Aldous Huxley: el profeta de la sociedad domesticada

Nuestra obsesión con los juguetes elegantes producidos por Apple y Samsung –aliados a nuestro apetito aparentemente insaciable de Facebook, Google y otras compañías que nos proveen de servicios “gratuitos” a cambio de detalles íntimos de nuestra vida cotidiana—puede llegar a ser tan poderosa como el soma lo era para los habitantes del mundo feliz

POR John Naughton

 Nuestra obsesión con los juguetes elegantes producidos por Apple y Samsung –aliados a nuestro apetito aparentemente insaciable de Facebook, Google y otras compañías que nos proveen de servicios “gratuitos” a cambio de detalles íntimos de nuestra vida cotidiana—puede llegar a ser tan poderosa como el soma lo era para los habitantes del mundo feliz

Aldous_1The Predictions of Aldous Huxley on the 50th Anniversary of His Death (paleofuture.gizmodo.com)

El 22 de noviembre de 1963, el mundo estaba demasiado preocupado con el asesinato de Kennedy para prestar atención a la muerte de dos escritores del otro lado del Atlántico: C.S. Lewis y Aldous Huxley. Cincuenta años después, Lewis ha sido honrado con una placa en la Esquina de los Poetas de la Abadía de Westminster, ceremonia que tuvo lugar en noviembre de 2013. Las fanfarrias para Huxley han sido más bien moderadas.

Hay varias razones en esto: Las crónicas de Narnia propulsó a su autor a la Liga Tolkien; Shadowlands, la película acerca de la vida de Lewis protagonizada por Anthony Hopkins fue vista por millones de personas, y sus escritos sobre temas religiosos lo convirtieron en una figura mundial en los círculos espirituales. Hay una Sociedad C.S. Lewis en California, por ejemplo, además de una C.S. Lewis Review y un Centro para el Estudio de C.S. Lewis y Amigos en una universidad de Indiana.

Aldous Huxley nunca atrajo ese tipo de atención. Sin embargo, hay buenas razones para considerarlo como el más visionario de ambos escritores. Por una ironía de la historia, las visiones de nuestro futuro enmarañado pueden enmarcarse en las pesadillas imaginativas de Huxley y su compañero etoniano George Orwell. Este último advirtió que podíamos ser destruidos por las cosas que tememos –el aparato de vigilancia del Estado tan vívidamente evocado en 1984. La pesadilla de Huxley, que figura en Un mundo feliz, su gran novela distópica, era que seríamos destruidos por las cosas que nos deleitan.

Huxley fue un niño de la aristocracia intelectual de Inglaterra. Su abuelo fue Thomas Henry Huxley, biólogo victoriano y el evangelista más eficaz de la teoría de la evolución de Darwin. (Coloquialmente era conocido como “El Bulldog de Darwin”.) Su madre era sobrina de Matthew Arnold . Su hermano Julian y su medio hermano Andrew fueron también biólogos distinguidos. En esas circunstancias no es sorprendente que Aldous resultara ser un escritor que osciló mucho más allá de las preocupaciones habituales del folclor literario –en la historia, filosofía, ciencia, política, el misticismo y la exploración psíquica. Su biógrafo escribió: “Colgó alrededor de su cuello su lema personal, el del espantapájaros de un hombre en una de las pinturas de Goya: “Todavía estoy aprendiendo”. Fue, en ese sentido, un moderno Voltaire.

 

Aldous_2Brave New World, por Sth22art on deviantART (sth22art.deviantart.com)

Un mundo feliz fue publicado en 1932. El título proviene del discurso de Miranda en La tempestad de Shakespeare: “¡¡Oh, maravilla/ ¿Cuántas criaturas hermosas hay aquí/ ¡Qué hermosa es la humanidad! Oh mundo feliz,/ Que tienes tales personas en ti.”

La novela se ubica en el Londres de un futuro lejano –2540 d.C.— y describe una sociedad ficticia inspirada por dos cosas: la extrapolación imaginativa de Huxley de las tendencias científicas y sociales, y su primera visita a Estados Unidos, en la que quedó impactado por la forma en que una población podía ser aparentemente domesticada por la publicidad y la venta al menudeo. Como intelectual fascinado por la ciencia supuso (correctamente, como se vio después) que los avances científicos pueden finalmente dar a los humanos poderes que se habían considerado hasta ahora como de dominio exclusivo de los dioses. Y sus encuentros con industriales como Alfred Mond le llevaron a pensar que las sociedades eventualmente son gobernadas en líneas inspiradas en el racionalismo de gestión de la producción en masa (“Fordismo”), por lo que el año 2540 d.C. en la novela es “El Año de Nuestro Ford 632”.

En la novela, Huxley describe la producción en masa de los niños, lo que ahora llamaríamos fecundación in vitro; la interferencia en el proceso de desarrollo de los niños produce una serie de “castas” con niveles cuidadosamente modulados de capacidades para que puedan encajar sin quejarse en los diversos roles sociales e industriales que se les asignan; y el condicionamiento pavloviano de los niños desde el nacimiento.

En ese mundo feliz nadie se enferma, todos tienen el mismo tiempo de vida, no hay guerras, y se prescinde de las instituciones, el matrimonio y la fidelidad sexual. La antiutopía de Huxley es una sociedad totalitaria, gobernada por una dictadura supuestamente benévola cuyos temas han sido programados para disfrutar su sometimiento a través del condicionamiento y el uso de una droga narcótica –soma— que es menos dañina y más placentera que cualquier narcótico conocido por nosotros. Los gobernantes de Un mundo feliz han resuelto los problemas al hacer que a la gente le encante su servidumbre.

Lo que nos lleva de nuevo a los dos etonianos de nuestro futuro. En el frente de Orwell, lo estamos haciendo bastante bien, como las revelaciones de Edward Snowden lo han subrayado recientemente. Hemos construido una arquitectura de la vigilancia estatal que haría que Orwell jadeara. Y, de hecho, durante mucho tiempo, para aquellos que nos preocupan esas cosas, estaba la capacidad de Internet para facilitar ese tipo de vigilancia integral que atrajo una mayor atención.

En el proceso, sin embargo, nos olvidamos de la intuición de Huxley. No hemos podido notar que nuestra obsesión desbocada por los juguetes elegantes producidos por Apple y Samsung –aliados a nuestro apetito aparentemente insaciable de Facebook, Google y otras compañías que nos proveen de servicios “gratuitos” a cambio de detalles íntimos de nuestra vida cotidiana— bien puede llegar a ser tan poderosa como el narcótico soma lo era para los habitantes del mundo feliz. Así que, aunque recordemos a C.S. Lewis, tendremos un recuerdo para el escritor que percibió el futuro en el que nos gustaría llegar a amar nuestra propia servidumbre digital.

 

Tomado de: The Guardian. Noviembre 22, 2013.

Traducción: José Luis Durán King.