Mujeres de senos grandes

Después de varios homicidios marcados por una violencia inaudita, Wayne Adam Ford sintió remordimiento, por lo que se presentó a una estación de policía. La autoridad exigió una prueba. Ford sacó una bolsa de su chamarra: era el seno putrefacto de una mujer

POR José Luis Durán King

 Después de varios homicidios marcados por una violencia inaudita, Wayne Adam Ford sintió remordimiento, por lo que se presentó a una estación de policía. La autoridad exigió una prueba. Ford sacó una bolsa de su chamarra: era el seno ya putrefacto de una mujer

Ford_1Drive by Truckers (thislandpress.com)

A mediados de 2006, la modelo británica Victoria Redstall fue vista en varias ocasiones en las instalaciones del Centro de Detención de West Valley, en Rancho Cucamonga, California. Aunque la rubia había declarado no ser “una de esas lunáticas a las que les gustan los asesinos seriales”, lo cierto es que se rumoraba que tenía una relación afectiva con uno de ellos: Wayne Adam Ford, a quien conoció cuando participó en un espectáculo montado en dicho presidio. Para callar los comentarios, Redstall dijo que visitaba a Ford simplemente para cantar juntos piezas de country, género musical que a ambos gustaba.

La Chica del Helicóptero, conocida así por haber participado en el documental “Hover Me: The Making of Helicopter Girl”, finalmente aceptó que sentía atracción por los homicidas pluralistas, ya que, dijo, “todos tenemos el mal dentro de nosotros”. Asimismo, Redstall, quien también prestó su voz para una serie de anuncios de sostenes, explicó que Ford ahora era un hombre muy diferente al que cometió cuatro asesinatos en California.

Muy diferente no ha de haber sido, ya que, quizá de forma involuntaria, Redstall recordaba a Ford su obsesión por los senos femeninos prominentes, o más bien dicho, por los senos grandes en sí, extirpados de los cuerpos de las mujeres.

Hombre con pocos estudios, Wayne Adam Ford provenía de un hogar problemático y en cuanto tuvo la edad requerida se alistó a la marina de su país, de donde fue separado por sus problemas mentales. De regreso a tierra, siempre rodeado de acusaciones vinculadas a la agresión a mujeres, Ford se casó en tres ocasiones. De su último matrimonio nació un hijo, aunque la mujer pidió el divorcio, ya que, según declaró al levantar la demanda pertinente, Ford la obligaba a tener relaciones con otros hombres mientras él sólo veía y le producía pequeñas heridas en los senos con alfileres. Al separarse, ella prohibió que su ex cónyuge viera o visitara a su hijo, lo que produjo una gran depresión y enojo al hombre.

Pocas semanas después de recibir el acta de divorcio, Ford fue arrestado por crueldad contra animales, ya que disparó a la cabeza al perro que había sido la mascota del matrimonio. El animal fue el preámbulo de una saga homicida. El 26 de octubre de 1997, un cazador de patos vio que algo sobresalía en un banco de lodo. Al acercarse descubrió que se trataba de un cuerpo humano. Dio aviso a la policía y ésta rescató el cadáver de una mujer al que faltaban cabeza, brazos y piernas. El vientre de la víctima había sido abierto en canal y los intestinos estaban expuestos; asimismo, los senos fueron extirpados. La identidad de la mujer nunca se supo.

 

Ford_2Trucker’s Death List Could Grow (www.sfgate.com)

Después de tres homicidios más, marcados por una violencia inaudita, Ford una mañana llamó por teléfono a su hermano para decirle que le urgía platicar con él. Aunque Ford nunca le dijo a su familiar el motivo de sus preocupaciones, éste adivinó que se trataba de algo serio, por lo que le pidió que acudieran a la policía.

En la estación, Ford y su hermano fueron atendidos por un agente, que al escuchar el relato de los homicidios, pensó que se trataba de una broma, por lo que exigió una prueba. Ford echó mano al bolsillo de su chamarra, sacó una bolsa, la vació en el escritorio y resultó que era el seno ya putrefacto de una mujer.

Pese a su arrepentimiento, Ford fue condenado a la pena de muerte y actualmente habita el corredor de los condenados en San Quentin. Siempre mantuvo que comenzó a matar por la ira que le causó no ver a su hijo y que eligió a víctimas con senos prominentes, porque sentía una atracción especial por ellos.