La verdad sobre María Estuardo, según Stefan Zweig

María Estuardo es hija de un Jacobo de los muchos “jacobos” que reinan pero no gobiernan en Escocia. Un país medio comprado por Inglaterra, dividido en clanes, nobles, religiones. Vaya, del que siempre sacan partido los ingleses

POR Fernando Montoya

 María Estuardo es hija de un Jacobo de los muchos “jacobos” que reinan pero no gobiernan en Escocia. Un país medio comprado por Inglaterra, dividido en clanes, nobles, religiones. Vaya, del que siempre sacan partido los ingleses

Estuardo_11587. Ejecutan a María Estuardo, reina de Escocia (interlineasoeste.com.ar)

Durante estos meses he leído mucho a Stefan Zweig (Viena, 1881-Petrópolis, Brasil, 1942), más conocido, para los cinéfilos, por ser el autor de Carta de una desconocida (pequeña gran) novela en la que se basa la película homónima de Max Ophüls protagonizada por Joan Fontaine en 1948. Además de ésta y de Veinticuatro horas en la vida de una mujer, he leído María Estuardo, una brillante biografía novelada sobre la reina escocesa que construye gran parte de su retrato psicológico por oposición al de su mejor enemiga: Isabel de Inglaterra.

Stefan Zweig no quiere, en principio, hacer un panegírico de este personaje histórico, considerado un mártir por unos, un personaje romántico por otros, y también una reina fatua y vacía, una alocada que merecía su castigo por otros. Stefan Zweig, como siempre, se queda a medio camino: no quiere juzgar o ponerse de parte de… pero acaba haciéndolo. Se pone de parte de María Estuardo, al menos un poco. Al menos, su retrato no da tanto escalofrío como el que hace de Isabel, la Reina Virgen, la fundadora del poderío inglés.

María Estuardo es hija de un Jacobo de los muchos “jacobos” que reinan pero no gobiernan en Escocia. Un país medio comprado por Inglaterra, dividido en clanes, nobles, religiones. Vaya, del que siempre sacan partido los ingleses. De pequeñísima se apalabra su matrimonio con Francisco II de Francia, y se muda a Francia (de donde es la familia materna, los poderosos Guisa), para ser criada y educada por Catalina de Médici, la suegra. Vida principesca, relajada, en un país rico y, también, un polvorín.

Francisco II muere siendo niño, así que el reinado de María en Francia dura un suspiro. Tiene que volver a Escocia, un poblado abandonado. Y ahí empieza su perdición. No mide: es cariñosa, fiestera, y tontea. Tontea y tontea. Y empiezan las víctimas. Dice Zweig que aquél que se le acerca, acaba maldito. Hasta que se maldice ella.

De todas las equivocaciones personales y políticas que cometió María Estuardo, la mayor de ellas fue enamorarse hasta la enfermedad del hombre por el que terminó en el cadalso (“Las personas inteligentes siempre son las que menos inteligentemente actúan”), un pasaje que, por cierto, Zweig narra de una manera tan cinematográfica como escalofriante. El cuarto conde de Bothwell, James Hepburn, se desposó con la reina de Escocia pocas semanas después del asesinato de su segundo marido, el también descendiente de Enrique VII, Lord Darney (primo hermano de la reina). Hoy –entonces tampoco— no existe alguna duda sobre la participación de María Estuardo en el asesinato de su esposo. También, gracias a la relación epistolar que Isabel de Inglaterra y María de Escocia mantuvieron, así como a través de diversa documentación de la época, sabemos que la Reina Virgen orquestó la pantomima judicial para acabar definitivamente con su mayor enemiga, asentando un peligroso precedente histórico: el enjuiciamiento y posterior ejecución de una reina legítima.

A María Estuardo le cuesta el puesto y luego la cabeza. Una vida enfrentándose a un enemigo implacable, enorme, tentacular. De reina a prisionera, de prisionera a juguete, de juguete a ejemplo.

¿Hasta dónde podemos llegar? Isabel y Cecil y Walsingham ponen los límites. La respuesta es: podemos hacerlo todo. ¿Podemos matar a una reina? Probemos, podemos matarla. No pasa nada, es un ejemplo. Sigamos forzando la máquina. Poco importa si luego será otro Estuardo el que gobierne el reino y sea comprado a costa del erario inglés.

Me temo que el cine no ha sabido llevar a la pantalla con el rigor requerido la complejísima relación entre ambas reinas. Tampoco los verdaderos acontecimientos que condujeron a María Estuardo al cadalso y, mucho menos, la implicación de Isabel de Inglaterra en este trágico final. Ni siquiera la película de John Ford, María Estuardo (1936), protagonizada por Katharine Hepburn, se ajusta enteramente a la realidad. Lógico, María Estuardo e Isabel de Inglaterra fueron dos reinas de la conspiración, dispuestas a cometer cualquier tipo de inmoralidad con tal de conseguir sus propósitos, algo que, por otra parte, no las distanciaba mucho de otras monarcas contemporáneas.

 

Como dato curioso

Estuardo_2La reina del estilo clásico: Audrey Hepburn (madlynnm.blogspot.com)

Un buen día, Joseph Victor Anthony Ruston, para añadir más lustre a su nombre, decidió incorporar al mismo el apellido de su abuela materna, un apellido que, de acuerdo con el árbol genealógico de la familia, procedía del tercer marido de la reina María Estuardo, el conde de Bothwell, James Hepburn. Joseph Victor, ya aristócrata, contrajo matrimonio por segunda vez con una joven de su misma clase, la hija de un barón, Ella Van Heemstra. El 4 de mayo de 1929, el matrimonio tuvo una hija bautizada con el pomposo nombre de Edda Kathleen Van Heemstra Hepburn-Ruston. El mundo, sin embargo, la conocería como Audrey Hepburn.