Señor y señora Macbeth

POR Dan Mitchell

 Lady Macbeth es uno de los personajes femeninos más famosos y temibles de Shakespeare. Cuando la vemos por vez primera, ya está tramando el asesinato de Duncan, y ella es más fuerte, cruel y ambiciosa que su marido. Parece plenamente consciente de ello

Macbeth_1Macbeth Three Witches Watch (vimeo.com)

Porque lo primero que escuchamos de Macbeth es sobre su valor en la batalla en la narración del capitán herido, nuestra primera impresión es la de un guerrero valiente y capaz. Esta perspectiva es complicada, sin embargo, una vez que veamos a Macbeth interactuar con las tres brujas. Nos damos cuenta de que a su valor físico se le une una ambición que lo consume y una tendencia a la duda –la predicción de que será rey lo alegra, pero también le crea confusión interna. Estos tres atributos –valor, ambición y duda de sí mismo— luchan por el dominio de Macbeth durante toda la obra. Shakespeare utiliza a Macbeth para mostrar los terribles efectos que la ambición y la culpa pueden tener sobre un hombre que carece de fuerza de carácter. Podemos clasificar Macbeth como irrevocablemente cruel, pero su carácter débil lo separa de los grandes villanos –Yago en Otelo, Ricardo III en el drama homónimo, Edmundo en el Rey Lear—, todos ellos lo suficientemente fuertes como para vencer la culpa y la duda de sí mismos. Macbeth, pese al gran guerrero que es, está mal equipado para las consecuencias psíquicas del delito.

Antes de que mate a Duncan, Macbeth está plagado de preocupación y casi suspende el crimen. Se necesita el sentido acerado de Lady Macbeth para empujarlo a que lo cometa. Después del asesinato, sin embargo, la poderosa personalidad de la mujer comienza a desintegrarse, dejando a Macbeth cada vez más solo. Él oscila entre arranques de acción febril, en los que despliega una serie de asesinatos para asegurar su trono, momentos de terrible culpa (como cuando aparece el fantasma de Banquo) y pesimismo absoluto (después de la muerte de su esposa, cuando parece sucumbir a la desesperación).

Estas fluctuaciones reflejan la tensión trágica en el interior de Macbeth: es a la vez demasiado ambicioso para permitir que en su camino a la cima su conciencia le impida el asesinato y demasiado consciente para ser feliz como un asesino. Cuando las cosas se derrumban al final de la obra, él parece casi aliviado –con el ejército inglés en sus puertas, finalmente él puede volver a la vida como un guerrero, y despliega una especie de bravata imprudente cuando sus enemigos lo rodean y lo arrastran. En parte, esto se debe a su confianza fatal en las profecías de las brujas, pero también parece derivarse del hecho de que ha vuelto a la arena en la que ha tenido más éxito y donde su agitación interna no le tiene por qué afectar: el campo de batalla. A diferencia de muchos de los otros héroes trágicos de Shakespeare, Macbeth nunca parece contemplar el suicidio: “¿Por qué debería interpretar el tonto Romano”, se pregunta, “y morir/ con mi propia espada?” Él cae peleando, con lo que completa el círculo de la obra: comienza con Macbeth ganando en el campo de batalla y termina con él muriendo en combate.

 

Lady Macbeth

(c) Walker Art Gallery; Supplied by The Public Catalogue FoundationYour Paintings. Ideal Portrait of Lady Macbeth (www.bbc.co.uk)

