Infancia feral: el llamado de lo salvaje

En los últimos 400 años, muchos niños ferales han sido descubiertos y llevados de vuelta a la vida civilizada. La fascinación por el niño salvaje tiene muchas contrapartes en los mitos de la antigüedad. Una y otra vez nos encontramos con cuentos legendarios del héroe abandonado al nacer y criado por animales o que sobrevive en el aislamiento

POR Michael Newton

 En los últimos 400 años, muchos niños ferales han sido descubiertos y llevados de vuelta a la vida civilizada. La fascinación por el niño salvaje tiene muchas contrapartes en los mitos de la antigüedad. Una y otra vez nos encontramos con cuentos legendarios del héroe abandonado al nacer y criado por animales o que sobrevive en el aislamiento

Feral_1Feral Child. Tales from the Dark Side (krackedkillers.wordpress.com)

En los años siguientes a la caída del comunismo, cuando el tejido social de Rusia se derrumbó, los niños de la calle se convirtieron en algo común en Moscú y San Petersburgo. Al igual que las personas sin hogar en Londres, ambos estuvieron siempre presentes y sutilmente invisibles –un telón de fondo de la vida de la ciudad; una intromisión irritante en el proceso de seguir simplemente adelante con las cosas. Pero uno de esos niños de la calle de Moscú fue diferente. Él logró alcanzar la visibilidad que tanto tiempo le había sido negada.

En 1996, Ivan Mishukov se fue de casa. Tenía cuatro años. Su madre no podía con él o con su novio alcohólico, por lo que el niño decidió que la vida en las calles era mejor que el caos de su apartamento. Fue justo en el momento en que Moscú tenía gente sin hogar, y sus perros salvajes, una consecuencia inevitable de la incapacidad de crear instalaciones para individuos callejeros en la ciudad. En las calles, Iván comenzó a mendigar, pero daba una parte de su comida a un grupo particular de perros. Los animales comenzaron a confiar en él, le ofrecieron su amistad y, por último, lo aceptaron como el líder de la manada.

La relación funcionó perfectamente, mucho mejor que cualquier relación que Iván hubiera conocido entre sus pares humanos. Él mendigaba comida, y la compartía con su manada. A cambio, él durmió con los perros en las largas noches de invierno de densa oscuridad, cuando las temperaturas se desplomaron. El calor de los animales lo mantuvo cálido y vivo, a pesar de la nieve y el frío; y si alguien intentaba molestarlo o robarlo, los perros estaban allí a la mano para atacar al potencial agresor.

La policía se enteró de la vida de Iván, pero no lo podía arrancar de las calles. Tres veces se escapó de sus captores, huyendo cuando los perros defendieron ferozmente a su líder. Finalmente la policía logró separar a Iván del grupo de los perros, colocando cebos para los animales en el interior de la cocina de un restaurante. Privado de sus perros guardianes, el chico, que gruñía salvajemente, fue atrapado rápidamente.

Estuvo viviendo en la calle durante dos años. Como había pasado cuatro años en una familia humana, podía hablar perfectamente. Después de un breve paso por el refugio infantil Reutov, Iván comenzó a ir a la escuela. Parecía ser como cualquier otro niño de Moscú. Sin embargo, decía que por la noche soñaba con los perros.

 

Feral_2Tarzan and Other Feral Children (www.3sigma.com)

Cuando la historia fue publicada en julio de 1998, el caso de Iván era lo suficientemente extraordinaria para ganar la atención de la prensa mundial. Pero su experiencia no es única. En los últimos 400 años, muchos de esos niños han sido descubiertos y llevados de vuelta a la vida civilizada. La fascinación por el niño salvaje tiene un largo trecho recorrido, y la historia de Iván tiene también muchas contrapartes en los mitos de la antigüedad. Una y otra vez nos encontramos con cuentos legendarios del héroe abandonado al nacer y criado por animales o que sobrevive en el aislamiento: la educación salvaje de Ciro, el abandono de Moisés en una ribera; la infancia de Semíramis, fundadora de Babilonia, alimentada por las aves; la historia de Edipo, abandonado en el salvaje desierto de Citerón; la infancia de los gemelos Anfión y Zethos, abandonado en la ladera de una montaña; la exposición de Paris en las laderas del monte Ida, donde durante cinco días fue amamantado por una osa; la historia de Tiro, Neleo y Pelias

A menudo esos héroes se convierten en fundadores de ciudades –como Anfión, cuya música encantó a las piedras para que por sí mismas construyeran los muros de Tebas.

