la oscuridad de algunos comportamientos en su nombre; todos esos amores constituyen un vínculo común explícito o implícito a las cuatro obras. Para el lector interesado, recomiendo la obra de Chaucer editada por Siruela (2005).

No hay duda que en un poeta el término “viaje” implica la aventura por encontrar el yo, o bien, el anhelo por hallarse con el mejor de los mundos posibles. El viaje implica romper ataduras, emprender viejos y nuevos caminos, toparse con diversos obstáculos, aprender de ellos y asegurar el paso. El primer sueño de Sor Juana, la obra de Dante, Divina comedia y en esta ocasión la obra de Chaucer, son claros ejemplos de un interés epistemológico personal, y a su vez universal (valiéndose de la filosofía, la literatura clásica, la mitología y la teología), por hallar la verdad. Son, a grandes rasgos, poemas con el tiempo, viajes infinitos entre razón, fe y fantasía, que describen el tránsito de la noche al despertar de la aurora.