Lady Macbeth es uno de los personajes femeninos más famosos y temibles de Shakespeare. Cuando la vemos por vez primera ya está tramando el asesinato de Duncan, y ella es más fuerte, cruel y ambiciosa que su marido. Parece plenamente consciente de ello y sabe que tendrá que presionar a Macbeth para que cometa el asesinato. En algún momento desea no haber sido mujer para llevarlo a cabo ella misma. Este tema de la relación entre el género y el poder es la clave para el personaje de Lady Macbeth: su marido admite que ella es un alma masculina que habita un cuerpo femenino, que parece vincular la masculinidad a la ambición y violencia. Shakespeare, sin embargo, parece utilizarla a ella, y a las brujas, para socavar la idea de que Macbeth debe cumplir “impertérrito” sus tareas “Nada más de los hombres”. Estas mujeres astutas utilizan métodos femeninos para alcanzar el poder –es decir, la manipulación—, para promover ambiciones supuestamente masculinas. Las mujeres, la obra lo indica, pueden ser tan ambiciosas y crueles como los hombres; sin embargo, las limitaciones sociales les niegan los medios para perseguir esas ambiciones por su propia cuenta.

Lady Macbeth manipula a su marido con destacada eficacia, anulando todas sus objeciones; cuando él duda en cometer el asesinato, ella cuestiona en repetidas ocasiones su virilidad, hasta que él siente que tiene que cometer un asesinato para probarse a sí mismo. La notable fuerza de voluntad de Lady Macbeth persiste tras el asesinato del rey –es ella la que estabiliza los nervios de su marido inmediatamente después de que el crimen ha sido perpetrado. Más adelante, sin embargo, ella comienza un lento deslizamiento hacia la locura –al igual que la ambición afecta con más fuerza a Macbeth antes del crimen, lo mismo ocurre con la culpa, que la plaga a ella con mayor fuerza. Para el final de la obra, Lady Macbeth ha reducido su presencia a caminar dormida por el castillo, desesperadamente, tratando de lavar una mancha invisible de sangre. Una vez que el sentimiento de culpa se aloja en casa, la sensibilidad de Lady Macbeth se convierte en debilidad, y ella es incapaz de hacerle frente. La mujer (aparentemente) se suicida, lo que indica su total incapacidad para hacer frente al legado de sus crímenes.

 

Las hermanas extrañas

Macbeth_3An international troupe of Tribal Fest belly-dancers would be the perfect landing crew of Project Alter Man 47! (alterman47.org)

A lo largo de la obra, las brujas –conocidas como las “hermanas extrañas” por algunos de los personajes— están al acecho como oscuros pensamientos y tentaciones inconscientes hacia el mal. En parte, el daño que causan se deriva de sus poderes sobrenaturales, pero sobre todo es resultado de su comprensión de las debilidades de interlocutores específicos –que juegan como titiriteros con la ambición de Macbeth.

Las barbas de las brujas, las pociones bizarras y el discurso rimado las hacen parecer un poco ridículas, como caricaturas de lo sobrenatural. Shakespeare las hace hablar en rima todo el tiempo (su frase más famosa es probablemente “Double, double, toil and trouble,/ Fire burn and cauldron bubble”), lo que las separa de los otros personajes, que en su mayoría hablan en verso libre. Las palabras de las brujas parecen casi cómicas, como malévolas canciones de cuna. A pesar de lo absurdo de su “ojo de tritón y de sus recetas de “dedo de pie de rana”, son indudablemente los personajes más peligrosos de la obra, siendo a la vez tremendamente poderosas y completamente inocuas.

El público tiende a preguntar si las brujas son agentes independientes jugando con las vidas humanas o son agentes del destino cuyas profecías son simplemente informes de lo inevitable. Las brujas tienen un parecido sorprendente y obviamente intencional con las Parcas, personajes femeninos tanto de la mitología griega como de la nórdica que tejen la trama de la vida humana y cortan los hilos para acabar con ella. Es dudoso que Macbeth hubiera asesinado a su rey sin el impulso dado por las predicciones de las brujas. En otros casos, sin embargo, las profecías de las “hermanas extrañas” son sólo lecturas muy precisas del futuro. La obra no ofrece respuestas fáciles. En cambio, Shakespeare mantiene a las brujas fuera de los límites de la comprensión humana. Ellas corporizan una maldad irrazonable, totalmente instintiva.

 

Tomado de: SparkNotes. Junio 23, 2013.

Traducción: José Luis Durán King.