Los más famosos de todos los míticos Iván, sin embargo, son Rómulo y Remo, los fundadores de Roma. Su historia nos ofrece un templete que se ajusta a muchas otras versiones del mito. La madre de los gemelos fue Rea Silvia, hija de Numitor, alguna vez rey de Alba Longa, pero para entonces depuesto por Amulio, su malvado hermano. Con el fin de evitar que su sobrina, Rea Silvia, tuviera descendencia y continuara el linaje de Numitor, Amulio la obligó a convertirse en una virgen vestal. Una noche, sin embargo, un enorme falo fantasmal apareció en el templo de las vestales y preño a Rea. Amulio enloqueció de rabia, pero Rea protestó y dijo que fue el dios Marte el responsable de su embarazo. Cuando Rea dio a luz dos hijos gemelos, Amulio ordenó que los niños fueran abandonados. Fueron llevados al río Tíber, donde quedaron “a merced de la fortuna”, como señala la traducción del siglo XVI de Thomas North a Plutarco. La muerte parecía inminente, pero la ayuda llegó de una forma inesperada: una loba amamantó a los infantes. Los gemelos vivieron de esa manera hasta que un pastor llamado Fáustulo los descubrió.

Fáustulo y su esposa Aca Larentia criaron a los niños, que resultaron ser nobles, viriles y valientes. Los gemelos crecieron para liderar una banda de forajidos dedicada al robo, hasta que al final su verdadera identidad fue descubierta. Rómulo y Remo derrocaron a Amulio y restauraron a Numitor, su abuelo, en el trono de Alba Longa. Los gemelos entonces decidieron fundar una ciudad propia.

 

Feral_3Mito y pincel: Rómulo y Remo (mitoypincel.blogspot.com)

Restauraciones y sustituciones están en el corazón mismo de la historia de Rómulo y Remo: hermanos que toman el lugar que les corresponde, padres que crían a los hijos de otros, el dios Marte que se torna un pretendiente humano. Sin embargo, la sustitución fundamental se produce cuando la loba salva a los niños perdidos. En ese momento, cuando los labios de los bebés se cierran sobre los pezones de la loba, una misericordia transgresora elimina la influencia dañina de una cultura asesina. El momento es un segundo nacimiento: donde se espera la muerte, se da socorro, y los niños nacen milagrosamente en el orden de la naturaleza. La piedad de la naturaleza advierte acerca de la crueldad humana: sólo un milagro de bondad puede restaurar el desequilibrio creado por la iniquidad de los hombres. A partir de esa experiencia, la ciudad puede comenzar otra vez, refundada en el edificio de Roma.

 

Feral_4Amala And Kamala, Feral Children (guides.wikinut.com)

Existen muchas historias medievales de animales salvajes que llegan al rescate de niños. Los cuentos populares de la época hablan de “niños cisnes”, y en varios Märchen –cuentos de hadas— los niños son amamantados por una cierva, una cabra, una leona, una loba, por cuervos e incluso las ratas. A veces una bestia roba a un niño de su madre humana, y en otros cuentos el animal rescata al niño de los desmanes de la crueldad humana. En el popular romance Octavio, otro conjunto de niños gemelos se nutre, en un caso de un mono, y en el otro de una leona. En el romance de Sir Gowther, un niño maligno que arranca el pezón de su madre mientras se alimenta de su pecho elige voluntariamente la vida feral, y así sufre la penitencia de, literalmente, vivir en el salvajismo, pues él se alimenta de las bocas de los perros mientras está encerrado en un silencio expiatorio.

El más famoso de estos relatos, sin embargo, fue el de Valentín y Orson, los hijos gemelos del paria Bellyssant, perdidos en el bosque. Uno de los niños, Valentín, es rescatado rápidamente y devuelto a la civilización, mientras que Orson, su hermano, permanece en el fondo del bosque, donde es secuestrado por una osa y lo lleva a su guarida para alimentar a sus cachorros. Allí, “Dios que nunca abandona a sus hijos mostró un milagro evidente”. Los cachorros de oso, en lugar de devorar al bebé, lo acarician suavemente. La osa se apiada del niño y lo cría como uno de los suyos.

Los hermanos separados: Valentín crece civilizado; Orson se metamorfosea en el coco: medieval, el “hombre salvaje”. Los hombres salvajes asolaron los bosques del romanticismo medieval y renacentista: irracionales, carnívoros, peligrosos, feroces. Vivieron y murieron en los bosques silvestres, lejos del sonido de las campanas de la iglesia; peludos como demonios, siempre solitarios; moviéndose solos a través de lo salvaje, a veces arrebatando niños, o más a menudo, las mujeres de los pueblos asediados; merodeadores, furiosos; sin embargo, domesticados, útiles y leales a los caballeros errantes rindiéndose a la aventura en los bosques sin caminos. Eran, invariablemente, incapaces de hablar.

