Un “rock star” llamado Richard Ramírez

Richard Ramírez representó el lado oscuro del sueño americano: pobre, católico, migrante, hecho en la calle. Pese a todo, el carisma de El Asaltante Nocturno, desplegado en su prolongado juicio, fue similar al de un rock star que con un simple movimiento o gesto enardece a las multitudes

POR José Luis Durán King

 Richard Ramírez representó el lado oscuro del sueño americano: pobre, católico, migrante, hecho en la calle. Pese a todo, el carisma de El Asaltante Nocturno, desplegado en su prolongado juicio, fue similar al de un rock star que con un simple movimiento o gesto enardece a las multitudes

StalkerNight Stalker Richard Ramirez Dies in Prison (beforeitsnews.com)

Por 24 años, Richard Ramírez eludió la cita con el verdugo institucional de la prisión de San Quentin. Lo hizo, no por las habilidades de sus abogados defensores, sino por una moratoria en la pena capital autoimpuesta por el estado de California. Aun así, el hombre convicto por 13 homicidios, cinco intentos de homicidio, 11 asaltos sexuales y 14 robos a mano armada, no pudo librar la muerte en el interior de la que fue su “casa” por casi un cuarto de siglo.

Un día antes de morir, uno de los custodios recuerda el color cetrino de Ramírez. “Parecía un marcador verde textos”, señaló el oficial. En la madrugada del 6 de junio pasado, El Asaltante Nocturno –como la prensa denominó al criminal— estaba sentado en la orilla de su cama, quejándose de dolores intensos en el abdomen, por lo que fue conducido al Hospital General de Marin, en Greenbrae, donde horas más tarde falleció a causa de una insuficiencia hepática. Tenía 53 años.

Ricardo Ramírez, de ascendencia mexicana, nacido el 29 de febrero de 1960 en El Paso, Texas, se apoderó de las noches californianas por espacio de casi un año: 1984 – 1985. Su carrera delictiva comenzó con robo de autopartes, a transeúntes, hasta escalar al homicidio. Su modo de operar dependía de la droga y la cantidad de ella que hubiera consumido antes de cometer sus delitos. Atacó hombres, mujeres, adolescentes, menores, sin importarle la raza o la condición social. Utilizó para sus fines bates de beisbol, navajas, cuerdas y armas de fuego. El elemento constante en sus ataques era el walkman en el que escuchaba la música de su banda favorita: AC/DC.

Richard Ramírez fue detenido después de que una mujer lo reconoció en un supermercado, al que el hombre había entrado a comprar unas cervezas Intentó huir, pero finalmente fue sometido por una turba de latinos que intentaba lincharlo, pese a que el atacante corrió a ese lugar pensando que estaría a salvo entre su gente.

Su juicio fue todo un banquete para los medios, y Ramírez puso mucho de su parte para que la Corte se convirtiera en un circo de tres pistas. Su aparición con el cabello largo, sus lentes oscuros y después con un pentagrama dibujado en la palma de su mano derecha, refrendando de esa manera su fidelidad al satanismo, le garantizaron por varios meses su presencia en los diarios impresos y en los noticieros televisivos.

Cuando por fin el juicio concluyó, Ramírez preguntó a uno de los guardias a dónde se habían ido las mujeres. Esa extraña fascinación que muchos asesinos seriales despiertan en el sexo opuesto, atiborró de mujeres las bancas de la Corte. Las damas coqueteaban abiertamente con él, le enviaban notas, besos, incluso flores, y el hombre respondía con sonrisas y saludos a cada una de ellas. De hecho, ya en prisión, el asesino se casó en 1996 con la editora Doreen Lioy, de 41 años.

En 2010, la policía de San Francisco dio a conocer que el ADN de Richard Ramírez dio positivo en las muestras tomadas del cuerpo de Mei Leung, de nueve años, asesinada el 10 de abril de 1984 cerca de un hotel. Homicidio por el que el individuo ya no fue juzgado.

A diferencia del anglosajón Ted Bundy, otro sádico sexual, que pertenecía a la clase media empoderada de Estados Unidos, con estudios universitarios y una amplia trayectoria política por recorrer de no haber desviado el camino, Richard Ramírez representó el lado oscuro del sueño americano: pobre, católico, migrante, hecho en la calle, un vagabundo sucio detenido por su propio grupo étnico que se avergonzaba de él. Pese a todo, el carisma de El Asaltante Nocturno, desplegado en su prolongado juicio, fue similar al de un rock star que con un simple movimiento o gesto enardece a las multitudes.