Las favoritas de los homicidas seriales

El criminólogo Steven Egger señala que un homicida serial mantiene su anonimato a buen resguardo cuando invita a una prostituta a subir al auto. En áreas donde se ejerce la prostitución, nadie pone atención cuando una mujer sube a un auto. Además, ¿quién reporta la desaparición de una prostituta?

POR José Luis Durán King

 El criminólogo Steven Egger señala que un homicida serial mantiene su anonimato a buen resguardo cuando invita a una prostituta a subir al auto. En áreas donde se ejerce la prostitución, nadie pone atención cuando una mujer sube a un auto. Además, ¿quién reporta la desaparición de una prostituta?

VulnerableProstitution arrests at Philadelphia Mummers club (abclocal.go.com)

Entre noviembre y diciembre de 2010, un homicida serial eligió como coto de caza la avenida Kensington, en Filadelfia, una arteria urbana donde la prostitución se ejerce a cualquier hora del día y en la que el comercio sexual guarda una estrecha relación con la adicción a las drogas duras.

En el periodo referido, un hombre paseaba en su auto. Cuando localizaba su objetivo, se acercaba a la mujer en turno, ambos acordaban condiciones, la chica subía al auto y se retiraban en busca de un lugar que les permitiera cierta intimidad.

Este modo de operar tuvo consecuencias mortales para Elaine Goldberg, Casey Mahoney y Nicole Piacentini, de 21, 27 y 35 años. Las tres mujeres fueron estranguladas durante el acto sexual y en todos los casos fueron violadas después de muertas.

A principios de 2011 fue arrestado Antonio Rodríguez, de 23 años, un joven con un historial de enfermedad mental, cuyo ADN correspondió con los líquidos encontrados en los cuerpos de las víctimas. El hombre mostró cierta sorpresa por su detención, pues consideraba que sus actos no debían considerarse crímenes, ya que las mujeres eran prostitutas.

No es extraño que los homicidas seriales deambulen por los distritos rojos de las grandes urbes en busca de presas. En primer lugar, porque, como bien lo señala Steven Egger, criminólogo de la Universidad de Houston y autor de los libros The Need to Kill y The Killers Among Us: Examination of Serial Murder and its Investigations, las trabajadoras sexuales son personas “disponibles”, lo que las convierte en vulnerables.

El especialista señala que un homicida serial mantiene su anonimato a buen resguardo cuando invita a una prostituta a subir al auto. En áreas donde se ejerce la prostitución, nadie pone atención cuando una mujer sube a un auto. Además –pregunta Egger— ¿quién reporta la desaparición de una prostituta?

En el artículo “Prostitutes as Victims of Serial Homicide,” publicado en abril de 2011 en el apartado “Homicide Studies” de Sage Journals, la periodista Kenna Quinet añade que de 1970 a 2009 la proporción de mujeres que ejercían la prostitución y que se convirtieron en víctimas de asesinos seriales varió de 16 por ciento a 69 por ciento.

Gary Leon Ridgway, El Asesino de Green River, fue un especialista en asesinar prostitutas, acabó con la vida de 48 de ellas en los alrededores de Seattle. En una de sus confesiones, explicó: “Elegí a prostitutas como víctimas porque era fácil levantarlas sin que nadie se diera cuenta. Sabía que nadie reportaría su desaparición. Las elegí porque creía que podía matar cuantas yo quisiera sin ser capturado”.

Volviendo a Kenna Quinet, la periodista abunda que son varias las razones por las que se ha incrementado el homicidio de prostitutas, pero destaca “El creciente comportamiento de alto riesgo entre las prostitutas drogadictas durante la epidemia de crack de los años 80 y 90” del siglo pasado. Asimismo apunta que la actual recesión económica puede haber provocado que más personas queden sin hogar y se involucren en las drogas, la prostitución y otras formas de vida de alto riesgo. Para Quinet no resulta extraño que 46 por ciento de los homicidios de prostitutas queden sin resolver.

Para Neil Boyd, profesor de criminología en la Universidad Fraser, en Burnaby, Columbia Británica, Canadá, autor del libro The Beast Within: Why Men are Violent, las mujeres que ejercen la prostitución en las calles son más vulnerables que las que trabajan en salones de masajes y en agencias de scorts, por ejemplo, donde los hombres proporcionan sus datos, números de celular y de tarjetas de crédito.

Los clientes, indica Boyd, “saben que si cometen actos violentos serán fácilmente rastreados”.