Valentín y Orson, los gemelos separados, se encuentran, pelean, se reconocen entre sí y se reúnen. Quizás historias como ésta son las fábulas que sugieren la necesidad de una reconciliación entre la civilización y la naturaleza.

 

Feral_5Los niños salvajes (marcianitosverdes.haaan.com)

Iván Mishukov es sólo el ejemplo más reciente de la vida real del fenómeno. En el siglo XVIII, en el bosque cercano de Hamelín, en Hanover, los pobladores hallaron un niño desnudo al que llamaron Pedro el Niño Salvaje, quien fue a vivir por un tiempo con Jorge I en el palacio de St. James. Víctor de Aveyron fue capturado desnudo y mudo en un bosque próximo a Lacaune en 1800. Kamala y Amala, las niñas lobo de India, surgieron en cuatro patas de las selvas de Midnapore en 1921. Pero una de las historias reales mejor documentadas es la de Memmie le Blanc, la niña salvaje de Champagne.

Memmie fue vista por vez primera cerca de la aldea de Songi una tarde de septiembre en 1731. Salió del bosque, armada con un garrote, en busca de agua. Tenía quizás nueve o diez años de edad. Sus pies estaban desnudos, pero llevaba un vestuario escaso de trapos y pieles, y una hoja de calabaza en el cabello. Su cara y manos estaban “negras como las de un negro”, dijeron los aldeanos.

Después de varios intentos fallidos para atraparla (la niña mató a un perro guardián con un solo golpe de su garrote), los aldeanos intentaron atraerla con una jarra de agua, pero ella se sorprendió y huyó a las ramas más altas de un árbol. Un aldeano astuto sugirió entonces la presencia de una mujer y unos niños cerca del árbol, ya que resultarían menos intimidantes a la niña; la mujer y los menores sonreirían a Memmie y montarían un espectáculo de gran amistad. Así, una mujer con un niño en brazos se acercó al árbol, llevando verduras y dos peces en las manos. Le tendió la comida a la niña, quien presionada por el hambre, bajó a una parte del camino, antes mostrar miedo y correr de vuelta a la seguridad.

La mujer mantuvo en calma su gentil invitación, sonriendo y gesticulando al colocar la mano sobre su pecho, “como si quisiera asegurarle que la amaba y que no le haría daño”. El engaño fue un éxito: la niña se deslizó de su lugar de refugio para recibir la comida. La mujer continuó atrayéndola, y se movió imperceptiblemente de distancia, sin dejar de sonreír y fingir amor generoso. La niña se alejó del árbol, y los hombres que estaban al acecho aprovecharon la oportunidad para saltar de su escondite y tomar a la pequeña por la fuerza.

La niña fue llevada a la cocina del castillo del vizconde D’Epinoy. El cocinero desplumaba algunas aves para la cena del vizconde. Antes de que nadie supiera lo que ocurría, la niña tomó una de las aves muertas y le hincó los dientes, desgarrando la carne cruda. D’Epinoy llegó, y al ver la forma en que la niña comía, ordenó que se le diera un conejo sin desollar; al instante, la despojó al conejo de su piel y lo devoró.

 

Feral_6Амала и Камала (ufogid.ru)

La niña fue examinada y la gente del castillo le hizo preguntas, pero ella no entendía una sola palabra del francés. Al principio, los examinadores supusieron que la menor era negra. Sin embargo, una vez que fue lavada varias veces, resultó que era blanca; su oscuridad aparente de piel era resultado de la suciedad y, posiblemente, de pintura. Tenía unas manos extrañas, las palmas eran pequeñas y pulcras como las de cualquier niña, aunque los dedos y los pulgares eran curiosamente más grandes. Más tarde se conjeturó que esa formación era resultado de saltar de un árbol a otro, como una ardilla, con sus poderosas manos asiéndose a las ramas.

La niña portaba un collar, unos pendientes, y una bolsa fijada a una gran piel de animal que envolvía su cuerpo y caía alrededor de sus rodillas. En la bolsa había un palo y un pequeño cuchillo, éste inscrito con caracteres extraños, desconocidos para todos.

El vizconde D’Epinoy fue el primero de varios dignatarios de abrazar la causa de la niña salvaje. Fue bautizada en 1732 y recibió el nombre de Marie-Angelique Memmie Le Blanc. Aprendió francés rápidamente en los diez años siguientes, vivió en varios conventos y su biografía fue escrita por dos mecenas contemporáneos: Madame Hequet y el abogado escocés James Burnett, más tarde Lord Monboddo.

Se especulaba que Memmie debió tener siete u ocho años cuando fue arrebatada de su país, el cual no podía recordar. Fue, dijo, puesta a bordo de un gran barco y llevado hacia un país cálido. Allí la vendieron como esclava, pero no sin antes pintarla de negro, porque había muchos esclavos negros transportados a través del mar en grandes barcos. En la tierra caliente fue puesta a bordo de otro barco, en el que su amo le colocó un collar de hierro; si no trabajaba, recibía palizas. Pero su ama fue amable con ella y le permitía esconderse. El barco naufragó y la tripulación subió a la lancha, pero Memmie y una niña negra fueron abandonadas y sobrevivieron lo mejor que pudieron. Dejaron el barco cuando éste se hundía, y la niña negra, al no saber nadar bien, se aferró al pie de Memmie.

Por fin llegaron a la orilla. Luego viajaron una gran distancia a través de la tierra, moviéndose sólo por la noche para que nadie las viera, y dormían durante el día en las copas de los árboles. Comían raíces y jugaban cuando les era posible; comían carne cruda con la sangre aún caliente, como bestias de presa. Aprendieron a imitar a los pájaros, por eso era la única música que conocían, aunque no podían hablar entre ellas, porque una desconocía el idioma de la otra. Se comunicaban entre sí mediante señales y con gritos salvajes, como los que habían asustado a los aldeanos franceses cuando Memmie fue capturada.

 

Feral_7The Heartbreaking Story of Genie, A Feral Child Who Will Never Learn to Communicate (www.businessinsider.com.au)

Dos o tres días antes de que Memmie fuera capturada, “la que ahora ha venido a ser la señorita Le Blanc, vio una corona de flores en el suelo, la que sin duda había sido tirada por algún pasajero”, escribió Burnett. “Ya fuera que la novedad del objeto le encantaba, o si trajo a su memoria algo del mismo tipo que había visto antes, no se sabe…” Lo cierto es que la niña comenzó a bailar.

Como la menor tenía miedo de que alguien tomara la corona de flores, fue a recogerla, pero la niña negra, al ver lo que Memmie iba a hacer, golpeó con fuerza la mano extendida con el palo que llevaba. Aunque la mano de Memmie fue herida gravemente, ella devolvió la agresión, golpeando a su oponente en la frente, la niña negra cayó al suelo, sangrando y gritando. Memmie, al sentir compasión y culpa, corrió en busca de algunas ranas. Cuando encontró una, le quitó la piel y la extendió sobre la frente de la chica para restañar la herida, fijándola con el hilo de la corteza de un árbol. Después de este episodio, las dos compañeras se separaron sin mediar palabras. La niña herida retomó su camino hacia el río, y Memmie tomó el camino hacia la fatídica Songi, donde sería capturada.

El relato del descubrimiento de Memmie parodia e invierte el descubrimiento europeo del Nuevo Mundo. Al igual que Pedro el Niño Salvaje, la niña salvaje representa la posibilidad de vernos a nosotros mismos como algo extraño y nuevo. Porque en la historia de Memmie nos encontramos con una curiosa inversión del dilema del turista. Este no fue un caso en que el forastero solitario percibe el choque de extrañeza. Los franceses estaban perplejos y perturbados por Memmie. El hecho inexplicable de su llegada parecía poner en peligro la seguridad y certeza de lo conocido. Sin poner un pie fuera de las calles conocidas de París, ahí mismo pudieron vivir una experiencia que en esos momentos se repetía a través de las Américas, África y los Mares del Sur: el miedo complejo, la vergüenza y la tentación que los colonizadores europeos sintieron durante su primer contacto con los “salvajes”.

Al tiempo que Madame Hecquet imprimía su biografía de Memmie, Jean -Jacques Rousseau publicó su obra seminal, Discurso sobre el origen de la desigualdad. Rousseau miró con pesar los orígenes primitivos de la humanidad, viendo en nuestros comienzos simples una dignidad, gracia y vitalidad perdidas en la sociedad sofisticada.

A través de las historias –reales y ficticias— de los niños salvajes, emerge, tal vez, otra narración: la historia fragmentada e inquietante de nuestra relación continua con la imagen salvaje de nosotros mismos.

 

Extracto editado de Savage Girls and Wild Boys: A History of Feral Children.

Tomado de: The Guardian. Enero 19, 2002.

Traducción: José Luis Durán King.